Temed al Señor y dadle honor (Ap 14,7).
Digno es el Señor de recibir alabanza y honor (cf. Ap 4,11).
Todos los que teméis al Señor, alabadlo (cf. Sal 21,24).
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo (Lc 1,28).
Alabadlo, cielo y tierra (cf. Sal 68,35).
Alabad todos los ríos al Señor (cf. Dan 3,78).
Bendecid, hijos de Dios, al Señor (cf. Dan 3,82).
Éste es el día que hizo el Señor, exultemos y alegrémonos en él
(Sal 117,24). ¡Aleluya, aleluya, aleluya! ¡Rey de Israel! (Jn 12,13).
Todo espíritu alabe al Señor (Sal 150,6).
Alabad al Señor, porque es bueno (Sal 146,1); todos los que leéis esto, bendecid al Señor (Sal 102,21).
Todas las criaturas, bendecid al Señor (cf. Sal 102,22).
Todas las aves del cielo, alabad al Señor (cf. Dan 3,80;
Sal 148,7-10).
Todos los niños, alabad al Señor (cf. Sal 112,1).
Jóvenes y vírgenes, alabad al Señor (cf. Sal 148,12).
Digno es el cordero, que ha sido sacrificado, de recibir alabanza, gloria y honor (cf. Ap 5,12).
Bendita sea la santa Trinidad e indivisa Unidad.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate.
* Las citas de los salmos 68, 102 y 117, están tomadas del Salterio Romano.
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