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Gn 14, 18-20
Melquídesec, rey
de Jerusalén, ofrece a Abrahán
pan y vino, signo de la bendición
de Dios, y Abrahán le dio el diezmo
de todo. Literariamente esta escena es considerada
como autónoma, y ha sido incrustada
posteriormente en la dinámica de
Gén 18, 17-24, en cuanto se quiere
subrayar algún aspecto complementario,
concretamente, cómo la religiosidad
de los patriarcas, que no conoce aún
el perfil polémico, apunta a un universalismo
de la bendición de los mismos en
el ámbito del AT, al estilo de Gén
1, 28; 28, 22. Este enfoque universal será
retomado en Heb 7, 9-25. Esta tradición
intenta unir el culto en este lugar de la
presente generación con el tiempo
de los padres, desvelando la estima dispensada
a Abrahán, viendo en él al
heredero de las bendiciones divinas, pero
ahora estamos en los tiempos de la monarquía,
de ahí que el relato tenga un carácter
etiológico, y se adopta terminología
de esta época.
Perspectiva
universal: El rey de Salem, Melquísedec,
ofrece el pan y el vino a Abrahán para confirmarle
la bendición divina, al ser portador de
la misma, el ángel alimenta a Elías en el
desierto para que llegue al Horeb, el monte
de Dios (1 Re 19), Jesús sacia a la multitud,
y el Señor resucitado es reconocido por
los discípulos de Emaús al partir el pan.
Tal alimento llega puntualmente para aliviar
tantas dudas y desconciertos. Es bendición
de Dios, vernos rodeados de su interés por
nosotros, y no se reduce sólo a momentos
concretos, sino que abarca el arco de nuestra
existencia. Con Abrahán empieza esta dinámica,
que es confesada por un rey pagano, ofreciéndoles
dones.
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Sal 109
El Sal constituye un
cántico real, compuesto en tiempos
de un rey de Judá, cuando se mantenía
muy vivo el entusiasmo monárquico.
Dada la forma literaria y contenido cercano
al Sal 2, y también muy probablemente
la ocasión de la composición,
la entronización, los respectivos
oráculos fueron pronunciados por
un profeta de corte en Jerusalén.
Conviene recordar otros salmos reales:
20-21; 45; 72; 132. Predomina un tono
festivo y un elevado lenguaje litúrgico.
Los oráculos divinos se centran
sobre en la entronización del rey
como vicario de Dios en la tierra, y la
dignidad sacerdotal del soberano, al estilo
del príncipe-sacerdote cananeo,
Melquísedec, en la ciudad de Jerusalén,
conquistada por David.
El salmo es un testimonio
de la religión de corte nacional
israelita, sacando a flote cómo
la fe en Dios representaba una estrecha
relación entre el culto y la historia
en el AT.
Se suele considerar el
salmo mesiánico en su origen, y
así el Mesías engloba la
dignidad sacerdotal y el poder real (L.
Alonso Schökel, Salmos),
que gobernará con justicia a su
pueblo y lo defenderá de sus enemigos,
de ahí la gran aplicación
que de él han hecho los Santos
Padres. Israel cantaba el día en
que el gran rey, sacerdote y soberano
simultáneamente, ejerciendo como
tal, daría la vida al pueblo.
Aplicación
cristiana: El rey de Israel debía
favorecer el culto a Dios y gobernar a
su pueblo con equidad, tareas que poco
a poco se irán concentrando en la figura
del Mesías en el AT, y en el NT Cristo
será quien de plenitud a los oráculos
del salmo. Con su resurrección de entre
los muertos somete todos los poderes adversos
al hombre, en definitiva, al creyente,
y nos acerca directamente a Dios Padre.
Su sacerdocio nos introduce constantemente
en la esfera divina, coronándonos de gloria
y dignidad.
1Cor 11.
23-26
Además de los
sinópticos el apóstol nos
transmite las palabras de la última
cena sobre la institución de la
Eucaristía. Ésta suele considerarse
la tradición más antigua,
que proviene de la comunidad de Antioquia
en torno a los años cuarenta, pero
que asciende hasta la comunidad primitiva.
Redaccionalmente los sinópticos
ya presentan añadiduras y matices
teológicos propios, aunque la versión
de Mc 14, 22-25 y ésta de Pablo
son valoradas como las más antiguas.
No hay que olvidar que en NT existen otros
fragmentos referidos a la Eucaristía
: Jn 5, 51-58; etc.
Estas tradiciones varían
según hayan surgido en un ámbito
helenístico o palestino. Mc y Pablo
son las más antiguas, aunque ya
incorporan elementos tradicionales y recientes
en las palabras explicativas sobre el
pan y el cáliz. Sería necesario
un cuadro sinóptico para comprobar
las variantes y riquezas teológicas
de cada una de ellas.
Memoria
eucarística: Las palabras transmitidas
por el apóstol no llevan de lleno a la
Eucaristía , al misterio de nuestra celebración
de Cristo resucitado. Tal dimensión nos
mete de lleno en la contemplación del
Sumo Sacerdote, entregado por nosotros.
Su autoentrega constituye un punto álgido
de este misterio, en cuanto que su muerte
desvela la máxima cercanía de Dios al
hombre, cuya memoria y actualización celebramos
en la Eucaristía. La proclamación de la
encarnación el Logos, que alcanza su cúspide
en la muerte de cruz, su autoentrega como
Hijo, se hacen acontecimiento y don en
la eucaristía por razón de su presencia
como resucitado, y como tal se nos ofrece
a los creyentes. El mismo realiza esta
presencia y nos une en una sola fe, garantía
del hombre perfecto.
Lc
9, 11-17
Jesús alimenta
a la multitud. Lc coloca la multiplicación
de los panes en un contexto de desierto,
además de unificar otros criterios
de su composición evangélica.
Subraya el aspecto cristológico
del evento para indicar que Jesús,
como Dios en Ex 16 y Núm 11, nutre
a su pueblo en el desierto, y, aplicado
a la comunidad actual, viene en ayuda
de su pueblo una vez y otra también.
Un interés latente es mostrar cómo
la salvación escatológica
y personal, prometida en el AT, que se
dona ahora y por siempre en el banquete
eucarístico. Lc, piensa, pues,
en la vertiente cristológica y
eclesial de la narración. No conviene
olvidar que en los relatos del desierto
para alimentar al pueblo elegido la iniciativa
no recae sobre Moisés, sino sobre
Dios, y aquí en Jesús.
Memorial
del Señor resucitado en medio de los creyentes:
la festividad del Corpus concentra
nuestra total atención en cantar la magnificencia
de este don y de esta presencia eucarística,
que resume la acción generosa del Resucitado
en nuestro favor. Esta maravillosa modalidad
afirma su incidencia entre aquellos que
lo acogen en la fe, y serán enriquecidos
por los dones de su Espíritu. La Eucaristía
lleva a compartir nuestra vida, como Cristo
Jesús, y así surge la iglesia, es decir,
una comunidad de fe.
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