Sexto domingo del Tiempo Ordinario

Jer 17, 5-8

El profeta se explaya meditando en máximas de sabiduría, que condenan todo intento de buscar ayudas humanas. Este fragmento, de carácter sapiencial, muy similar al Sal 1, incrustado en un contexto inadecuado por algún redactor posterior, interrumpe la ilación lógica del capítulo y parece no encajar en el estilo de Jer, que se preocupa más de lo concreto que la exposición de ideas de tipo general.

Aquí la expresión “maldito el hombre que pone en el hombre su confianza” (v.5) puede ser una alusión de Jer a la obsesión de sus compatriotas en buscar alianzas de pueblos extranjeros, asirios o egipcios. Quizá lanzara su apóstrofe al rey Joaquim, que seguía una política demasiado humana.

“Carne” aquí es equivalente de debilidad. El que “aleja su corazón de Dios” es como un arbusto de la estepa, que crece raquíticamente. Al contrario, “el que confía en Dios” será como árbol exuberante junto a las corrientes de aguas, y a medida que se acerca la época estival extiende sus raíces hacia la corriente (v.8). El justo que confía en Dios en los momentos críticos se afinca en sus creencias y esperanzas religiosas, y así desafía la venida del calor, es decir, las persecuciones y angustias consecuentes.

"Los v. 5-8 constituyen una unidad literaria independiente, incluso a nivel artístico" (McKane).

Referencia a la vida: La autosuficiencia y la confianza, el camino recto y equivocado, los buenos y los malos frutos, son contrastes que siempre ha existido, y que han interpelado a la persona de todos los tiempos. Han inspirado religiosas, poéticas y sapienciales. Jer recoge las maldiciones y bendiciones: maldiciones para los que apartan de Dios su corazón y bendiciones para los que confían el Señor. Son un anticipo de las Bienaventuranzas y Malaventuras.

 

Sal 1, 1-2. 3-4. 6

Es un Sal sapiencial. Es una reflexión tranquila, un enunciado seguro sobre el destino del hombre. Destino que se cumple de oposiciones simples, porque la libertad divide a los hombres en campos poéticos, y lo ético es parte de quehacer sapiencial. También es sapiencial concretar la antítesis ética en la imagen, frecuente, de los dos caminos. La retribución por la conducta es tema favorito de los sapienciales, y los momentos críticos lo confirman.

Época: es más bien tardío, compuesto para crear un pórtico a la colección final de todos los salmos. El puesto de la ley es típico de textos tardíos, como Dt 4, Eclo. Los paralelos con Prov 1-8 parecen confirmarlo.

Estructura profunda: Los tres elementos, viento y tierra y agua, aísla los ejes semánticos de inestabilidad/estabilidad = viento/tierra; el viento es además esterilidad, la tierra con agua es fecundidad. Se oponen los malvados, estériles e inestables, a honrados, estables y fecundos: paja para el viento frente al árbol junto a acequias. Así es la ley de Dios como agua fecunda con su presencia y contacto al honrado que medita. El eje de la temporalidad se extiende entre los opuestos cíclico/lineal: cíclicos son noches y días, estaciones; lineal es el desenlace del fruto y el juicio, del ser arrebatado por el juicio y extraviarse del camino. Lo complementa el eje del movimiento: seguir-detenerse-sentarse/ser arrebatado-no mantenerse-perderse. Y el eje de pluralidad/singularidad: malvados/honrados, al principio, dos plurales al final. En conclusión, se pueden recoger dos aspectos sobresalientes de la composición del salmo: proceso y resultado en la primera parte, y decisión al final.

Una luz sobre la vida de todos los días: Dichosa la persona que se vive la fe, que no se apoya en sus talentos o cualidades humanas, talentos, influencias, astucias o estrella. Dichoso quien no confía en sus caudales, prestigio, títulos y condecoraciones, etc, etc. La vivencia de Dios infunde confianza y fe en la vida. ¡Hagamos la prueba, nos dice el Sal!

1Cor 15, 12. 16-20:

La resurrección es una de los temas fundamentales de 1 Cor, porque los destinatarios consideraban los enfoques helenistas incompatibles con el pensamiento cristiano, como sucede el matrimonio, carismas. El encuentro con la filosofía griega produjo tales contrastes. San Pablo habla siempre de la resurrección de los muertos, nunca de la resurrección del cuerpo o de la carne; y es que no entra en su perspectiva de hombre semita la dicotomía griega de “alma/cuerpo” (1 Tes 5,23), sino el hombre entero, que desaparece con la muerte, aunque siga viviendo el alma. Es a ese hombre todo entero, tal como es, alma y cuerpo, al que va dirigida la “salud” prometida en la palabra divina.

Lc 6, 17. 20-26:

Contiene cuatro bienaventuranzas y cuatro malaventuranzas, siguiendo el ritmo sapiencial. Habla a los pobres, de los que tiene hambre, los que lloran, de quienes son odiados, en sentido psicológico-sociológico. Las de Mt son más “espirituales”, y parecen más elaboradas. Las malaventuranzas, más que maldiciones, son una denuncia de la injusticia, de cuanto origina sufrimiento a los demás. No nace de un espíritu odioso, sino compasivo. No son imprecaciones vengativas, sino doloridas. Son gritos proféticos desde la óptica divina sobre la realidad cotidiana humana.

Respecto a Mt son notables las diferencias. Parece ser que Lc refleja un núcleo más originario, ha sido Mt quine ha enriquecido con añadiduras el material lucano, inspirándose en textos del AT. La cuarta bienaventuranza refleja el clima de persecución de la sinagoga contra la iglesia primitiva. Los cuatro “ayes” son considerados un producto secundario, “el fruto de la primitiva teología comunitaria, que quería destacar la severidad del fondo sobre el cual se detallaba el anuncio escatológico de alegría”.

Las bienaventuranzas forman parte del discurso inaugural de Jesús (Lc 6,20-49), que es común con Mt, salvo la resurrección del hijo de la viuda de Naín (7,1-17), de la pecadora (7,36-50) y otras secciones menores. Se trata de la pequeña inserción de Lc 6,2-8,3. Lc 6,20-49 proporciona el discurso de la llanura. “Es plausible que el discurso lucano de la llanura sea más fiel que el modelo de Mt, el cual se deja guiar de intenciones parenéticas de la comunidad” (Ernst).

Acogida de la palabra en la vida: En la Biblia se recogen bendiciones y maldiciones, bienaventuranzas y malaventuranzas. Acogiendo la palabra desde la fe en Jesucristo, tenemos clave y luz suficientes para interpretar los textos inspirados.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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