Cuarto domingo de Cuaresma

Jos 5, 9-12

La entrada en la tierra constituye el cumplimiento de los eventos del éxodo. Aquí y ahora el pueblo celebra la pascua, rememorando la liberación de la esclavitud, y quita el oprobio de Egipto. El paso de la esclavitud a la tierra prometida ha tenido un inicio y se concluye con la celebración de la pascua con un escenario de libertad. Los israelitas pueden, finalmente, comer los frutos de la tierra de Canaán, subrayando el empeño del hombre así para que colabore con Dios.

Literariamente esta pequeña sección deriva de diversas tradiciones, fundamentalmente de carácter sacerdotal (P), y ofrece ciertas dificultades a nivel de unidad temática. El v.10 gira en torno a la celebración de la pascua, y los v.11-12, versan sobre el comer los frutos de la tierra, contraponiéndolos al maná, al cual suplantan. Pero estos acontecimientos no hay que juzgarlos separados de otras alianzas anteriores, recuerden la estipulada con Abrahán en el primer domingo de cuaresma. La posesión de la tierra era una de elementos de la misma. Dios es fiel a sus promesas y va coordinando el cauce de la historia de la salvación con sus intervenciones puntuales a favor de su pueblo, y iluminando la conciencia del mismo.

Anticipación divina: La liturgia de este domingo proclama a alta voz el amor constantemente misericordioso de Dios, que suele caracterizar la aventura bíblica. Con la entrada en la tierra prometida termina el éxodo y comienza el cumplimiento de la promesas a Abrahán. Esta tesitura indica el modo de actuar Dios con el pueblo elegido, ¡y con los creyentes! Dios nos precede constantemente, y va sugiriendo modos para articular el creyente su conciencia. La incidencia divina no se ajusta fácilmente a los criterios humanos, ya que nos ayuda a intuirnos de manera diferente, cuando nos abrimos a la influencia de su presencia, y inevitablemente se logran objetivos que sin la cercanía divina no serían posibles.

Sal 33, 2-7

Constituye un himno de acción de gracias, recitado en la asamblea litúrgica por los “humildes”, “santos”, y “justos”. El autor reviste una verdad válida para todos los tiempos con dichos sapienciales, que predominan a partir del v.12, y que hoy adopta la liturgia. La alabanza comunitaria toma cuerpo con las referencias a los humildes (v.3), “temerosos” (v.8.10), “santos” (v.10), “justos” (v.16.20.22), y “siervos” de Dios (v.23).

El sentimiento que abunda en el salmo es la escucha y la liberación personal: se pasa de la experiencia personal a la comunitaria de los temerosos de Dios. En la primera parte se insiste en la vivencia personal de Dios: en la confianza el orante ha descubierto su seguridad, que es fuente de alegría y de paz. El salmo canta de manera entusiasta el sentirse amado de Dios, sobre todos aquellos que se ven humildes, y se hallan inmersos en un mundo falso; la única certeza la encuentran en la apertura a Dios.

2Cor 5, 17-21

Una perla paulina en medio de unas reflexiones de tinte eclesial. Cuanto antes las lecturas habían proclamado a nivel comunitario, ahora se personaliza, ya que Dios nos ha reconciliado en Cristo Jesús, abriéndonos a la desconcertante y maravillosa página de Lc en el ev. El Dios de la misericordia invade y embarga la conciencia del creyente.

No hay que olvidar que la reconciliación es un regalo divino, un don a cada uno de nosotros, y el apóstol hoy urge a dejarse reconciliar con Dios, es decir, dejar que nuestras actitudes y enfoques sean iluminados por la anticipación divina. Cualquier afán humano está sometido a cegueras y endurecimientos vitales, y sólo la cercanía divina puede poner esas gotas de sensatez que anidan en el hondón de cada corazón humano, y ser “criaturas nuevas”, es decir, estar en paz con Dios y armonizados con nosotros mismos. La reconciliación crea una personalidad nueva, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu santo que se nos ha dado (Rom 5,1.5). ¡Y tal maravilla es obra de Dios!, y la misma acontece en la cotidianidad.

Mirada hacia la cuaresma: El mensaje del apóstol nos mete de lleno en el corazón de este tiempo cuaresmal, donde Dios se anticipa una vez más rehabilitando esas zonas oscuras que se nos escapan a nuestro control, y minan nuestra interioridad. Saberse reconciliados con Dios no es una derrota humana, sino una apertura a la vida en sus dimensiones más genuinas, y que a veces suscitan desconciertos al aceptarlas. Asumirlas infunde nueva atmósfera vital, arrinconarlas sería entrar en una lógica de dureza humana en nuestro proceder, ya sea mental o pragmático.

Lc 15, 1-3. 11-32

Página emblemática de san Lucas, y parábola de la vida de cualquier persona, que refleja la lejanía consigo mismo nada más, y / o con Dios, y el retorno a su conciencia, y / o a Dios.

Ernst, comentarista de Lc, la ha definido como la perla entre todas las perlas, “un evangelio en el evangelio”, y ya sabemos que es exclusiva de Lc, el evangelista de la mansedumbre de Dios en Cristo, mostrada en la tesitura humana. Aquí hallamos el verdadero rostro de Dios encarnado, ante el cual puede haber muchas reacciones: desconcierto, rechazo, acogida, alegría, acción de gracias, desinterés, indiferencia, lejanía, embelesamiento, y un “largísimo” etc, a tenor de la interioridad de cada uno. Pero, no obstante y a pesar de las reacciones de la persona, la bondad de Dios se ha infiltrado en el escenario humano, que es desproporcionada para tantos, y quizás se afirme que tal Dios no conviene y está de sobra. Habida cuenta, y descontadas tantas historias particulares y personales, Dios sobrepasa la conciencia de la persona, y crea milagros continuamente con la lectura de esta escena familiar, y profundamente universal. Hoy se nos invita a apostar en la vida por la misericordia, o, de lo contrario, la frialdad o el aislamiento será el aire a respirar. Dureza de corazón, ajuste de cuentas, no salirse del guión de la insensibilidad, caracterizan muchas de las actitudes diarias de la selva humana, pero ¡dejemos que este rayo de luz venido de lo “alto” y no fabricado por corteza terrestre ilumine tantas oscuridades!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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