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Hch
5, 27-32. 40-41
Hech 5, 17-42 forma una
unidad narrativa, que ha utilizado diferentes
fuentes, centradas básicamente en
el proceso y discurso ante Gamaliel (la
más antigua), y la añadidura
lucana de la liberación. Hoy la liturgia
ofrece la comparecencia de los apóstoles
ante el Sanedrín, y las medidas adoptadas
para reducir al silencio a los mismos. En
los v. 17-26 Lc en analogía con la
liberación de Pedro de la cárcel
por medio de un ángel quiere enfatizar
que Dios puede intervenir a favor de los
suyos en tesituras de dificultad. Ahora
en esta escena (Hech 5, 27-33.40-42) Lc
muestra un abanico más amplio de
personas implicadas en la situación
y cómo la persecución va en
aumento, y hasta tal punto, que el Sanedrín
toma medidas concretas. La respuesta de
los apóstoles refleja la estructura
de los discursos que jalonan el libro y
obedecen a un esquema lucano, sobre todo
en la primera parte: es decir, subrayar
la resurrección de Jesús,
que fue colgado en un madero, pero que Dios
lo ha constituido en Salvador y exaltado
a su derecha para la conversión de
Israel. La intervención de Gamaliel
sigue las pautas de la composición
lucana, que remite en mayor o menor grado
a informaciones conocidas, y concluye con
un enfoque característico de la teología
de la historia según Lc, es decir,
la causa de Dios se afirma, aunque encuentre
resistencias humanas.
Tiempos
de resistencias: El tiempo de la
comunidad cristiana aparece constantemente
bajo el signo del rechazo o persecución,
pero la última palabra reside en la potencia
de la resurrección de Jesús de Nazaret,
que actúa en la conciencia de quienes se
abren a su influencia. El testimonio del
Cristo resucitado resurge en la memoria
que sustrae a la historia de su aparente
no sentido, de ese vivir y vivir días sin
un hilo unificador, pero que reacciona con
furor a cualquier estorbo que rompa esta
rutina. La lógica, que ha guiado la vida
del crucificado, no es perdedora, sino vencedora,
y ésta continúa en la iglesia. A los creyentes
se les pide confianza y certeza en su empeño
de fe, pues Dios los acompaña y rompe cadenas,
es decir, los corazones endurecidos, y resuena
nuevamente: “Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres”.
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Sal 29
(varios versículos)
Con esta acción
de gracias el salmista se sincera ante
Dios por haberlo librado de su angustia.
El orante a causa de una enfermedad que
lo ha llevado al borde de la muerte se
dirige a Dios, sabiendo haberse librado
de tal vivencia. Cuanto podía constituir
fuerza y estabilidad no es causa de orgullo
y seguridad, sino humildad y reconocimiento,
siendo ahora consciente que a Dios le
debe su nueva tesitura. Siente su liberación
de los lazos de la muerte como una atención
milagrosa de Dios, le ha dado nueva vida
(v.4), lleno de agradecimiento, y con
una dramática vitalidad se lo agradece.
No es sólo el modo cómo
desvela sus genuinos sentimientos y quiere
compartir con otros su vivencia, sino
también la articulación
de su poesía, dejando traslucir
cuánto agita su interioridad.
La oración comienza
con un breve himno para alabar a Dios
por la liberación de los lazos
de muerte (v.2-4), sigue la invitación
a los creyentes a unirse a su plegaria
a Dios, uniendo vida de fe personal y
comunitaria, concluyendo con una larga
y sentida descripción de su angustia
y oración (v.7-11), coronada con
una perenne gratitud a Dios (v.12-13).
Perspectiva
luminosa: Se convierte en paradigma.
Quien se sienta enredado por ámbitos de
tristeza, soledad, angustia, miedo, etc,
puede encontrar aquí un áncora de serenidad.
Los “bordes” de precipicios acompañan
continuamente nuestro caminar, tantos
llantos, sinsentidos, tinieblas, perturbaciones,
etc, y nos pueden hacer bajar a la “fosa”
del temblor existencial. En las palabras
del Sal se brinda un espacio para el alivio,
el sosiego, el desahogo ante Dios y nosotros
mismos. ¡Qué su lectura nos infunda el
júbilo!
Ap 5, 11-14
Himno a Cristo, Cordero
inmolado. Cual Cordero inmolado, resucitado
y lleno de Espíritu santo quiere
comunicar su vida a los hombres para borrar
el mal sobre la tierra. El himno es breve,
pero cargado de intensidad teológica,
adornado con siete características,
colocándolo al nivel de Dios Padre:
la potencia, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
En un ámbito litúrgico se
ensalza al Cordero inmolado; efectivamente,
el v.14 concluye el capítulo con
la confesión de fe de los cuatro
vivientes y la adoración de los
ancianos. La liturgia tiene la capacidad
de unir los seres celestes y terrestres
en una alabanza única a Dios y
al Cordero sacrificado.
Una
memoria viviente: El texto del
Ap ofrece una indicación esencial:
sólo Jesús, el crucificado,
es capaz de desvelar el sentido profundo
de la historia, porque como tal, y resucitado,
es el centro de la historia. No es necesaria
una palabra reveladora ulterior y nueva,
sino únicamente su memoria. La
actitud del amor, de la no violencia llena
de coraje y de martirio puede fortalecerla.
Jn
21, 1-19
Forma parte de una relectura
del cuarto ev., que enfatiza las figuras
de Pedro y el discípulo amado;
el primero, en cuanto pastor universal,
y el segundo, como testigo del cuarto
ev. La primera secuencia está centrada
en la pesca, constituyendo el centro un
diálogo entre Pedro y los discípulos,
comunicando que quiere ir a pescar. La
manifestación de Jesús adopta
una modalidad y proceso de agnición,
técnica literaria y teológica
utilizada en el relato de Emaús
(Lc 24,13-35), donde Jesús toma
la iniciativa, y cambia el escenario de
ineficacia de los apóstoles: “aquella
noche no cogieron nada”. La presencia
de Jesús aporta la abundancia,
y confirma a Pedro como pastor universal
de la comunidad post-pascual, que es sometido
a un triple examen de fidelidad (recuérdese
las negaciones). Y es escogido por mantenerse
en esta tesitura de amor, como la vida
por Jesús en su camino terrenal.
Su paradigma permanece irreemplazable,
y Pedro debe caminar delante.
El relato contiene un
simbolismo eclesial: la pesca está
relacionada con la misión de los
apóstoles (Lc 5,10), y en Jn se
acentúa la universalidad. Igualmente
la unidad de la comunidad se indica con
la integridad de la red, que no se rompe
a pesar de tantos peces. La eficacia de
la misión sólo es posible
gracias a la palabra de Jesús.
El
Resucitado rompe ataduras: “Jesús
se acerca, toma el pan y se lo da”, secuencia
verbal que evoca la multiplicación de
los panes (Jn 6,11.35s). Se acentúa así
la permanencia del Señor resucitado con
sus discípulos, con los creyentes que
se abren a su presencia y palabra en medio
de las redes del “abismo” de la historia
humana.
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