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Sof
3, 14-18
Forma parte del final de
Sof, que muestra el lado misericordioso
de Dios. Después de la prueba purificadora
se inaugura una era gloriosa para Jerusalén,
y ésta puede exultar de júbilo.
Dios ha revocado los “decretos contra
ti” (v.15). Por muy dura que haya
sido la prueba, Dios se ha reservado un
resto, que será el núcleo
de la nueva Jerusalén. Ha pasado
la hora del temor, y el enemigo imperialita
ha sido rechazado. Israel es comparado a
rebaño maltrecho y descarriado, que
va ser rodeado amorosamente una vez más
por Dios. La perspectiva del profeta se
dirige al retorno de la cautividad (v.20),
pues el exilio ha sido un momento de mucho
sufrimiento.
El pueblo vivía
atemorizado, pero Dios ahuyenta el miedo
y el desaliento, porque les hace ver que
El hará cambiar las circunstancias
hasta el punto de estallar de júbilo.
Nos hallamos, pues, ante
un canto de exultación por la restauración
esperada, causada por la cercanía
de Dios y su interés gratuito por
su pueblo. Es una situación que afecta
a su seguridad, como nación, lo cual
significa ausencia de temeridades a nivel
sociológico y personal.
Conexión
con la vida A veces hay circunstancias
que nos pueden “marcar” para
mucho tiempo, porque nos han provocado mucho
sufrimiento, y llegamos a pensar que el
destino de la persona es claudicar ante
las mismas. ¡Pues no, en la vida no
estamos solos, sino que Dios nos acompaña!
Dios no es una presencia lejana, sino que
se interesa por nosotros, ¡por todos!,
y él puede enjugar las lágrimas
de nuestros ojos, y animarnos. En las páginas
bíblicas hay múltiples relatos,
donde Dios ahuyenta los enemigos que hacen
sufrir: ámbitos insoportables, personas
complicadas, posibles horizontes sombríos...
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Is 12,
2-3. 5-6
Aun en los días
de dependencias políticas y en
manos de pueblos extranjeros Israel continuó
creyendo en una salvación futura;
ello no era un optimismo pueril, sino
una esperanza firme.
Literariamente constituye
un himno, que actúa como epílogo
lírico de la primera gran sección
de Is (caps. 1-12). En realidad son dos
himnos unidos, puestos en boca de su pueblo.
Como en otro tiempo Israel bajo el caudillaje
de Moisés entonó un canto
de acción de gracias después
del paso del mar Rojo, así los
nuevos repatriados prorrumpirán
en una clamorosa alabanza nuevamente en
acción de gracias, e impregnada
de alegría.
La primera parte (v.1-3)
el autor pone en boca de la comunidad
esta acción de gracias, reconociendo
la intervención divina. La segunda
(v.4-6) es una invitación a la
alabanza de Dios, a sacar “agua
de las fuentes de la salvación”,
es decir, Dios como una fuente inagotable
de bien.
Referencia a la vida: En Dios
descansa nuestra serenidad, aun en medio
de las mayores dificultades, pues creemos
que es grande en medio de la iglesia,
comunidad de creyentes. La iglesia no
es una organización simplemente
humana, sino que Dios la anima en sus
encrucijadas históricas.
Filp 4,
4-7:
Pertenece a unas recomendaciones
del apóstol, que ilustran la alegría
cristiana, esa alegría que contiene
un hermoso programa: dondequiera que haya
algo verdadero, algo noble, algo bueno
tenedlo en cuenta y hacedlo vuestro, salpicándolo
de la savia cristiana. Los cristianos
en Filipos eran una minoría. Esta
actitud nos ayudará a mantener
en perfecto equilibrio todo nuestro ser,
nuestra personalidad.
Aplicación
a la vida:
La alegría válida desprende
misericordia, no se impone por la fuerza,
sino por el amor. No es cuestión
de conquistar a los demás, sino
de conquistarse a sí mismo. Dios
nos ama, y ésta es la razón
primera y última de tu alegría.
La persona que se siente amada ya nada
teme, ya nada desea, ya está salvada.
La persona que vive en amor está
transfigurada. Y si el amor no es solamente
humano, sino divino, se siente divinizada
aquí y ahora.
Lc
3, 10-18:
Lc ilustra la predicación
de Jn el Bautista con varias escenas,
hoy nos presenta el contenido de su predicación,
en el cual se pueden distinguir un perfil
penitencial (v.7-9), otro social (v.10-14),
y, finalmente, el mesiánico (v.15-18).
Los dos últimos se leen hoy. De
los tres enfoques, el primero proviene
de la fuente Q y corresponde casi a la
letra a la redacción de Mt; el
segundo pertenece exclusivamente a Lc,
y el tercero es común a los tres
sinópticos.
La predicación
social (v.10-14) representa un desarrollo
del mensaje penitencial del Bautista,
señalado por Lc como “frutos
de conversión”. La verdadera
conversión no es cuestión
sólo de formas ascéticas,
sino una nueva relación con Dios,
que debe traducirse en amor fraterno,
justicia y compartir los bienes con los
necesitados. Este dato supone un filtro
lucano, muy en sintonía con interés
por quienes están desposeídos
de bienes materiales.
La predicación
mesiánica corresponde a Mt, pero
Lc modifica tanto la introducción
como la conclusión.
Jesús es presentado
por el Bautista como “el que puede
más que yo”, en cuanto con
la presencia del Espíritu purificará
de los pecados, acentuando el aspecto
salvífico y alegre de la acción
del Mesías, y resonando así
la instrucción bautismal de la
iglesia primitiva.
Eco en la encíclica "Dios
es Amor": “La íntima
participación personal en las necesidades
y sufrimientos del otro se convierte así
en un darme a mí mismo: para que
el don no humille al otro, no solamente
debo darle algo, sino a mí mismo;
he de ser parte del don como persona”
(p.34 y 39).
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