Vigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario

2 Re 5, 14-17

El episodio de Naamán el sirio corresponde a un nuevo milagro de Eliseo. En este caso el obstáculo a superar es una enfermedad del pie; se trata de una dermatosis. El milagro se halla concentrado propiamente en los v. 10-14, pero hay que destacar que está enmarcado por la orden de Eliseo, y por su realización en los v. 10 y 14 respectivamente. La curación supone una fe y obediencia a la palabra del profeta, y, en definitiva, a Dios.

El fragmento de hoy se detiene en el agradecimiento de Naamán, que confiesa que sólo el Dios de Israel ha podido curarle, pero ésta ha supuesto una purificación de sí mismo. El general sirio en un principio sólo admitía que sus dioses serían quienes se ocuparían de él, y no admite otra posibilidad. En él se verifica un paso de la autosuficiencia al fiarse de la palabra del profeta Eliseo, que ensalza a los humildes. Sólo con tal palabra llega la curación, y ahora reconoce esta magnanimidad divina, que no es distorsionada por la negativa del profeta a aceptar presente alguno. Dios en su revelarse aborrece canales que desvíen su transparencia. La salvación no se compra, sino que se recibe gratuitamente, y acontece con una sola palabra o un solo gesto divino. No conviene olvidar en esta tesitura al criado de Eliseo, Guejazi, símbolo de la avaricia y la mentira, aprovechándose del beneficio divino.

El general sirio reconoce su curación. Quien de entrada reaccionó airada y desabridamente a las sugerencias del profeta, ahora confiesa que la apertura a las mismas ha cambiado su vida.

Modalidad divina con nuestros desajustes: La lepra suponía en estos tiempos de Naamán rechazo, soledad, discriminación. El pensaba que para superarla sólo debía recurrir a los medios ordinarios, y entre ellos sus dioses o los ríos de su país, pero sin dejar de ser él mismo. El relato pretende sugerir que la fe puede ser un medio terapéutico para tantas perplejidades en nuestro caminar personal, que ayuda vernos de manera nueva ante Dios personalmente. Sólo se pide confiar en la palabra divina mediadora, y que siga siendo tal, pues Dios no hace acepción de personas.

 

Sal 97, 1-6

Este Salmo concluye el tríptico de salmos sobre el reinado de Dios. Es un cántico postexílico, antológico, musical, y un ejemplo de un texto histórico-escatológico en el espíritu de la mejor tradición bíblica que pone un germen de futuro dentro de la historia. El Sal mira retrospectivamente al pasado más o menos inmediato, el gran vuelco del retorno de exilio, al cual se dirige el entero arco de la historia de la salvación. El cantor recuerda la serie de acontecimientos, pero implícitamente presupone otros nuevos. Así, el Sal se proyecta hacia el futuro, hacia un “adviento”, que marcará la entrada definitiva de Dios en la historia.

Lectura cristiana: El Sal relanza la fuerza de la utopía del reino de Dios como levadura en el presente concreto y a veces tan amorfo. Esta esperanza hace de la comunidad cristiana un elemento de perenne fermento en los grupos humanos, que quieren situarse en una “ciudad estable”. Esta posibilita en los núcleos cristianos impulsos siempre renovados, capaces de fomentar y establecer el derecho y la libertad aquí abajo a la luz del futuro que ha sido anunciado y que debe venir (1 Pe 3,15). La esperanza ve la realidad humana en las manos de Dios, y en la escucha de esta promesa adquiere libertad para renovar la vida de aquí abajo y trasformar la realidad de este eón.

2Tim 2, 8-13

El texto ofrece una reflexión del apóstol sobre los sufrimientos que comporta ser testigo del Señor resucitado. En este caso para argumentar sus razones se recurre a un himno litúrgico, que era usado en las asambleas litúrgicas. Esta confesión enfatiza que la comunión con Cristo fortalece en los sufrimientos, y avala la fuerza de su mensaje, pues no puede ser encadenado ni tampoco se le puede poner fronteras. La vida nueva estrenada no se reserva para el más allá, sino que ilumina la realidad cotidiana a pesar de las oposiciones.

Lc 17, 11-19

La curación de diez leprosos inicia una nueva sección en Lc, interrumpiendo varios relatos dedicados a la enseñanza de Jesús, y el evangelista evoca aún el motivo del viaje a Jerusalén. Se suele considerar el inicio de la tercera etapa de la gran sección del viaje hacia la ciudad santa (Lc 17,11-19,27). Tales indicios confirman que Lc no dispone de su material propio de una manera rígida, sino que reelabora, compila y mezcla cuanto le proporciona la fuente Q con su tradición.

El origen de la narración puede estar en la curación de leprosos, cuyo recuerdo ha sido transmitido por la actitud de leproso agradecido. En la comunidad cristiana se subraya la respuesta del leproso extranjero al don de Dios, y el relato asume las características de ser una invitación al agradecimiento.

Por otra parte, este relato desvela coincidencias literarias con la curación de Naamán, y conviene recordar que Jesús alude a ella en su discurso inaugural. También Naamán es extranjero, el milagro se realiza a distancia, y el sanado retorna para dar gracias a Dios.

Lucas con tal milagro acentúa que la fe salva, y no importa el origen de los beneficiados. La fe que el evangelista describe y ensalza es aquella que se abre al donador, y no se limita sólo a la capacidad taumatúrgica de Jesús. La salvación no es sólo un fenómeno espiritual, sino que transforma la totalidad de la personalidad, conduciéndola hacia la plenitud. La curación del mal físico y la integración en la comunidad humana es un signo de la plena comunión.

Curaciones de cuño divino: La súplica inicial de los leprosos “Jesús, maestro, ten comisión de nosotros” pone al descubierto la heridas y derrotas que la existencia causa. Un poeta de nuestra literatura sentenció: “Señor, me cansa la vida…”, y a fe que radiografiaba bien el núcleo interior de nuestra personalidad, que nos lleva a tirar que a veces muchas cosas por la borda, a la pérdida de ilusión, etc, pero siempre se hallan esas brasas que mantienen que esa chispa de vida, que sólo el Señor enciende nuevamente, y nos lleva a integrarnos en el cauce de la vida con renovada ilusión, sacándonos de nuestra soledad taciturna y abominable ¡Seamos agradecidos a este Señor, que nos acompaña en el camino!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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