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Dt
26, 4-10
Es considerado exegéticamente
como un apéndice litúrgico
al cuerpo legislativo, que abarca Dt 12-25,
y deriva de la redacción deuteronomística.
Aquí se recuerdan las grandes acciones
salvadoras de Dios, deseando que el creyente
ofrezca una respuesta y acogida positiva.
La elección de los patriarcas, el
éxodo y la donación de la
tierra constituyen tres hitos que definen
el alma de Israel, ya que articulan la generosidad
de Dios con su pueblo. Aquí son confesados
y reconocidos como referencias vinculantes
en un ámbito litúrgico.
El credo de la fe hebrea
proclama que Dios interviene en primer lugar
concreta y gratuitamente para sacar al pueblo
de la esclavitud, y donándole la
tierra prometida, y a tal don se debe responder
con la alabanza.
Cuestión
de proyectos: En la historia de
Israel con frecuencia se encuentran dos
enfoques, el desvelado por Dios, y el articulado
por el hombre. Conjugarlos no ha sido tarea
fácil, pues el pueblo ha mostrado “su dura
cerviz” en reconocer el brazo potente y
generoso de Dios. La lectura de hoy insiste
que es menester vivir saberse precedidos
por Dios en nuestro caminar, y a nosotros
toca acoger su presencia enriquecedora.
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Sal 90,
1-2. 10-15
Junto con el Sal 46 este
salmo constituye una oración de
confianza en Dios. El Sal tiene su origen
en un ámbito litúrgico.
Se puede dividir en dos partes: los v.
1-13 versan sobre la protección
divina, a quien se refugia y pone toda
su confianza en Él. En los v.14-16
se confirma esta cercanía divina
en las tribulaciones del orante. Aquí
se puede observar cómo éste
halla en Dios su sosiego. Ofrece un paradigma
de la intimidad atormentada del creyente,
e ilustra la bendición divina ante
la marea de hostilidades que puede sufrir
quien se apoya en Dios para caminar con
lucidez, ¡o sin apoyarse!
Recordemos que en la
página evangélica el diablo
cita los v.11-12, para desglosar las tentaciones,
y la respuesta de Jesús se apoya
también en otro texto, es decir,
Dt 6,16.
El Sal. refleja la trama
de energías malignas, incontroladas,
que afligen al hombre y es incapaz de
coordinarse con sus propias fuerzas. Cerrarse
al auxilio divino puede tener consecuencias
aniquiladoras de zonas de nuestra personalidad.
¿Travesía
de la vida en solitario?: Es
la tentación constante, que posiblemente
acabe por ser sombría y taciturna, pues
las víboras de la maldad, los dragones
de la violencia, las plagas de los comentarios
dañinos, o las enfermedades, etc, asaltan
nuestro caminar. ¿Podemos vencerlas aisladamente,
y cómo? La oración sálmica confiesa que
con nuestras fuerzas desfallecemos, pero
abre un horizonte a Dios, indicándonos
que la confianza se antoja indispensable.
Jesús en las tentaciones indica el camino
a seguir: no confiar sólo en nosotros
mismos, ni en la magia ocasional de la
vida, o las mayorías sociales.
Rom 10,
8-13
Supone el texto una
culminación del pensamiento del
apóstol sobre la justificación:
Rom 1-4 fundamenta el hecho, el cap. 5
se detiene en la reconciliación
Dios, el 6 sobre la liberación
del pecado, el cap. 7 analiza la fuerza
de la ley, y ahora destaca la gran novedad
del creyente justificado que vive en la
actualidad bajo la acción del Espíritu.
Caminar según el espíritu
equivale a vivir de acorde con la razón
iluminada por el Espíritu de Dios,
enviado por Cristo. El Espíritu
no se nos comunica aisladamente, sino
en cuanto que estamos injertados en Cristo,
formando un todo con Él, y participando
de su vida.
La
apertura de la existencia: La
primera lectura insistía en reconocer
los dones de Dios y proclamarlos, ahora
Dios actúa nuevamente con otra nueva generosidad,
el don del Espíritu a cada creyente. Es
la máxima cercanía de Dios por medio del
Espíritu del Señor resucitado. Quien invoca
el nombre del Señor con confianza se salva,
es decir, vivifica y fortalece su existencia
aquí y ahora, como afirma el texto: “nadie
que cree en él queda defraudado”.
Lc
4, 1-13
La apertura de la cuaresma
está marcada por el relato de las
tentaciones de Jesús. Lc coincide
sustancialmente con Mt, y, por consiguiente,
deriva de la fuente Q, más alguna
conexión Mc. La atención
de Lc recae básicamente sobre el
enfoque cristológico, donde Cristo
consigue una victoria inicial hasta el
momento de la pasión, donde Cristo
vuelve a enfrentarse con la prueba en
la pasión, prueba que proviene
del plan trenzado por la complicidad de
Judas y los jefes judíos. Lc une
las dos tentaciones que tienen lugar en
el desierto, y enfatiza la ciudad de Jerusalén,
hacia la cual converge toda la vida de
Jesús en la otra tentación,
que es donde se realiza el proyecto salvador
de Dios.
En la primera tentación
entra en juego la filiación de
Jesús, y es invitado a servirse
de esta dignidad para otros fines, pero
Él rechaza tal propuesta de imponer
los criterios de su propio “yo”,
y se fía plenamente de Dios Padre.
En la segunda Jesús recuerda que
existe sólo una señoría,
es decir, la detentada por el Padre, y
a Él sólo hay que adorar.
La tercera coincide con el punto culminante
de la actividad de Jesús, como
Mesías. El opta por entrar plenamente
en la travesía humana: Mesías
sí, pero crucificado, es decir,
con actitud de entrega al hombre.
La prueba
continuada es nuestra tesitura como personas,
y creyentes: ¿Reducir a Dios
a una idea clara y distinta? A Dios no
se le encuentra en la pretensión de la
ciencia, que tiende a alejar el misterio.
Dios, como a toda persona, se descubre
en la confianza, y la comprensión de su
historia. Y Dios se comunica para armonizar
nuestra existencia en medio de encrucijadas
constantes, que nuestro ser contingente
encierra. ¿Sería ideal un itinerario sin
referencia ética alguna? La página evangélica
nos confirma que el hombre “no vive sólo
de pan”. La aceptación incondicional,
de quienes nos rodean en la fe que Dios
ha infundido en nuestra conciencia, ayuda
a comprendernos mejor.
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