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Sab
18, 6-9
La lectura de hoy, situada
en la sección Sab 18,5-19, recuerda
los eventos memorables del éxodo.
La noche del paso del mar Rojo significó
dejar atrás la esclavitud de Egipto,
y el comienzo de una liberación que
será confirmada con otras futuras
acciones divinas, en cumplimiento de las
promesas. Estos acontecimientos fueron ritualizados
en la liturgia, donde Israel actualizaba
esta liberación gracias a la intervención
de Dios en su favor. Dios muestra su rostro
en la historia, salvando a Israel de la
servidumbre en Egipto.
Con estos acontecimientos
Israel adquiere conciencia de ser el pueblo
elegido, y lo celebra como tal en la liturgia.
Israel se convierte en este paso del mar
Rojo en nación que pertenece a Dios,
y el autor manifiesta personalmente la alegría
y honor de ser un miembro de este pueblo.
El ve en la participación del mismo
sacrificio la unión del pueblo en
un destino común, que se expresaba
en el entonar cánticos e himnos en
honor de Yahvé. Así pues,
el evento salvífico se vive en la
liturgia, que a su vez libera en el aquí
y en el hoy de nuevas esclavitudes.
Dispuestos
a enfrentar el futuro personal y colectivo:
la revelación cristiana desvela
que el paraíso no está en mirar hacia atrás,
sino que hay que apostar por no replegarnos
sobre nosotros mismos. La memoria del pasado
es una fuente de un dinamismo real, porque
nos abre hacia el futuro, que celebramos
en la liturgia. Aquí nuestra conciencia
se clarifica en unión con nuestros hermanos
en la fe, e iremos conquistando nuevos espacios
de libertad, que, recordemos, deriva de
Dios. Será la palabra divina el guión a
seguir. En el viaje desconocido, que estamos
recorriendo, somos acompañados por Dios,
cual columna de fuego, y su presencia nos
conduce y libera.
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Sal 32,
4-5. 18-19. 20. 22
El Salmo 32 es un himno
festivo, destinado a la recitación
comunitaria con el acompañamiento
de la cítara, arpa y con gritos
de júbilo. El Sal se podría
haber adoptado para celebrar el inicio
del año. El Sal ensalza la grandeza
de Dios y está impregnado de una
visión optimista de la realidad
terrestre, trazada ya en Gén 1,
y en los Sal 8; 29; 104. Pero para el
creyente el fluir temporal de la historia,
la realidad humana y moral, están
coordinados por Dios en un diseño,
que se verifica lentamente. El Sal se
transforma así en un canto a la
providencia. Es un himno a la palabra
que crea (v. 6. 9), da estabilidad a la
vida (v. 4), guía la historia en
la justicia (v. 5), y es amor (v. 5. 18.
22).
Es un himno a la palabra
creadora que no está encerrada
en el límite de las criaturas,
sino que está sobre ellas en la
trascendencia. Es un himno a la alegría
y a la paz que ofrece esta palabra, a
quien sabe distinguir el nudo aparentemente
contradictorio de la historia (v. 1. 12.
21).
Estructura del
Salmo: 1. Invitación a
la alabanza (v. 1-5), II. Cuerpo del himno
(v. 6-19), que abarca tres estrofas: la
palabra creadora (v. 6-9), la palabra
histórica (v. 10-15), la palabra
cósmica y providencial (v. 16-19),
y III. Antífona final: invitación
a la confianza: v. 20-22.
Aplicación
cristiana: El Salmo describe
el entrecruzarse de tres polos de nuestra
existencia: Dios, el prójimo y el cosmos.
Dios es el centro hacia el cual se orienta
la persona y todo lo creado, y precisamente
por esta dependencia el creyente queda
vinculado a su hermano (v.12) y al mundo,
pero no olvidemos que Dios nos rodea con
su misericordia para caminar con esperanza.
El salmo celebra la “gracia” de ser fortificados
por Dios constantemente como pueblo de
su propiedad.
Heb 11,
1-2. 8-19
Durante cuatro domingos
la liturgia ofrece algunos fragmentos
de la carta a los Hebreos, y hoy se hace
el elogio de la fe del patriarca Abrahán
y su mujer Sara, que se fiaron plenamente
de Dios, y Dios bendijo sus existencias,
cuando parecía cernirse sobre ellas
el desánimo y la falta de futuro.
Literariamente el género
es expositivo, presentando modelos de
fe, que desembocan en una exhortación.
El autor no interpela nunca a los oyentes,
y ni hace ninguna aplicación personal.
La palabra-unión de Heb 11 es la
“fe”. En esta cuarta parte
de la carta (Heb 11,1-12,13) el autor
en Heb 11 propone el modelo de los antiguos
personajes del AT, y en Heb 12 insiste
en superar las pruebas que los creyentes
encuentran en sus días.
¿Fe
en la vida, no obstante tantos ziz-zags
o desconciertos? Entre la nube
de testigos mencionados por el autor de
la carta a Abrahán le dedica más atención
y espacio. Es él quien inicia esta epopeya
de la fe. El estaba pendiente de su futuro,
de cuanto Dios le sugería. Sería nefasto
para el creyente volverse hacia el pasado.
Aquello que cuenta es volcarse hacia delante,
y no replegarse obtusamente sobre sí mismo.
Lc
12, 32-48
Lc propone una serie
de enseñanzas de Jesús en
su camino hacia la ciudad santa, Jerusalén.
En los v. 32-34 inculca nuevamente que
la vida depende de Dios, no de las riquezas.
En este canto a la providencia de Dios
Lc depende Mt, añadiendo algunos
detalles. Aquí se insiste en tener
un corazón libre, desarraigado
de los bienes terrenos, para descubrir
nuevas dimensiones existenciales.
Yuxtapuesta a esta enseñanza
sobre el tesoro puesto en cielo, Jesús
habla sobre el fin de los tiempos, y se
ofrece una pequeña catequesis sobre
el juicio final, que en Lc no reviste
un carácter de urgencia, ya antes
tiene que retornar el Señor, y
media el tiempo de la iglesia.
Lc insiste más
bien en la vigilancia (v. 35-40). La parusía
acontecerá de manera imprevista,
según la tradición primitiva
(1 Tes 5, 2; Ap 3, 3). En la parábola
del siervo fiel e infiel Jesús
enfatiza la fidelidad. Los discípulos
son los responsables de la comunidad,
y deben preocuparse de la misma, porque
el Señor vendrá de manera
repentina.
La
vigilancia, como tesitura de vida: La
valoración de nuestra persona es necesaria,
nos lo dicen incluso las ciencias humanas
simplemente. La vigilancia no es una actitud
marginal en la vivencia de la fe, sino
que nos proyecta hacia el futuro desde
el momento actual que experimentamos.
Vigilar se antoja indispensable para que
nuestra conciencia no se duerma en los
bienes materiales y gozo de los mismos
de manera egoísta, olvidando la gravedad
de la hora de opciones austeras y llenas
de coraje. La palabra evangélica nos invita,
pues, a la disponibilidad, y prontitud
en seguir las pautas del Jesús, que camina
hacia la entrega de su vida en el madero
de la cruz, ¡no olvidemos el contexto
global de sus palabras!
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