| Poseer
riquezas, una gran preocupación del
hombre de todos los tiempos. ¡Mortal
ilusión! La posesión a veces
no hace, sino enmascarar nuestra fragilidad.
La palabra divina hoy reflexiona sobre la
avaricia y el afán de acumular riquezas.
Será la palabra divina quien ofrezca
una orientación.
Qoh
1, 2. 2, 21-23
Este libro relativiza tantas
realidades que afectan al hombre, y entre
ellas las riquezas y su vanidad. La lectura
nos ofrece dos pinceladas breves, característica
de este autor, sobre el sentido de los afanes
del hombre. Se parte de una nota introductiva,
que constituye un criterio gozne del Qohelet
para sopesar múltiples aspectos de
la vida. Qoh 1, 2 y 12, 8 enmarcan esta
obra, y la frase clave es “todo es
vanidad”, que proporciona un criterio
unificador para entender este escrito sapiencial,
pues hay que recordar que el autor no se
sale del ámbito meramente humano,
y en tal marco se intercalan sus reflexiones.
Con esta apertura la lectura
nos lleva directamente a una consideración
sobre el esfuerzo humano y sus resultados.
Con el verbo “afanarse” subraya
aquello que se consigue con esfuerzo denodado
y fatigas en la experiencia humana y cotidiana,
que la define hasta el límite de
sus posibilidades, infundiendo ilusión
a todos los planes y proyectos, que matiza
el sabio irónica y sarcásticamente
con una frase, donde se declara que será
heredero alguien que no ha dedicado ni el
más mínimo esfuerzo, es decir,
no ha dado ni golpe. También esta
posibilidad es vanidad. En el v. 23 se corrobora
esta desgracia, acentuando este sufrir y
penar, aspecto interior del sufrimiento,
aflicción y pesadumbre en este afán,
que configuran el día y la noche
del hombre. No logra ni descansar de noche.
El autor a base de contrastes en el transcurso
del libro suele ofrecer respuesta según
sus enfoques, y, concretamente, afirma en
5, 11: “Dulce es el sueño
del trabajador, como poco o mucho”.
Para Qohelet ni siquiera la noche le sirve
al hombre para descansar, y su corazón
está atormentado. Dentro, pues, de
su postura sobre la vida este sabio nos
invita a pararnos, y no dejarnos llevar
por la vorágine del éxito,
la acumulación de riquezas, pues
tales acabarán por ahogarnos.
¿La
vida es un afán sin fin, y desbocado? El
autor nos para los pies, y lanza palabras
sarcásticas sobre nuestros afanes, tantas
veces mecánicos y ciegos que actúan como
una ilusión martilladora. Se corre el peligro
constante de vivir ilusoriamente, y no dedicarnos
un tiempo para fortalecer nuestra interioridad,
y a veces la destreza, habilidad o acierto
por lograr el éxito no hace, sino ocultar
nuestro egoísmo. No todo depende en la vida
de las riquezas, el sabio mismo no lo recordará
más tarde.
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Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
Es un Sal huérfano,
sin título. Reflejaría una
liturgia de entronización de Dios
en su templo y una celebración
de la renovación de la alianza.
De este rito el salmo ocuparía
la parte central. Ha sido definido también
“el más cotidiano de los
salmos” y por esto ha sido leído
como un canto litúrgico, sumergido
en el “hoy” (v. 7), dentro
del cual el evento salvífico es
ritualizado en el “presente”
de la vivencia de la fe.
Aparece un Dios trascendente
y universal que supera los “montes”
y “abismos” (v. 3-4), “mar”
y “tierra” (v. 5), etc, teniendo
tal enfoque una correspondencia con el
Sal 81; insiste a su vez en la piedad
del corazón, evocando textos del
Trit-Is. y Mal. Tal atmósfera religiosa
favorece una datación post-exílica,
y el haber sido compuesto en el ámbito
del segundo templo.
Es un salmo de “liturgia
de entrada”, que contiene la siguiente
estructura: 1. Invitación a la
alabanza (v. 1-7), 2. Exhortación
a la observación de los mandatos
del Señor (v. 7), 3. Discurso conmemorativo
(v. 8-9), y 4. Mirada hacia el futuro
(v. 10-11). El núcleo del sal se
centra en el “contemplar”
las obras de Dios, al tiempo que se proyecta
una luz sobre el presente.
Perfil
cristiano: En nuestro caminar
somos propensos a “olvidar” a Dios, como
Israel en el desierto; a veces nos centramos
en lo inmediato y no llegamos a ver la
presencia divina en la historia, y puede
que acabemos acomodando los acontecimientos
a nuestra sensibilidad espontánea y por
“endurecernos” al lenguaje de Dios. Como
creyentes necesitamos acudir a Dios continuamente
para no olvidarnos de El y nuestro corazón
se endurezca; en palabras más llanas,
considerar la vivencia de Dios superficial,
pues alternativas existen y nos asaltan
a nuestro paso.
Col 3,1-5.9-11
Pablo en esta sección
de la carta facilita la tesitura ética
de los creyentes (Col 3, 1 - 4, 1). Después
de haberse enfrentado a los “falsos
doctores”, ahora se detiene en las
dimensiones éticas para los creyentes.
Precisamente en los 3, 1-4 anticipa motivos
sobre los cuales retornará en seguida,
es decir, en la sección, que abarca
los v. 5-17, se ocupa del tema de abandonar
el hombre viejo, y revestirse del nuevo.
Así pues, las exhortaciones tienen
una motivación cristológico,
es decir, el ser resucitado con Cristo,
que define el horizonte y la modalidad
de los cristianos.
En el v. 5 se sintetiza
se concentran los vicios a enderezar,
y conviene destacar hoy la “avaricia,
que es una idolatría”, dada
la conexión temática de
este domingo, actitud que se fustiga en
otros textos paulinos (Rm 1, 26; 1 Tes
4, 5).
Existencia
orientada: Cuando la vertiente
ética se abre a la incidencia de Cristo
resucitado se verifica una muerte interior,
que lleva a acceder a la plenitud de la
vida, y a conocernos a nosotros mismos,
conocimiento que supone el conducir una
vida digna del Señor. La renovación tiene
una finalidad ética y supone un asemejarse
a Cristo; no es un salto al vacío éticamente
hablando, y la palabra del apóstol es
clara.
Lc
12, 13-21
Jesús es llamado
a decir su palabra sobre un conflicto
de intereses. El rechazo que ofrece instaura
un universo que transciende los problemas
económicos. La riqueza material
no puede ser fuente de la verdadera felicidad.
La única riqueza es una vida como
don.
En la parábola
del rico necio el acento de las palabras
de Cristo recae sobre el error por haber
concentrado su interés en las cosas
terrenas, aislándose de otras más
importantes, como la apertura a Dios.
Su manera de ver las cosas refleja un
clásico horizonte: comer, beber,
divertirse, etc. El v.21 ofrece una motivación
parenética, pero en el v.15 se
halla el punto focal de la parábola,
invitando a no dejarse enredar por la
avaricia, pues la vida no consiste en
el acumular riquezas, ya que es una dávida
de Dios. Esta instrucción la sitúa
Lc en el “viaje” de Jesus
hacia Jerusalén, y en la disposición
del material Lc parece depender de la
fuente Q.
En
ciertas franjas de nuestra sociedad
la posesión es signo de promoción y realización
personal. La palabra de este domingo resuena
con fuerza en nuestra vida, solicitándonos
una toma de conciencia, sobre cual sea
nuestra actitud con las riquezas. Ya el
Qohelet consideraba el carácter transitorio
de las realidades humanas, y entre ellas
el acumular bienes. ¡Dejemos que esta
lucidez guíe nuestros afanes!
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