Décimo octavo domingo del Tiempo Ordinario

Poseer riquezas, una gran preocupación del hombre de todos los tiempos. ¡Mortal ilusión! La posesión a veces no hace, sino enmascarar nuestra fragilidad. La palabra divina hoy reflexiona sobre la avaricia y el afán de acumular riquezas. Será la palabra divina quien ofrezca una orientación.

Qoh 1, 2. 2, 21-23

Este libro relativiza tantas realidades que afectan al hombre, y entre ellas las riquezas y su vanidad. La lectura nos ofrece dos pinceladas breves, característica de este autor, sobre el sentido de los afanes del hombre. Se parte de una nota introductiva, que constituye un criterio gozne del Qohelet para sopesar múltiples aspectos de la vida. Qoh 1, 2 y 12, 8 enmarcan esta obra, y la frase clave es “todo es vanidad”, que proporciona un criterio unificador para entender este escrito sapiencial, pues hay que recordar que el autor no se sale del ámbito meramente humano, y en tal marco se intercalan sus reflexiones.

Con esta apertura la lectura nos lleva directamente a una consideración sobre el esfuerzo humano y sus resultados. Con el verbo “afanarse” subraya aquello que se consigue con esfuerzo denodado y fatigas en la experiencia humana y cotidiana, que la define hasta el límite de sus posibilidades, infundiendo ilusión a todos los planes y proyectos, que matiza el sabio irónica y sarcásticamente con una frase, donde se declara que será heredero alguien que no ha dedicado ni el más mínimo esfuerzo, es decir, no ha dado ni golpe. También esta posibilidad es vanidad. En el v. 23 se corrobora esta desgracia, acentuando este sufrir y penar, aspecto interior del sufrimiento, aflicción y pesadumbre en este afán, que configuran el día y la noche del hombre. No logra ni descansar de noche. El autor a base de contrastes en el transcurso del libro suele ofrecer respuesta según sus enfoques, y, concretamente, afirma en 5, 11: “Dulce es el sueño del trabajador, como poco o mucho”. Para Qohelet ni siquiera la noche le sirve al hombre para descansar, y su corazón está atormentado. Dentro, pues, de su postura sobre la vida este sabio nos invita a pararnos, y no dejarnos llevar por la vorágine del éxito, la acumulación de riquezas, pues tales acabarán por ahogarnos.

¿La vida es un afán sin fin, y desbocado? El autor nos para los pies, y lanza palabras sarcásticas sobre nuestros afanes, tantas veces mecánicos y ciegos que actúan como una ilusión martilladora. Se corre el peligro constante de vivir ilusoriamente, y no dedicarnos un tiempo para fortalecer nuestra interioridad, y a veces la destreza, habilidad o acierto por lograr el éxito no hace, sino ocultar nuestro egoísmo. No todo depende en la vida de las riquezas, el sabio mismo no lo recordará más tarde.

 

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9

Es un Sal huérfano, sin título. Reflejaría una liturgia de entronización de Dios en su templo y una celebración de la renovación de la alianza. De este rito el salmo ocuparía la parte central. Ha sido definido también “el más cotidiano de los salmos” y por esto ha sido leído como un canto litúrgico, sumergido en el “hoy” (v. 7), dentro del cual el evento salvífico es ritualizado en el “presente” de la vivencia de la fe.

Aparece un Dios trascendente y universal que supera los “montes” y “abismos” (v. 3-4), “mar” y “tierra” (v. 5), etc, teniendo tal enfoque una correspondencia con el Sal 81; insiste a su vez en la piedad del corazón, evocando textos del Trit-Is. y Mal. Tal atmósfera religiosa favorece una datación post-exílica, y el haber sido compuesto en el ámbito del segundo templo.

Es un salmo de “liturgia de entrada”, que contiene la siguiente estructura: 1. Invitación a la alabanza (v. 1-7), 2. Exhortación a la observación de los mandatos del Señor (v. 7), 3. Discurso conmemorativo (v. 8-9), y 4. Mirada hacia el futuro (v. 10-11). El núcleo del sal se centra en el “contemplar” las obras de Dios, al tiempo que se proyecta una luz sobre el presente.

Perfil cristiano: En nuestro caminar somos propensos a “olvidar” a Dios, como Israel en el desierto; a veces nos centramos en lo inmediato y no llegamos a ver la presencia divina en la historia, y puede que acabemos acomodando los acontecimientos a nuestra sensibilidad espontánea y por “endurecernos” al lenguaje de Dios. Como creyentes necesitamos acudir a Dios continuamente para no olvidarnos de El y nuestro corazón se endurezca; en palabras más llanas, considerar la vivencia de Dios superficial, pues alternativas existen y nos asaltan a nuestro paso.

Col 3,1-5.9-11

Pablo en esta sección de la carta facilita la tesitura ética de los creyentes (Col 3, 1 - 4, 1). Después de haberse enfrentado a los “falsos doctores”, ahora se detiene en las dimensiones éticas para los creyentes. Precisamente en los 3, 1-4 anticipa motivos sobre los cuales retornará en seguida, es decir, en la sección, que abarca los v. 5-17, se ocupa del tema de abandonar el hombre viejo, y revestirse del nuevo. Así pues, las exhortaciones tienen una motivación cristológico, es decir, el ser resucitado con Cristo, que define el horizonte y la modalidad de los cristianos.

En el v. 5 se sintetiza se concentran los vicios a enderezar, y conviene destacar hoy la “avaricia, que es una idolatría”, dada la conexión temática de este domingo, actitud que se fustiga en otros textos paulinos (Rm 1, 26; 1 Tes 4, 5).

Existencia orientada: Cuando la vertiente ética se abre a la incidencia de Cristo resucitado se verifica una muerte interior, que lleva a acceder a la plenitud de la vida, y a conocernos a nosotros mismos, conocimiento que supone el conducir una vida digna del Señor. La renovación tiene una finalidad ética y supone un asemejarse a Cristo; no es un salto al vacío éticamente hablando, y la palabra del apóstol es clara.

Lc 12, 13-21

Jesús es llamado a decir su palabra sobre un conflicto de intereses. El rechazo que ofrece instaura un universo que transciende los problemas económicos. La riqueza material no puede ser fuente de la verdadera felicidad. La única riqueza es una vida como don.

En la parábola del rico necio el acento de las palabras de Cristo recae sobre el error por haber concentrado su interés en las cosas terrenas, aislándose de otras más importantes, como la apertura a Dios. Su manera de ver las cosas refleja un clásico horizonte: comer, beber, divertirse, etc. El v.21 ofrece una motivación parenética, pero en el v.15 se halla el punto focal de la parábola, invitando a no dejarse enredar por la avaricia, pues la vida no consiste en el acumular riquezas, ya que es una dávida de Dios. Esta instrucción la sitúa Lc en el “viaje” de Jesus hacia Jerusalén, y en la disposición del material Lc parece depender de la fuente Q.

En ciertas franjas de nuestra sociedad la posesión es signo de promoción y realización personal. La palabra de este domingo resuena con fuerza en nuestra vida, solicitándonos una toma de conciencia, sobre cual sea nuestra actitud con las riquezas. Ya el Qohelet consideraba el carácter transitorio de las realidades humanas, y entre ellas el acumular bienes. ¡Dejemos que esta lucidez guíe nuestros afanes!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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