Décimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario

Is 66, 10-14

Este texto nos sitúa en el retorno del exilio, aproximadamente hacia el 520, fecha en que Ag. y Zac. estaban animando a los habitantes de Jerusalén a reemprender la reconstrucción del templo. El profeta Is. sabía muy bien que se puede mantener una peligrosa ilusión, si se contenta con visitar el santuario, cumplir los ritos, pero dejando al margen la fe y sus consecuencias morales. Por eso ahora quiere suscitar un nuevo ánimo, reavivar la esperanza e infundir confianza. Dios consuela nuevamente a su pueblo, como una madre consuela a sus hijos, y su gloria será completa.

Amarguras que pesan: El pueblo de Dios había vivido reveses muy fuertes, que habían herido profundamente sus alas de ilusión. Pero Dios no lo abandona, sino que cura sus heridas. Tal perfil puede iluminar nuestro caminar, que en mayor o menor grado se encuentra con obstáculos que pueden quitarnos el ánimo para seguir actuando con la misma intensidad. Si afrontamos solos los desafíos, fácilmente seremos presa del abatimiento y perdamos el empuje necesario, de ahí la certeza que la apertura a Dios nos pueda allanar tantas desganas.

 

Sal 65, 1-7. 16. 20

Salmo de acción gracias, que invita a dirigirse a Dios por medio de la alabanza y la exultación. Junto con los instrumentos musicales resulta decisiva la alegría espiritual, que se apoya en el reconocimiento de la grandeza de las maravillosas obras de Dios. El Sal se compone de tres partes: la primera es un himno de alabanza (v.1-7), la segunda una acción de gracias comunitaria (v8-12), y la tercera otra acción de gracias individual (v.13-20), pero en toda la plegaria predomina la alegría en el Dios liberador.

El creyente purificado con la ayuda de Dios adquiere un ánimo alegre y sereno. Constantemente se desencadenan nuevas posibilidades en nosotros, en cuanto que nos crean una conciencia interpelada, llevándonos a alabar al Señor, a ser felices en el aquí y ahora, no obstante, los obstáculos cotidianos, y todo ello es fruto del interés de Dios por cada uno.

Gál 6, 14-18:

Es la conclusión de la carta, donde Pablo alerta ante la tentación de vanagloriarse ante los propios éxitos, y reacciona, afirmando: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Los sufrimientos que Pablo lleva en su cuerpo deben ser también la distinción del cristiano, en cuanto aceptación de las intenciones del Cristo crucificado, acabando por ser nueva criatura.

Gal 6, 11-18 constituye la síntesis final de la carta, escrita de puño y letra por Pablo. En esta última exhortación enfatiza frente a los agitadores su ejemplo. El evangelio paulino es resumido mediante una sentencia conclusiva, es decir, ser “una nueva criatura”, que supera la oposición entre circuncisión e incircuncisión, es decir, una visión legalista de la existencia cristiana. Los destinatarios de la carta son invitados a retomar su camino de fe interrumpido debido a la incidencia negativa de los alborotadores. El don de Dios se ha realizado en Cristo, y el don de Cristo se verifica en su amor “por nosotros”. Precisamente en el evento escandaloso de la cruz la gracia de Dios Padre, desvelada en Cristo, alcanza a todos los hombres para que puedan formar parte de la “nueva creación”.

¿Existencia nueva? Sí, pero sabiendo englobar las cicatrices esperadas e inesperadas con el ánimo que nos viene del Cristo crucificado. Haber quedado prendidos del realismo de la inmersión de Cristo en la historia del hombre posibilita vivir la existencia valientemente, ya que nuestra entrega generosa desemboca en una paz plenificadora que deriva de la apuesta de Jesús por la persona. De lo contrario, sería jugar al escondite y al engaño con nosotros mismos, y no tomar en serio a los demás. El libro de la cruz e interpretado por Cristo puede dar lucidez a tantas encrucijadas humanas, que saben de desconcierto y perplejidad.

Lc 10, 1-12. 17-20

Se texto se halla inmerso en el “viaje” de Jesús a Jerusalén, en cual Jesús invita a sus discípulos a su seguimiento, sin apoyarse en medios humanos. Exige una libertad interior total de parte de aquellos que serán portadores de paz. El mensaje de Cristo hacia el hombre pasa por el hombre.

Literariamente el ev. de hoy está formado por dos bloques. Los v. 1-12 narran la misión de los 72 discípulos, y la transmite sólo Lc, sirviéndose de la fuente Q. La enseñanza de Jesús acentúa el apoyo exclusivo en Dios. Por su parte, los v. 17-20 son una tradición propia de Lc, que versa sobre la alegría y logro de la misión. El poder sobre los demonios representa para ellos la prueba más evidente. Lc en ambos casos está pensando en la misión de la iglesia primitiva.

Los 72 enviados indican la totalidad de los pueblos según el AT, y en este número se simboliza la misión al mundo entero. Desde Jerusalén (1ª lectura) llega la alegría a todas las naciones, pero se debe evitar que la acción humana ofusque la intención de la palabra divina.

Testimonio a la intemperie: La sociedad suele apoyarse en estructuras para acometer determinadas tareas educativas, económicas, culturales, etc, que dan soporte a los protagonistas, sin embargo en la transmisión de la palabra divina resulta decisivo la implicación personal, y dejarse moldear por la palabra misma. Tal simbiosis, no se olvide, acarreará tribulaciones, como al maestro camino de Jerusalén, pero el testigo sabe mucho de la certeza de apoyarse en Dios.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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