| Eclo
3,3-7.14-17
En este libro se halla
una sabia palabra sobre tantos aspectos
y realidades del abanico de la existencia,
y tal como se aprecia hoy, la honra a los
padres merece la reflexión del maestro
sapiencial. En esta literatura el tema de
la familia lo hallamos en numerosos dichos
o sentencias, concretamente Jesús
Ben Sira facilita un pensamiento para cada
miembro de la familia, y hoy se detiene
sobre la estima a los padres por parte de
sus hijos, y las relaciones entre hijos
y padres (Eclo 3,1-6; 7,27s).
El texto enfatiza el valor religioso que
entraña el cuidado de los padres;
de hecho, en el v.3 se afirma la autoridad
de los padres sobre los hijos, como un bien
querido por Dios. No estamos ante consideraciones
sociológicas posteriores, sino más
bien se parte de un valor admitido como
pacífico, es decir, que Dios tiene
una palabra definitiva que decir sobre la
vida, y específicamente sobre la
honra a los padres. Este constituye el pensamiento
de los sabios, donde la referencia a Dios
es indispensable, el cual proporciona un
enfoque iluminador de la vida familiar,
recomendando idéntica honra al padre
y la madre, como destaca también
el libro de los Proverbios, en cuanto que
ellos nos han trasmitido la vida.
Los v. 4-7 comienzan a subrayar los frutos
de dicha honra, como la expiación
de los pecados y el acumular tesoros espirituales.
Quien estima así a sus padres recogerá
los frutos, comprobables en la alegría,
y en la obediencia de sus hijos, como suele
confirmar la experiencia de cada día.
La actitud vivida en la familia tiende a
permanecer en ella. Con tales hábitos
de vida será más fácil
presentarse ante el Señor en la oración.
La segunda parte de la exhortación
destaca algunas actitudes para el tiempo
de la ancianidad de los padres, centrada
en la solicitud y cariño hacia ellos,
precisamente cuando comienza a fallar la
plenitud de las facultades físicas
y mentales. El sabio recomienda a los hijos
que no se impacienten, pues quizás
algunas de las secuelas actuales de los
padres puedan derivar de las fatigas que
tuvieron que imponerse por el cuidado de
ellos. Quien abandona a los padres es un
blasfemo y acarrea la maldición de
Dios, tal es la sentencia del sabio.
La familia
es tema actual, pero siempre ha
significado una realidad constante y definidora:
Estas palabras de Ben Sira resuenan con
fuerza en nuestras valoraciones de la familia.
Son palabras que ayudan a contrastar los
juicios que se hacen hoy de esta institución,
tan fundamental en la evolución de
cada uno de nosotros, y ¡cómo
discernir nuestros criterios! Ciertamente
aquí hallamos una palabra sabia.
|
Sal 127,1-3.
4-5
Es un breve salmo, de hecho contiene
45 palabras, un salmo lleno de paz, alegría,
y de luz, porque en el fondo existe la
certeza de la presencia de Dios. Este
salmo según el esquema optimista
de la retribución sapiencial canta
la alegría de la bendición
y de la cercanía de Dios para quien
le teme. Es la bendición experimentada,
como casi siempre según la teología
y la cultura del antiguo oriente, en la
fecundidad familiar. Es esta una de las
razones por la cual este salmo se ha convertido
en uno de los lugares clásicos
de la liturgia hebrea y cristiana.
Un salmo vivo y original, que ahonda
sus raíces en la realidad humana
del amor, la vida, el trabajo, etc, tratando
de encontrar en ellas las huellas del
amor divino y su bendición. El
protagonista del salmo se define con estas
palabras “quien teme al Señor”.
El “temor” del Señor
lejos de ser una actitud de respeto y
de miedo ante un Dios lejano, potente
e implacable, refleja más bien
una vivencia global de Dios, la conciencia
de su cercanía y su paternidad.
En breves
palabras, el salmo indica al
hombre donde puede encontrar la bendición
divina: en una vida familiar vivida a
la luz de Dios, en la intimidad del hogar.
Col 3,12-21
El apóstol facilita
una exhortación sobre la vida familiar,
pero no conviene olvidar que tal enfoque
surge de la referencia de los creyentes
con Cristo, de los “elegidos y predilectos”.
Es la vivencia del amor de Dios la que
lleva a estimular al cristiano: reconociendo
la misericordia compasiva de Dios hacia
él, su bondad, su paciencia se
verá impulsado a comportarse de
la misma manera hacia otros creyentes.
El autor no habla sólo desde un
enfoque externo, sino desde la dinámica
de un itinerario de fe en búsqueda
de la identidad del creyente. De esta
manera el evangelio recibido y vivido
se convierte así en la única
motivación del hacer cristiano.
El v.14 proporciona la dimensión
de este horizonte: el amor, que es el
ceñidor de la unidad consumada.
Nos hallamos ante el mensaje nuclear de
cristianismo. Desde aquí se debe
contemplar la ética familiar, que
no olvidemos hunde sus raíces en
referencia a Cristo. Pero el ágape
cristiano y familiar en este caso queda
bien ilustrado en los v.12-13, alargando
su comprensión antropológica.
Un horizonte maravilloso, que bien sopesado,
infunde a la vida familiar un aire siempre
desbordante.
Lc
2,22-40
La presentación
de Jesús en el templo culmina un
proceso y tiempo de esperanza largamente
ansiado desde el AT. El particularismo
del alma veterotesmentaria queda superado,
porque Jesús rompe el velo del
templo y lo ilumina con su palabra y presencia.
El narrador enfatiza la presentación
de Jesús, y alude secundariamente
a la purificación de la madre y
al rescate del primogénito.
Al díptico de los dos nacimientos
siguen la narración de las dos
venidas de Jesús al templo, para
la presentación y la peregrinación
pascual a los doce años. Lc se
inspira en el relato de la presentación
de Samuel en el templo (1 Sam 2,18-21),
cuando es llevado al templo de Siló
para consagrarlo al Señor por toda
la vida. Igualmente Lc pudo haber aludido
a la profecía de Mal 3,1s y Dn
9,21-24. Malaquías había
predicho la venida de Dios al templo para
purificarlo y Dn en la profecía
de las siete semanas se había referido
a la unción del “Santo de
los santos”. La venida de Jesús
al templo, en la cual se desvela su referencia
especial con el Padre, orienta al lector
hacía la narración de la
pasión, es decir, la conclusión
de su vida. La consagración a la
voluntad del Padre anticipa su inmolación
en la cruz.
La conclusión
de la perícopa favorece
una lectura global, pues Lc subraya el
crecimiento de Jesús en cuanto
fortalecimiento interior que conduce a
la sabiduría de Dios Padre, que
es un don, y que ha sido versada abundantemente
sobre Jesús ya desde su adolescencia,
porque la gracia del Señor posaba
sobre Él desde los comienzos, y
en María y José sólo
cabe la admiración por cuanto sucedía
y se decía del Niño. Como
Ana reconoció en su hijo Samuel
un don de Dios, ahora los padres de Jesús
viven una semejante tesitura. ¡Magnífica
lección para tantos padres al valorar
a sus hijos desde una perspectiva de fe,
donde la vivencia religiosa es una clave
indispensable paras entender la existencia!
|