Sexto domingo del Tiempo Ordinario

Lev 13, 1-2. 44-46

Pertenece la lectura al Código de Santidad (Lev 11-15), y se añadió en la última redacción este libro.

En el AT el sacerdote calificaba la lepra como una impureza religiosa, y el leproso queda confinado fuera de la comunidad, sin que nadie se preocupe más de él.

En Israel se advierte una preocupación por salvaguardar la pureza ritual, no sólo como condición para participar en la vida cultual, sino incluso para compartir la vida ordinaria de la comunidad. Esta es una enfermedad de la piel; es innegable el carácter higiénico de estas prescripciones: muchas afecciones son contagiosas, y la asamblea litúrgica podía ser lugar de contagio. Por otra parte, las prescripciones descritas deforman la presencia externa del hombre, lo hacen incapaz de presentarse ante el Señor. La enfermedad de la lepra es examinada en Lev 13-14 y Núm 5,2s; 12,15.

Más que otras enfermedades, la lepra representa un mal, del cual hay que purificarse. Estas enfermedades eran consideradas signo de “pecado”, y el leproso era visto como símbolo del “pecador”, porque se intentaba sacralizar todo.

Sal 31, 1-2. 5. 11

Es un Salmo penitencial. Es una oración retrospectiva: se pronuncia cuando ha terminado el proceso más importante: el castigo, la confesión del pecado, y el perdón de Dios. Ahora el orante medita sobre su experiencia para comunicársela otros, pues el pecado envilece tanto en la esfera anímica como corpórea, perdemos los perfiles de libertad personal. Como en otros muchos Salmos la experiencia personal se levanta a consideraciones generales, casi en forma de máximas: experiencia personal: 3-5; 7-8 / generalización: 1-2.6.9-10.

Orden del Salmo: sufrimiento recibido como el castigo (v.4), reacción sin resultado: silencio o rugido (v.3), confesión del pecado (v.5a), perdón alcanzado (v.5b), amonestación de Dios para el futuro (v.8-9), generalización (1-2), reflexión e invitación a la asamblea (v.10-11).

Grupos del Salmo: los honrados (sadiquim), los impíos, y “el que confía en el Señor”. Este no pertenece de lleno al grupo de los malvados ni a los honrados; ha dado un paso y debe recorrer un camino (v.8). Las posiciones no son estáticas.

El Sal. 32 ofrece una impresión fuerte y personal de la felicidad que se vive cuando se reconoce y confiesa el propio pecado u error. El modelo tradicional se esconde detrás del aspecto personal y didáctico.

El perdón se concede no por buena conducta, por méritos adquiridos, sino simplemente por la generosidad de Dios. El perdón hay que vivirlo y sentirlo para que traiga la dicha, y surja la fiesta.

Transposición: Dios cura y perdona al hombre independientemente de las obras, y no actúa según la lógica de los comportamientos humanos a la hora de perdonar. “Si afirmamos no tener pecado, nosotros mismos nos extraviamos y no llevamos dentro la verdad” (1 Jn 1,8). La persona habitualmente es incoherente y ciega, éticamente hablando.

1 Cor 10, 31 - 11, 5

La exhortación de Pablo pretende orientar toda la existencia, incluso las acciones que parecen más triviales. En un ambiente de minorías puede ser un testimonio de la fe. La caridad procura agradar a todos, evitando el egoísmo, y tiene como finalidad última crear una vida que se ajuste al sentir de Dios sobre la persona. Las pautas son las de Cristo.

Mc 1, 40-45

Este milagro con el anterior sumario (v.35-45) forma un intermedio, que sirve de transición a la sección siguiente sobre las controversias. Lo indican el cambio de tiempo y de lugar (v.35.39). La curación del leproso y los exorcismos (v.39) son signos del tiempo mesiánico. Tal milagro representa el punto culminante de la primera parte de la actividad pública de Jesús.

. v. 40: La lepra era considerada como un castigo de Dios y comparada con la muerte (2 Re 5,7). Quien tenía la lepra, cuando se acercaba alguien debía gritar: “Impuro”. Pero ante Jesús se acerca suplicante, y se postra ante El: quiere decir que ha reconocido la fuerza divina, porque sólo Dios curar de la lepra.

. v. 41: La lepra significaba la lejanía de la humanidad de Dios. Jesús siente compasión y lo toca con la mano, gestos que poseen un significado simbólico: el contacto con la humanidad de Jesús, visible en su palabra potente, anticipa los sacramentos para la purificación de los pecados y la efusión del Espíritu vivificador.

. v. 43-44: La orden de presentarse ante el sacerdote estaba prescrito en la Ley (Lev 14). Jesús no descuida este mandato, como le echarán en cara más tarde los escribas y fariseos, anticipando así las controversias futuras.

. v. 45: Se afronta el secreto mesiánico, de no divulgar la potencia extraordinaria de Dios, que se manifiesta en la acción de Cristo. En todo emerge la centralidad de la persona de Cristo, mientras que desaparece la del leproso. El interés de Mc estriba en subrayar que Jesús es el profeta de los últimos tiempos, que actúa con poder. Aparece claramente la tensión entre el secreto mesiánico, y la manifestación progresiva y el incontenible del poder trascendente de Cristo.

Transposición: El poner la mano sobre el leproso es una declaración de intenciones, donde se puede entrever las superaciones e barreras excluyentes. Nadie es perfecto, sino que caminamos con ambigüedades que nos hacen repugnantes para los demás, y esto sucede cuando empezamos a conocernos mejor. Cuando Jesús “siente compasión” hacia nosotros, quiere decir que responde desde el corazón de Dios, que nos mira siempre con perdón, misericordia y nos incorpora en la fiesta de la vida: gozar con la presencia de quienes nos rodean.

Actitud concreta: Jesús ve al leproso, lo escucha, no lo juzga, y le cura. ¿Tenemos nosotros estas actitudes ante personas que nos resultan pesadas, desconcertantes o son marginadas por la sociedad, o en la vida diaria creamos ambiente alegre o ahuyentamos a quienes encontramos?

HOJAS LITÚRGICAS de

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