Quinto domingo de Pascua

Hch 9, 26-31

Según Gal 1,18-24 sabemos que el comportamiento de Pablo es diferente del narrado hoy en Hech 9,26-30. Sólo dos años después Pablo volvió a Jerusalén, pero a escondidas, y únicamente para ver a Pedro. Lucas parece disponer noticias sobre los desplazamientos de Pablo (Damasco-Jerusalén-Tarso, Gal 1,17-21), pero no conoce los motivos de tales desplazamientos, ni duración, ni los asuntos tratados por Pablo, y crea escenas en las que refleja su idea y la finalidad teológica.

Lucas alude al temor de la comunidad de Jerusalén ante el ex – perseguidor y al papel de Bernabé para ganarle la confianza de los apóstoles. Lucas no baraja la idea de que Pablo estuvo dos años en Arabia-Damasco. A esta distancia el motivo del miedo parece no tener sentido. Quizás no teniendo noticias, desarrolla su propia versión de los hechos. A Lucas le interesa incorporar a Pablo a la iglesia de Jerusalén y al círculo de los apóstoles.

Lucas subraya el motivo de “haber visto al Señor” para legitimar la predicación de Pablo. Junto con los apóstoles habla libremente y con entusiasmo en Jerusalén. Predica en las sinagogas de los helenistas, en el ámbito de Esteban y ahora suyo. Va a recorrer el camino del primer mártir, y a él también intentarán matarlo. Encontramos nuevamente el motivo de la predicación y de la persecución, que jalona la difusión de la palabra.

El v. 31 contiene un sumario. Antes de proseguir Lucas hace una pausa y una valoración global de la iglesia, concluyendo así la sección: 8,1-9,30. La primera parte del programa de Hech 1,8 se ha realizado. En la sección siguiente, hasta 12,24, dominada por la figura de Pedro, continua la misión entre los paganos.

La paz aludida por Lucas, no indica una ausencia de persecución, sino la plenitud de vida inaugurada por el evangelio de Jesús. En el origen del crecimiento numérico está la fuerza del Espíritu consolador, empuje y vida de la iglesia.

Apertura: La presencia del Espíritu es básica en la vida de la iglesia, puede suscitar nuevas presencias y servirse de personas, con las cuales a veces no se cuenta. Tal circunstancia se da en Pablo. Fue un “fichaje” de primera, y tal presencia inquietaba a los “viejos cristianos”. Lo importante es sembrar la palabra y otros serán los beneficiarios. Dios puede servirse de nosotros u otros para que resuene el mensaje del Señor resucitado ¡Animo! Contagiemos a la gente con el estilo de la vida de Cristo.

 

Sal 21, 26-32 (no de manera seguida)

El salmo encaja perfectamente en los cánones de la súplica individual, con sus componentes básicas, petición de auxilio en la tribulación, promesa de alabanza y acción de gracias por la liberación. Hoy se centra en el segundo aspecto. La acción de gracias tiene una extensión inusitada: 2/5 del salmo. La liberación tiene una resonancia amplia y duradera. Siendo una súplica extraordinaria del justo perseguido, ha influido más que ningún otro texto en los relatos de la pasión.

Hoy predomina la segunda parte: v.23-32. Abundan verbos de alabanza: glorificar, saciarse, volver, postrarse, anunciar, alabar, doblegarse,... El canto de alabanza se hace universal.

El salmo concluye con un crescendo entusiasta, que se contrapone al dramático. Se culmina en el aire pascual un salmo que había comenzado por expresar la pasión de Cristo y de cualquier justo inocente.

Lectura: El Señor será nuestro consuelo, secará nuestras lágrimas (Ap 21,4), nos lavará los pies (Jn 13,4) y se sentará a nuestra mesa (Lc 12,37).

1Jn 3, 18-24

Contiene exhortaciones del autor: según los v.19-20 el fruto del amor fraterno es un corazón tranquilo delante de Dios. Dios es más grande que nuestra conciencia, y, aunque su incidencia pueda desvanecerse a causa de nuestra debilidad, nos concede la armonía necesaria. Los v. 21-24 se concentran en el final del discurso exhortatorio, que abarca desde 2,18 hasta 3,20. El mandamiento divino, el amor fraterno, está relacionado siempre con la fe en el Señor resucitado, y esa realidad fluye necesariamente. La posesión del Espíritu es una señal de reconocimiento de nuestra unión con Dios. El Espíritu abarca la enseñanza de Cristo, el fervor de la caridad, la paz y el gozo, frutos salvíficos que el Espíritu comunica y da la certeza de la unión con Dios.

Conexión con la vida: En el curso de los días y momentos nos encontramos con situaciones que no cuadran con nuestros enfoques, y quizás nos desconcierten. Reacciones: evasión, olvido, respuesta similar,… El texto de hoy afirma que para el cristiano la óptica para ver la vida “complicada a veces, o tantas” coincide con una actitud de generosidad y de amor sin miras. Este debe ser el criterio último y distintivo de la filiación divina. Al sabernos unidos a Dios, a la vida del resucitado, podemos afrontar las cosas con más serenidad. Cristo inauguró este modo de actuar.

Jn 15, 1-8

Forma parte de los discursos del adiós. Este texto comprende dos partes: v.1-7, centrada en el creyente, y v.18-16,4, en la comunidad. Hoy se insiste en la inhabitación del Hijo y de los discípulos, condición para que se produzcan frutos abundantes. Con la metáfora de la vid se “insiste en el permanecer en” y sobre la mandamiento en el amor recíproco. La fórmula “Yo soy” es típica de Jn, e indica una perspectiva de revelación. Para entender la revelación de Cristo es importante el “permanecer” en referencia a Cristo, importante y necesaria fidelidad siempre renovada. La persona se va comprendiendo poco a poco, y en ese itinerario la presencia del Cristo resucita ayuda a iluminarnos.

Apertura: Dios no es un rival de la persona, un invasor o un anulador de la personalidad. Dios en su palabra se manifiesta como quien nos enriquece a nivel de vivencias diarias. Dios no es un creador de conflictos en la conciencia de la persona, sino una presencia cercana que nos clarifica o cura en nuestras dificultades ¡que haberlas, hay las”. La modalidad: El Señor resucitado, que nos dona su espíritu, es decir, su amor, ayudándonos a vernos amados y estimados por Dios.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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