Quinto domingo del Tiempo Ordinario

La vida pierde se torna confusa cuando se quiere buscar, como Job en su prueba, la utilidad inmediata. Recobra, en cambio, su significado, como en el caso de Pablo, cuando no se busca su propio gusto y retribución. Jesús no pretendía el agradecimiento, ni la alabanza (huye de la gente, manda callar a los demonios), sigue predicando sin fatiga, ayudando y curando de males a cuantos se van acercando a El.

Job 7, 1-4. 6-7

Job nos habla desde su cátedra de dolor y desde la experiencia. Con metáforas familiares muy expresivas subraya el autor aspectos dolorosos de la vida.

Con las comparaciones del servicio civil del jornalero, el soldado, y el esclavo, que suspira por la sombra, se ilustra la vida de la persona.

S. Gregorio en su Moralia sobre Job enfatiza la lucha del hombre ante las pruebas de la vida y sus limitaciones, y fr. Luis de León comenta “ansí han de entender el que nace alquilado para el trabajo y el peligro… porque en todas las horas de la vida hay trabajo…: en la niñez ignorancia y flaqueza; en la mocedad, pasiones y ardores; en la edad de varón, pretensiones y competencias; en la vejez, la enfermedad”. Continúa escribiendo los estados de ánimo por las tensiones de ánimo y los enemigos invisibles.

Job se queja de su recompensa: “son meses baldíos”. Como si fuera el hombre heredando uno a uno plazos del mes, para encontrar al final que han transcurrido en balde. Una existencia sin sentido, el absurdo de ser persona. “Muere el hombre y hereda gusanos” (v.5). Se compara la vida como el ir y venir alterno e inquieto de la lanzadera, añadiendo cada vez una línea a la tela de la vida, sin esperanza de terminar el dibujo, porque le cortarán la trama.

La vida es soplo o viento, imagen muy apreciada en el Eclesiastés, desde la cual se dirige a Dios. En definitiva, al hombre se le escapa la vida y no la entiende plenamente, su conocimiento es muy limitado.

Sal 147

Este Sal está a caballo entre el himno y la acción de gracias, donde se exalta la música. Describe una situación difícil, el retorno del exilio. Se alaba al Dios que domina la creación y la historia; tenemos una visión cercana al Dt-Is. Jer 33 puede ilustrar esta Salmo. Se aquí anuncia la reconstrucción, repoblación y curación de una ciudad: “le traeré restablecimiento y curación, y les revelaré un rebose de paz y fidelidad”. En el Salmo la ciudad está trancada con cerrojos, los ciudadanos están “dentro de ella”.

El Dios del Sal 147 abarca el espacio y el tiempo, es un Dios tan presente que se ocupa y preocupa del hombre aquí y ahora: “El sana los corazones destrozados”. El acento se pone en la herida del corazón, en referencia específica a los miembros más sensibles de la comunidad hebrea, que habían vivido con intensidad dramática el silencio de Dios en el destierro, y trataban de comprender la raíz del abandono de Dios en el destierro.

Dios es el médico del sufrimiento físico e interior de su pueblo, de cada uno de sus miembros. Curar es casi tarea exclusiva de Dios: Is 61,1 “venda los corazones destrozados”, y el Sal 69,21 afirma “la afrenta me destroza el corazón”.

Dios creador rodea a sus fieles de ternura y atenciones. Los repatriados son objeto del amor inconmensurable de Dios, que abaja a los soberbios y levanta del polvo a los desvalidos. El “hesed” (la ternura) de Dios es indestructible y constante. Dios nos cura cuando confiamos plenamente en El; las soluciones y la eficacia de los medios humanos es ineficaz.

Transposición: La palabra enviada por Dios a la tierra corre veloz y representa a Cristo en su encarnación, y se prolonga con el resonar de la misma en la liturgia, en la oración, en nuestra reflexión personal, y aquí somos curados de nuestros “desbarajustes variados”.

1 Cor 9, 16-19. 22-23

El ministerio de la predicación apostólica es más bien un deber impuesto por divina elección, que un honor. De ahí que se considere un derecho sin recompensa alguna por su trabajo apostólico. Su dedicación al evangelio no le concede privilegios. Su única recompensa estriba en anunciar la palabra de Dios, y que su fuerza resuene en la historia humana.

Pablo se ha propuesto ser anunciador de la “palabra divina” para dejar bien claro que su dedicación no obedece a intereses o a una búsqueda de ventajas humanas.

Considera su vida como una hermosa vocación, un deber moral, que pesa sobre su conciencia, y exclama: “Ay de mí si no predico”.

Aquí la palabra “evangelio” significa el anuncio del “entero mensaje de Cristo”, y de Cristo ha aprendido las actitudes de fondo: entrega generosa de la vida.

Mc 1, 29-39

Este texto se compone de las siguientes unidades: curación de la suegra de Pedro (v.29-31), sumario de exorcismos en Cafarnaún (v.32-34), comienzo de la predicación de Galilea (v.35-39).

La fiebre era considera antiguamente como una presencia demoníaca, por eso el paso de Jesús la cura, lo cual es una manifestación de su capacidad de cambiar la realidad personal de quien confía en El. Una vez curada se pone al servicio de todos, no sólo del exorcista. La “nueva enseñanza” de Jesús se adentra en todas las esferas de la vida de la persona, y devuelve la armonía; es una victoria sobre las situaciones que encadenan el cuerpo y el espíritu. La eficacia de su palabra se opone a la ineficacia de la ley, y en la casa de Pedro, es decir, en la iglesia, el creyente es reanimado por Cristo, el resucitado.

El sumario (v. 32-34) indica que la presencia de Cristo consiste en un proceso liberador, hasta conseguir la armonía total y profunda de la persona. La presencia de Cristo conlleva una irrupción del amor sobreabundante de Dios, un rayo de luz que traspasa la niebla de la existencia y anima a la acción a favor de los demás. La palabra de Dios desborda la palabra del hombre, se descubre la riqueza del amor ilimitado y sorprendente de Dios y el hombre, gratuitamente, tenderá a una mayor disponibilidad hacia los demás.

La noticia del comienzo de la predicación en Galilea denota este proceso clarificador del hombre que alcanzará su culminación en Jerusalén: máximo exorcismo de las tinieblas del hombre.

Transposición: El creyente diariamente convive con la debilidad que surge en sí mismo (dificultades de la vida, preocupaciones en familia, enfermedades, fracasos…..). El sentirse compañeros de viaje del Cristo, que camina con nosotros, nos “levanta” y nos posibilita ilusión y disponibilidad hacia cuantos encontramos en el arco de nuestra vida diaria, y ésta no la vemos como una marcha hacia el vacío o sin sentido (recordemos a Job, prototipo de muchos enfoques en este sentido).

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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