| Jer
31, 31-34:
Este fragmento es una
perla en el ámbito de la literatura
profética por el espiritualismo que
rezuman sus palabras. La alianza antigua
será sustituida por otra alianza
nueva que anidará en los corazones.
El ritualismo había suplantado al
contenido ético-religioso del pacto
del Sinaí, y era preciso comenzar
una nueva etapa, que describe la actitud
de Dios frente a la dureza del pueblo.
La “nueva alianza” se sitúa
en una perspectiva mesiánica, y durará
siempre porque imprimirá y facilitará
en los corazones un conocimiento de Dios.
Es una hipérbole para recalcar el
sentido de interioridad de la nueva presencia
divina. La antigua ley mosaica había
sido escrita en tablas de piedra, la nueva
en los corazones. Esta nueva era se abre
con una reconciliación y perdón
que Dios otorga exclusivamente, y que culminará
en el NT.
Jer 31 forma un díptico con el
cap. 30. Su contenido versa sobre la restauración
de Israel, es decir, la nueva alianza. Es
llamado también el libro de la consolación,
y tardó tiempo hasta ser insertado
en el engranaje del libro. Los caps. 30-31
ofrecen un mensaje optimista y esperanzador
para el pueblo de Dios en una época
turbulenta, en la cual, no obstante, se
atisba un horizonte diferente. Nos hallamos
ante una primera fase del exilio. El autor
se dirige tanto a los habitantes del reino
del Norte como al estado de Judá,
es decir, a todo Israel.
Apertura:
Dios abre nuevos espacios, cuando
la persona no cree en posibilidades, tanto
humanas como espirituales. Pero es Dios
quien toma la iniciativa, puesto que nuestros
horizontes suelen ser más cortos
y mediatos. Es Dios quien tiende la mano
para encauzar situaciones a veces desconcertantes.
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Sal 50:
Es el salmo penitencial por antonomasia.
Está muy unido al 51, como dos
actos de una liturgia penitencial. El
Sal 50 describe el patrón jurídico
que configura el acto, el 51 describe
el desarrollo del proceso. La litúrgica
penitencial consiste en una acción
que realiza lo que representa. El misterio
del hombre o un pueblo, a quien Dios reconcilia
consigo, se descubre también en
un proceso judicial. No olvidemos que
tratamos de un misterio, y la actitud
para vivirlo es la fe, e igualmente el
análisis está al servicio
de la fe para comprender nuestros desvaríos.
El Sal 50 es la expresión de
la conciencia bíblica, cristiana
y universal del pecado y del perdón.
Aunque suele atribuirse a David, parece
más probable situarlo en el s.
VI, porque aquí convergen elementos
característicos de los profetas,
sobre todo al final, cuando se vivía
una época de restauración,
es decir, en el postexilio. Revela un
dinamismo interior rico y de oración,
como en Dan 3; 9; Neh 9; Es 9, reflejando
una actitud muy similar.
Estructura: Confesión
del pecado (v.5-7), súplica de
perdón (v.8-11), súplica
de “renovación” (v.12-14),
voto y acción de gracias (v.15-19).
- perdón del pecado (v.3)
- lávame de mi pecado (v.4)
- purifícame del pecado (v4)
- reconozco mi pecado (5)
- pecado (v.5)
- trasgresión (v.5)
- pecado (v.6)
- mal (v.6)
- Dios justo y juez (v.6)
- iniquidad (v.7)
- pecado (7)
- verdad (v.8)
- sabiduría (v.8)
- reconocer (v.8)
- seré limpio de pecado (v.9)
- lávame (v.9)
- perdonar (v.11)
Apertura:
Aunque
nuestro caminar fuese oscuro como la noche,
la misericordia divina es más fuerte
que nuestra miseria. Sólo es necesaria
una cosa: tener nuestro corazón
abierto. El resto lo hace Dios. Toda vivencia
inicia con el perdón y concluye
con el perdón. La fragilidad ética
y moral puede ayudarnos a comprendernos.
La vivencia de la culpa nos dignifica,
pues reconocemos que Dios nos fortalece,
y el salmo de hoy nos ofrece este itinerario
para descubrir a Dios en nuestro ánimo.
Heb 5,
7-9 :
La finalidad de esta
sección es probar que Jesucristo
es nuestro sumo sacerdote. Y aquí
se describen las cualidades del sumo sacerdote:
Cristo. Pertenece a la humanidad, representa
a ésta que mira a Dios, y tiene
la capacidad de compadecerse de las fragilidades
de quienes representa (v.1-4). En los
v.5-10 se sintetiza la vida de Cristo,
con especial énfasis se evocan
los sufrimientos de Cristo en su vida
mortal, y se destaca su inocencia. El
texto piensa en la oración del
huerto en Getsemaní. Está
en juego revelación del rostro
de Dios (su persona) frente a la realidad
humana, y Cristo, no obstante el horror
a la muerte, se adhiere al enfoque divino,
pero Dios “lo escucha”, al
tiempo que nos desvela muchas posibilidades
en nosotros.
Conexión:
Cristo
no era un superhombre, sobrevolando las
debilidades humanas. Cristo es uno como
nosotros, que comparte no sólo
las lágrimas y los gritos de desesperación,
sino que nos ayuda a superarnos y creer
que el sufrimiento no sea la última
palabra, que puede llevarnos al pozo de
la amargura o desesperación. Momentos
límites podemos tenerlos y ¡muchos!
Generalmente nadie tiene “atados
todos los cabos de su arco de vida”
Jn 12,
20-33:
Es un discurso que se
compone de materiales diversos: palabras
de perfil sinóptico y material
de Juan, una reflexión de Jesús
ante la gente, concluyendo con el comentario
del evangelista. Puede dar la impresión
de ser una colección de frases,
pero tiene una armonía interna:
v. 23: Ahora es glorificado
v. 24: caer en tierra
v.
32: elevado sobre la tierra
v.25: odiar la vida en este mundo
v. 31: juicio del príncipe de
este
mundo
v.26: mi Padre le honrará
v.28:
El Padre lo honrará
v.27: Pero ahora Padre…
Es la hora de Jesús en Getsemaní,
pero según la óptica de
Juan.
Aplicación:
Vale
para nosotros para cuando nos lleguen
las horas difíciles. Puede que
pasemos mucho tiempo en la noche y no
veamos ni sintamos ni oigamos nada. Las
lámparas se nos apagan, las tinieblas
penetran en nuestro espíritu y
los vientos se vuelven contrarios. Cristo
es medicina y luz en estas circunstancias
para tanta gente anónima.
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