Cuarto domingo de Pascua

Hch 4, 8-12

Desde el punto de vista narrativo no hay ruptura con cuanto precede. Hech 4,1-22 retoma motivos ya sea de la curación (3,1-10), o del discurso de Pedro (3,11-26). El conflicto con la autoridad judía aparece como consecuencia inevitable, sea por la actividad taumatúrgica como por la predicación misionera. Se trata de una especie de historia idealizada de los orígenes, de un “paraíso terrestre” de la comunidad, en la cual se refleja la intención de Dios, su proyecto, como si no hubiese existido la oposición de la malicia de los hombres.

El autor ahora introduce un motivo básico de la sección y del libro: la persecución, como un elemento constitutivo de la experiencia cristiana, y que aparece en el camino de Pascua. El contraste entre el cristianismo y el judaísmo no consiste entre dos sistemas que quieren prevalecer con la fuerza uno sobre otro. La fuerza del evangelio, comunicada por el Espíritu, está precisamente en el amor que es servicio y don de la vida.

S. Pedro presenta nuevamente el mensaje primitivo original: el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús (v.10), la argumentación de la Escritura (v.11), y la llamada a la conversión (v.12). Lucas elige el verbo “salvar” para indicar dos aspectos: curar y salvar. Se puede pasar de la realidad de la curación física a la salvación en modo absoluto (v.12): la curación del cojo, en el pensamiento de Lucas, se convierte en signo de la salvación realizada por Dios en Jesús. En el v.12 se expresa la idea de la salvación definitiva y total de la persona según el proyecto de Dios. Jesús, este es el nombre que los apóstoles deben anunciar.

Conexiones existenciales: La fe en Cristo “suele ser” un elemento diferenciador en los ámbitos, donde pueda vivir el cristiano. Las ideologías tienden a crear sistemas cerrados y a veces asfixiantes de las cualidades de la vida humana. Se acaba por creer que, cuanto uno piensa o la sociedad vive, es el sello definitivo de la vida diaria. Se puede vivir “cojo” y estar a gusto, porque se cree que la cojera es un estado natural (es decir, apoyarse en las fijaciones personales).

Cuando “alguien vive” (desde la fe) de manera diferente suscita reacciones en quien lo ve, visibles o camufladas, en situaciones, donde menos te lo esperas o ante públicos variados.

 

Sal 117, 1.8-9.21-23.26.28-29

El salmo 117 constituye una liturgia de acción de gracias, y como otros salmos dedicados a la liturgia. El contenido es una acción de gracias individual. Como lo pide el género literario, el orante recuerda su situación difícil, casi desesperada, y entonces pide auxilio al Señor, que lo escucha y lo libra, y por eso se muestra agradecido públicamente al Señor por cuanto le hizo su Dios.

Los v. 22-23 son una reflexión coral en imagen arquitectónica. Los “constructores” valoran la calidad de cada piedra para construir la ciudad, las murallas, el templo… Desechan la piedra que no les parece de buena cualidad, está mal tallada, o no encaja en el aparejo. Algún tiempo después Dios revela el valor único de aquella piedra, usada como ángulo de unión de dos paños del edificio, o de la muralla.

El cristianismo ha aplicado la imagen a Cristo. Lo proclama “piedra angular”. Es el Señor quien lo ha hecho, ha “sido una maravilla”. El salmo nos ayuda a meditar sobre las etapas de la vida de Cristo. Un enjambre de enemigos lo cercan e intentan derribarlo; mientras El está firme, no confiando en príncipes. La “piedra desechada se convierte en la piedra angular”. Con él y por él damos gracias al Padre, “porque es bueno” y “porque es eterna su misericordia”.

Celebración alegre: El contenido del Salmo simplemente nos invita a celebrar agradecidos esta presencia de Cristo en nuestra vida, a elevar nuestros ojos a las maravillas de Dios en Cristo, y dejar a un lado nuestras preocupaciones, dificultades o miedos, ¡al menos un tiempo! A veces sólo es necesario bajar los brazos, “ver” y “contemplar” cómo Dios actúa en la iglesia y en nosotros.

1Jn 3, 1-2

¡Breve texto, pero sublime! El autor nos apremia a reconocer nuestra situación actual: “mirad que amor nos ha tenido el Padre”. El amor divino mantiene a los cristianos sobre el abismo de este mundo. Esta cercanía divina deriva de una realidad gratuita de Dios Padre, que es el modo cómo El nos ve. Es un don a considerarnos continuamente, en cuanto hijos de Dios, pues los ¡somos! Esta valoración realista deriva, sin duda, del pensamiento sacramental (Jn 3), y supone la posesión del Espíritu. El “Espíritu” en cuanto realidad sobrenatural eleva nuestra dignidad humana por encima de cualesquiera relaciones meramente jurídicas o morales.

Nuestra realidad “auténtica” se halla velada en el presente, y se desvelará en el futuro. No sólo el perfil cómo nos vemos nosotros o los demás es lo real, sino que, además, la presencia de Dios nos fortalece y anima en nuestra vida diaria. La contemplación de Dios nos va divinizando, en el sentido de que vamos descubriendo poco a poco posibilidades inauditas en nosotros gracias a la cercanía de Dios.

Mensaje de optimismo: Paremos y veámosnos con lucidez y serenidad, dejando a un lado nuestros “diablos diarios”, como miedos, limitaciones, parálisis de cualquier causa… y gozando el hecho real que Dios nos comprende, nos escucha, que nuestra vida no camina hacia el vacío,...

Jn 10, 11-18

Es el ev. del buen Pastor.

Los v.17-18 enfatizan el don de Cristo: “yo entrego la (vida) libremente”.

Cristo ha vivido la existencia como un acontecimiento de libertad, fundado en el poder que ha recibido como Hijo de Dios y en el amor que el Padre le tiene y muestra. El contraste entre la dependencia absoluta del Hijo al Padre, aquí se expresa en su perfecta libertad, que indudablemente tiene el aspecto de paradoja. Según san Juan existe una perfecta unidad de acción entre el Padre y el Hijo. Se trata de una reflexión global sobre la vida de Cristo ante Dios Padre.

Reflexión a nivel de fe: la vida hay que estimarla, porque es el don más precioso que tenemos. No se trata de vivirla a “tope” según los enfoques generacionales. Hay siempre un sustrato que nos pertenece sólo a nosotros mismos, y es ahí donde podemos y debemos insistir. La vida se defiende con “el amor generoso”, que proporciona siempre un “plus”, que va más allá de cuadros o vivencias que nos ofrece la sociedad, y crea en nosotros la certeza de ser personas amadas por Dios, aunque a veces la realidad para ensombrecerla o afirmar que tal creencia es una cortina de humo sobre la vida.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

Material Litúrgico


Principal | S. Francisco | Nuestras Casas | Historia | Actividades | Publicaciones | Bibliotecas| Enlaces | email |
© 2009 Fr. Miguel Álvarez Barredo, ofm