|
El profeta es el mediador de Dios, a través
de la Palabra.
Dt.
18, 15-20
El Deuteronomio propone
cómo tiene que ser el profeta, y
tendrá consecuencias muy importantes
para el futuro. El profetismo es uno de
los grandes regalos que Dios hizo al pueblo
elegido. El profeta habla en nombre de Dios,
y no para contentar al hombre. Su palabra
suele ser iluminadora de la realidad, realidad
que no coincide habitualmente con cuanto
piensa el hombre. La palabra divina suele
encontrar resistencia en el hombre.
Transmitirá la
palabra divina, que será siempre
un mensaje de rompe con las adivinaciones,
magia, superstición, etc, que interpretaban
el futuro. Estas significaban idolatrías.
La finalidad del legislador
deuteronomístico es enfatizar que
la voluntad y el pensamiento divino sobre
la historia humana sólo se conoce
a través de la palabra profética.
La cercanía de Dios mismo no la podían
resistir.
El profetismo es una institución,
como la monarquía y judicatura, las
cuales constituyen el armazón de
la sociedad israelita.
El profeta es el intermediario
entre Dios y el pueblo, para transmitir
la palabra divina sobre el abanico entero
de la existencia humana.
Su calidad de verdadero
profeta ha de conocerse por la altura y
la modalidad de sus oráculos, y el
cumplimiento de los mismos. Hubo falsos
profetas, y solían ser pagados por
instituciones de Israel, y su palabra coincidía
con los deseos de quienes les escuchaban.
El deuteronomista se hace
eco de la presencia de esta institución
profética y busca sus orígenes
en los tiempos mosaicos.
Transposición:
el profeta transmite una palabra que “viene
de lo alto”, de Dios, y esta palabra
suele ser incómoda de entrada, pero
trae consigo la vida y la luz. Hoy hay profetas
entre nosotros.
|
Sal 94,
1. 6-7. 8-9
Este salmo es un montaje de dos piezas
un tanto discordes: se comienza con una
procesión festiva, pero de se repente
la voz de Dios sin mediar aviso interrumpe
el canto. Es el Dios aguafiestas del homenaje
que le dedican. Es como sin un hijo derrochador
viniera para festejar el cumpleaños
del padre, y éste le soltase una
reprimenda. Se trata una procesión,
que está a la puerta de templo
y se preguntan las condiciones para entrar,
y más tarde recibe un oráculo
inesperado.
Palabra claves para entender el salmo:
entrada y reposo.
* Entrada: Es un término
importante para describir el ingreso del
pueblo de Dios en la tierra prometida:
“Cuando entres en la tierra que…
tomarás las primicias…te
presentarás al sacerdote…
y dirás: Profeso que hoy he entrado
en la tierra…” Dt 26,1-11.
La cosecha actual se actualiza la entrada
histórica en la tierra, y en las
primicias se reconoce. Pero entrar en
la tierra no es un reposo consumado que
garantice la perpetuidad. Hay que merecerlo
constantemente. Cada día hay que
volver a entrar la tierra como tarea,
en el culto como compromiso.
* Reposo: el reposo de Dios
garantiza y modela el del pueblo. Si el
Salmo es postexílico, lo más
probable, hay que leerlo en la filigrana
de la experiencia del destierro. El templo
es la morada del Señor, y el descanso
del creyente. El arca del Señor,
símbolo de la presencia de Dios,
favorece una mansión sosegada.
Si el pueblo se empeña en practicar
el culto sin obedecer a Dios, está
tentando y desafiando a Dios, está
renegando de la entrada en la tierra y
puede perderla de nuevo.
Transposición: Heb
3,12 s lo aplica a la vida cristiana.
Esta es un esfuerzo continua para entrar
en el descanso de Dios, o con palabras
más nuestras: para caminar por
la vida con más quietud y sosiego.
El “corazón endurecido”
es un gran obstáculo “para
entrar en el reposo”.
1 Cor 7,
32-35
S. Pablo quiere evitar
la preocupación del cristiano sólo
por lo temporal. La preocupación,
solicitud, tiene sentido peyorativo. Afanes
provenientes de la falta de fe, que valora
lo temporal más de lo conveniente
y desvalora lo eterno y divino. No se
trata de las preocupaciones legítimas,
sino de los excesos en ellas o de las
preocupaciones torcidas. Pablo sitúa
esta enseñanza en el contexto de
1 Cor 7 de la preguntas que le habían
hechos los corintios, y hay situarse en
el enfoque de nuestra existencia ante
Dios.
Mc
1, 21-28
Después de la
llamada de los primeros discípulos
Marcos describe un día actividad
de Jesús, y concretamente de la
expulsión de un espíritu
inmundo en una sinagoga. La escena enfatiza
la fuerza de la palabra de Jesús,
y su enseñanza con “autoridad”.
El “enseñar” con autoridad
es una nota redaccional, y se quiere indicar
que su palabra cambia la realidad de quien
lo escucha.
En encuentro con un
“hombre que tenía un espíritu
inmundo” desvela un enfrentamiento
entre la esfera de la muerte y la vida
que trae Jesús. El “espíritu
inmundo” para el judaísmo
de aquella época es signo de fuerzas
destructoras de la persona; es el ámbito
del mal, de la oposición a Dios,
de subordinación a la muerte en
sentido relacional, no biológico.
Jesús cura sin magia o sin exorcismo
en la sinagoga, simplemente con su palabra
pronunciada.
Es una curación
en sábado, señal de que
la ley no lo lograba. La narraciones de
exorcismos se componen del siguiente esquema:
1.Encuentro (exorcista y enfermedad) (v.21.23);
2. Defensa (reacción del enfermo,
en cuanto poseído), (v.23-24);
3. Imposición de silencio (del
exorcista, v.25); 4.Expulsión (bajo
orden. V.26), 5.Admiración ante
el hecho (v.27), 6. Coro de gente que
se sorprende (v.27). 7. Divulgación
del hecho (v.28).
Transposición cristiana:
en los sacramentos (palabra y
acción) somos librados de nuestras
enfermedades, que nos tienen esclavizados:
nuestros miedos, angustias, tristezas,
desequilibrios personales, desconocimientos
de nosotros mismos.
|