Cuarto domingo del Tiempo Ordinario

El profeta es el mediador de Dios, a través de la Palabra.

Dt. 18, 15-20

El Deuteronomio propone cómo tiene que ser el profeta, y tendrá consecuencias muy importantes para el futuro. El profetismo es uno de los grandes regalos que Dios hizo al pueblo elegido. El profeta habla en nombre de Dios, y no para contentar al hombre. Su palabra suele ser iluminadora de la realidad, realidad que no coincide habitualmente con cuanto piensa el hombre. La palabra divina suele encontrar resistencia en el hombre.

Transmitirá la palabra divina, que será siempre un mensaje de rompe con las adivinaciones, magia, superstición, etc, que interpretaban el futuro. Estas significaban idolatrías.

La finalidad del legislador deuteronomístico es enfatizar que la voluntad y el pensamiento divino sobre la historia humana sólo se conoce a través de la palabra profética. La cercanía de Dios mismo no la podían resistir.

El profetismo es una institución, como la monarquía y judicatura, las cuales constituyen el armazón de la sociedad israelita.

El profeta es el intermediario entre Dios y el pueblo, para transmitir la palabra divina sobre el abanico entero de la existencia humana.

Su calidad de verdadero profeta ha de conocerse por la altura y la modalidad de sus oráculos, y el cumplimiento de los mismos. Hubo falsos profetas, y solían ser pagados por instituciones de Israel, y su palabra coincidía con los deseos de quienes les escuchaban.

El deuteronomista se hace eco de la presencia de esta institución profética y busca sus orígenes en los tiempos mosaicos.

Transposición: el profeta transmite una palabra que “viene de lo alto”, de Dios, y esta palabra suele ser incómoda de entrada, pero trae consigo la vida y la luz. Hoy hay profetas entre nosotros.

Sal 94, 1. 6-7. 8-9

Este salmo es un montaje de dos piezas un tanto discordes: se comienza con una procesión festiva, pero de se repente la voz de Dios sin mediar aviso interrumpe el canto. Es el Dios aguafiestas del homenaje que le dedican. Es como sin un hijo derrochador viniera para festejar el cumpleaños del padre, y éste le soltase una reprimenda. Se trata una procesión, que está a la puerta de templo y se preguntan las condiciones para entrar, y más tarde recibe un oráculo inesperado.

Palabra claves para entender el salmo: entrada y reposo.

* Entrada: Es un término importante para describir el ingreso del pueblo de Dios en la tierra prometida: “Cuando entres en la tierra que… tomarás las primicias…te presentarás al sacerdote… y dirás: Profeso que hoy he entrado en la tierra…” Dt 26,1-11. La cosecha actual se actualiza la entrada histórica en la tierra, y en las primicias se reconoce. Pero entrar en la tierra no es un reposo consumado que garantice la perpetuidad. Hay que merecerlo constantemente. Cada día hay que volver a entrar la tierra como tarea, en el culto como compromiso.

* Reposo: el reposo de Dios garantiza y modela el del pueblo. Si el Salmo es postexílico, lo más probable, hay que leerlo en la filigrana de la experiencia del destierro. El templo es la morada del Señor, y el descanso del creyente. El arca del Señor, símbolo de la presencia de Dios, favorece una mansión sosegada.

Si el pueblo se empeña en practicar el culto sin obedecer a Dios, está tentando y desafiando a Dios, está renegando de la entrada en la tierra y puede perderla de nuevo.

Transposición: Heb 3,12 s lo aplica a la vida cristiana. Esta es un esfuerzo continua para entrar en el descanso de Dios, o con palabras más nuestras: para caminar por la vida con más quietud y sosiego. El “corazón endurecido” es un gran obstáculo “para entrar en el reposo”.

1 Cor 7, 32-35

S. Pablo quiere evitar la preocupación del cristiano sólo por lo temporal. La preocupación, solicitud, tiene sentido peyorativo. Afanes provenientes de la falta de fe, que valora lo temporal más de lo conveniente y desvalora lo eterno y divino. No se trata de las preocupaciones legítimas, sino de los excesos en ellas o de las preocupaciones torcidas. Pablo sitúa esta enseñanza en el contexto de 1 Cor 7 de la preguntas que le habían hechos los corintios, y hay situarse en el enfoque de nuestra existencia ante Dios.

Mc 1, 21-28

Después de la llamada de los primeros discípulos Marcos describe un día actividad de Jesús, y concretamente de la expulsión de un espíritu inmundo en una sinagoga. La escena enfatiza la fuerza de la palabra de Jesús, y su enseñanza con “autoridad”. El “enseñar” con autoridad es una nota redaccional, y se quiere indicar que su palabra cambia la realidad de quien lo escucha.

En encuentro con un “hombre que tenía un espíritu inmundo” desvela un enfrentamiento entre la esfera de la muerte y la vida que trae Jesús. El “espíritu inmundo” para el judaísmo de aquella época es signo de fuerzas destructoras de la persona; es el ámbito del mal, de la oposición a Dios, de subordinación a la muerte en sentido relacional, no biológico. Jesús cura sin magia o sin exorcismo en la sinagoga, simplemente con su palabra pronunciada.

Es una curación en sábado, señal de que la ley no lo lograba. La narraciones de exorcismos se componen del siguiente esquema: 1.Encuentro (exorcista y enfermedad) (v.21.23); 2. Defensa (reacción del enfermo, en cuanto poseído), (v.23-24); 3. Imposición de silencio (del exorcista, v.25); 4.Expulsión (bajo orden. V.26), 5.Admiración ante el hecho (v.27), 6. Coro de gente que se sorprende (v.27). 7. Divulgación del hecho (v.28).

Transposición cristiana: en los sacramentos (palabra y acción) somos librados de nuestras enfermedades, que nos tienen esclavizados: nuestros miedos, angustias, tristezas, desequilibrios personales, desconocimientos de nosotros mismos.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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