Cuarto domingo de Cuaresma

2 Crónicas 36,14-16.19-23:

Ofrece un resumen de la historia de Israel, tejida de múltiples transgresiones y apostasías, causa de la ruina del reino y de la humillante cautividad de Babilonia. Constantemente Dios envió profetas para que amonestaran a su pueblo, pues el Señor quería perdonarlo. Pero el pueblo, rebelde y de dura cerviz, se mofó de los mensajeros divinos. Viendo que no había muestras de arrepentimiento, Dios deja que la historia siguiera sus cauces autónomos, es decir, que se rigiera por pautas humanas, sin tener en cuenta a Dios. (2 Crón 36,17-21- 2 Re 25,9-10.14s)

Dios muestra una vez más su misericordia su actitud más genuina, el posibilitar futuro mejor, y en esta ocasión se sirve de Ciro, el general persa. El autor en este caso utiliza textos de Esdras (2Crón 36,22-23- Esd 1,1-3a), que podían comentarse con las siguientes palabras: “Si no conocemos que recibimos, no despertamos a amar” (Santa Teresa de Avila), es decir, no emprendemos actitudes nuevas.

“El autor es un hombre de recia personalidad, con una tarea difícil y urgente, que necesitaba un documento simple y eficaz para posibilitar el cumplimiento de la ley. Pensemos en la comunidad judía del s.V: dependiente del imperio persa, tolerada y sospechosa, amenazada de cerca por los samaritanos, corroída por dentro a causa de la decadencia religiosa. A ella se enfrenta un hombre de clara visión, que actúa en dos planos: en la práctica, con reformas concretas y enérgicas; y en la doctrina, con un documento que justificase y alentase las reformas” (L. Alonso Schökel, Biblia).

El autor se sirve mucho de las narraciones de los libros de Samuel y Reyes.

Insiste en el tema de la retribución, para que la presente generación de judíos se de cuenta que se enfrenta a una decisión histórica de la cual depende su destino, no puede desentenderse de su tarea.

Apertura: La palabra constante de Dios es la cercanía y el interés generoso por nosotros, a pesar de nuestras cerrazones.

Sal 136, 1-6:

Es un salmo de lamentación, una elegía que el poeta ha querido comprimir en pocos versos. Situación: Describe la vida y los sentimientos de los desterrados en Babilonia. La repatriación sucede bajo Ciro. Podemos imaginarnos a los exiliados en tres grupos: los que han encontrado una nueva patria en Babilonia, familia, negocios, bienestar, incluso prácticas religiosas. Los resignados o desesperados inertes que piensan que todo ha terminado, aunque sea por culpa propia. Los fieles a su pasado político y religioso, y cultivan la esperanza.

El Sal 137 constituye un canto a la resistencia espiritual de los desterrados con esperanza en el retorno. El canto, entre otros factores, los protegió de la asimilación religiosa en Babilonia, aglutinó como grupo, confortó en la fidelidad. El canto no es un programa de acción, sino lírica que deshoga sentimientos.

Los v.1-2 ofrece una escena serena, a la sombra de los sauces que acogen. Un grupo de personas sentadas en el suelo, llorando y recordando el pasado. Escena segunda: acuden los babilonios, quienes los mantienen cautivos, y se mezcla la curiosidad y la burla, que se desvela en la invitación a entonar canciones de su patria. Pero cantar sería profanar los cánticos del Señor, que se usaban en el culto de Jerusalén. En la tercera escena se subraya que olvidarse de Jerusalén supone borrar la memoria de Dios en sus vidas, y se recurre a frases chocantes para nuestra mentalidad.

Apertura: el cristiano encuentra dentro de sí los valores y estilo de vida de Babilonia, que intentan cautivar y suprimir los del evangelio. Procura someterlos, ahogarlos, y siente que renacen. Cristo ofrece un futuro no paralizante, sino vivificante. A veces el recuerdo nos petrifica; el salmo nos ayuda a descubrir que el presente con Dios es vida y tonifica. ¡Seamos cristianos para el optimismo en medio de las dificultades!

Efesios 2, 4-10:

Canta la bondad y al poder de Dios, que obra y hace en nosotros maravillas. San Pablo no deja de asombrarse por el amor que Dios nos tiene, y no “se debe a nuestras obras, para que nadie pueda presumir”. La concepción cristiana de la vida está iluminada por la generosa, libre y triunfante bondad de Dios sobre tantas situaciones de oscuridad que zigzaguean en la existencia.

El misterio de Dios en Cristo es el fundamento de la iglesia, y la comunidad cristiana surge de la misericordia de Dios, que a todos nos reúne en la gratuidad. La iglesia no es la asamblea de los “santos” o “intachables”, sino de quienes confían en Dios manifestado en Cristo, y lo celebran continuamente.

La identidad cristiana se mide por el don que recibimos: “el ser justificados por gracia” (gratuitamente), pero debe llevar a un comportamiento ético acorde. No vale la simple realización humana según nuestros planes o la autosuficiencia, sino el abrirse a la bondad desinteresada de Dios hacia nosotros.

Apertura: ¿Cuál es criterio último que coordina el caminar de nuestra existencia: ¿la desconfianza? ¿la ceguera? ¿el disfrute inmediato? ¿la amargura? ¿el “pasar” de todo aquello que no nos afecta? ¿imponer mis criterios? ¿la dureza de juicios? ¿la desilusión? ¿vivir a lo que salga? ¿Tiene un espacio en mis razonamientos la ternura constante, incluso en situaciones agrias y desconcertantes?.... ¿Quién me da enfoque de la vida? ¿Los desengaños, los reveses…., que en definitiva no dejan de ser criterios humanos? ¿El miedo?...

Jn 3, 14-21:

Este fragmento es una síntesis del ev. de Juan. Mira con serenidad el acontecimiento de Cristo. El curso del pensamiento es semejante a la dinámica del prólogo: después de la revelación de Cristo, se menciona la reacción de los hombres, es decir, la acogida o el rechazo.

No obstante, Dios actúa independientemente de las actitudes del hombre de entonces y de hoy. Dios nos ha amado de tal manera que ha entregado a su propio Hijo ¡Jamás un espíritu humano ha podido concebir nada parecido!

El término clave es agaph, que significa condescendencia y don gratuito de Dios a los hombres, que se ha desvelado en Cristo de manera inaudita. Es amar gratuitamente sin esperar nada a cambio ¡¡nada!!; significa solicitud extrema, misericordia y generosidad, esperar contra toda esperanza…. entrega sin miras y límites.. El “amor” no es algo, sino una cualidad de Dios, es Dios mismo, es la llave para iluminar innumerables situaciones humanas. (1 Cor 13).

La aplicación para hoy: La encíclica del Papa, “Dios es amor”.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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