| La
entrada de Dios en nuestra existencia, perdonando
y reconciliando. El horizonte de la gratuidad
del perdón posibilita nuevas actitudes.
Las lecturas de este domingo lo explican.
Jon 3,1-5.10
Las páginas de la
Escritura de este domingo nos ayudan responder
a la pregunta fundamental: ¿Quién
es Dios para cada uno de nosotros? No es
un ser lejano, abstracto e indiferente a
nuestros avatares, sino cercano, incluso
en los hechos más sorprendentes.
El libro de Jonás ofrece un relato
de cómo Dios confía al profeta
la misión de anunciar el perdón
de Dios a Nínive para que cambie
de vida, misión muy extraña
para un profeta judío. Recordemos
que Nínive era el símbolo
de la opresión histórica para
el pueblo de Dios, capital del imperio asirio.
Los elementos teológicos de Jon 3
sirven al autor para ilustrar su tesis de
fondo: enfatizar la absoluta libertad de
Dios para perdonar o destruir. En los tres
anteriores episodios del libro el autor
ha insistido repetidamente en el poder absoluto
de Dios sobre toda la creación, más
allá de las categorías humanas
de justicia o lógicas. El profeta
y sus vivencias ayudan a ilustrar los senderos
inescrutables de Dios frente a los pueblos
y personas. El tema de este libro profético
hunde sus raíces en el AT (Gén
6,6; Ex 32; Jue 2,18; 1 Sam 15,35; 2 Sam
34; Am 7,1-9; etc), pero ahora se alarga
el horizonte, ya que se juzga una realidad
nueva, el arrepentimiento de Nínive,
donde el perdón de Dios supera la
lógica de la retribución (Jon
4,10-11), punto hacia el cual converge toda
la narración.
El desconcierto
del perdón divino: Jonás
se rebela ante Dios, y quiere escapar de
Él, ya que echa por tierra su “lógica”
profética, y no entiende que Dios
sea compasivo y misericordioso (Ex 34,6;
etc). Le desconcierta servir a un Dios de
gran corazón, y que perdona. Ciertamente
la escena es lejana en el tiempo, pero se
repite continuamente. El perdón según
el perfil divino no hay que considerarlo
como una concesión o una cortesía
oportuna, sino un elemento más de
la condición humana, cuando la persona
se abre a Dios. Cerrarse ante esta posibilidad
puede significar un deslizarse en la lógica
de la ira o la dureza mental para juzgar
los acontecimientos diarios que se cruzan
en nuestras vivencias. En palabras más
breves, empequeñecer o enrarecer
la vida.
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Sal 24,
4-7. 8-9
Se trata de una súplica para los
creyentes de todos los tiempos, que, lejos
de sentirse perfectos, se hallan inmersos
en las redes de su fragilidad. Traza los
rasgos del “pobre de Yahvé”,
pecador y justo al mismo tiempo.
El Sal. ofrece tres secciones: v. 1-7
súplica en segunda persona “a
ti, Dios”; v.8-15 descripción
de la confianza en Dios, y, v.16-21, una
súplica rogatoria. El salmo es
un verdadero respiro del alma en Dios.
Hoy la liturgia presenta parcialmente
a la primera y segunda.
En la primera Dios es invocado como
el maestro, que enseña a los hombres
la senda de la vida, desglosada en términos,
como, camino, pasos, mostrar la via, enseñar,
conocer, etc. El orante es muy sabedor
de su fragilidad, y sólo Dios,
recordándose de él, lo conserva
en vida y fortalece. El no recordar a
Dios se convierte en un ciclo destructor,
reduciendo al hombre a la nada. En la
segunda sección aparece un rostro
misericordioso y clemente de Dios, que
conduce al orante a la conciencia de su
pecado y a la superación del mismo,
surgiendo una nueva dimensión,
donde la misericordia y el perdón
se entrecruzan. Perdonando Dios desvela
su gloria frente a su criatura.
Canto al recuerdo
del Dios reconciliador: Dicho
concepto salpica y unifica el salmo, que
se verbaliza en el motivo del amor y del
perdón. Dios no abandona nunca,
sino que acompaña al creyente en
sus sucesivas liberaciones y en la felicidad
consecuente. Dios es ternura, amor visceral,
fidelidad, bondad, etc. Tal contemplación
divina llena el corazón del orante
de paz y sosiego. Sólo quien se
sabe perdonado, descubre la esperanza
de desear cuanto Dios siembra en nuestros
corazones, surgiendo confianza en la confianza.
Se contempla al hombre abierto a Dios
y se apoyar sólo en sus criterios.
1 Cor 7,
29-31
Esta lectura encaja
dentro de las contestaciones que el apóstol
ofrece a una serie de interrogantes latentes
en la comunidad en torno a la libertad,
el celibato, el matrimonio, etc. Concretamente
el cap. 7, 1-7 trata del matrimonio y
el celibato, en los v.8-16 ofrecen orientaciones
a grupos variados, como los no casados,
las viudas, los v. 17-24 sobre el estado
de vida en que cada cristiano ha sido
llamado, y, finalmente, en los v.25-40
versan sobre los consagrados al Señor.
La lectura de este domingo pertenece a
esta sección, y aquí se
insiste en los motivos cristológicos
y escatológicos, ya que el apóstol
condiciona todo, matrimonio, trabajo,
celibato, bienes materiales a relación
con la consumación futura, y al
mismo tiempo exhorta a los corintios a
no dejarse influenciar por otros enfoques.
Mc
1, 14-20
Comenzamos con la lectura
más o menos continuada de Mc. Hoy
se nos ofrece un sumario (v.14-15), y
la llamada de los primeros discípulos
(v.16-20). Es el primer sumario de Mc,
que facilita el acceso a una nueva sección.
Concluye el tríptico preparatorio
al ministerio público: Jesús
ha venido desde Galilea para ser bautizado,
ya hora retorna allí para comenzar
su actividad. Quizás la perícopa
refleja un ambiente premarcano, que ha
relacionado la figura del Bautista con
Jesús. Uno anuncia un bautismo
de conversión y el otro el evangelio
de Dios.
“Convertíos y creed
al evangelio” expresan una
profunda conversión del corazón,
y una confianza plena y alegre en el mensaje
de Jesús. A la primera proclamación
sintética del evangelio sigue la
llamada de los cuatro primeros discípulos,
que serán los testigos de la actividad
de Jesús. Mc subraya las etapas
más importantes de su libro con
relatos referidos a sus discípulos:
la llamada de los cuatro primeros (1,16-20);
la elección de los doce (3,13-19);
la misión (6,7-13); la confesión
de Pedro (8,27-30), señalando una
división doctrinal de su ev. El
esquema literario se inspira en la llamada
de Eliseo (1 Re 19,19-21), aunque Mc presenta
algunos retoques como la llamada de dos
en dos de los discípulos.
La llamada
a conocernos: Marcos propone
un camino de conocimiento de Dios según
la vivencia de una persona, Jesús,
el Verbo de Dios. Y el mensaje se hace
inmediatamente historia, no significa
sólo una interpelación verbal:
los discípulos dejan las redes.
La llamada de Dios remueve conciencias,
y Dios no se puede entender sino en la
referencia a la persona, iluminándola.
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