| Ex.
20, 1-17:
Es el decálogo
del Sinaí, palabra empleada por primera
vez por Clemente Alejandrino. En el texto
bíblico se habla de las “tablas
de la ley”. Los estudiosos atribuyen
el núcleo sustancial de los diez
mandamientos a la escuela elohista, pero
hay que tener en cuenta retoques de tinte
sacerdotal o deuteronómico.
Se comienza por la afirmación
solemne y enfática: “Yo soy
el Señor, tu Dios, que te ha sacado
de la tierra de Egipto, de la casa de la
servidumbre”, que implica un recuerdo
de los beneficios pasados, y en base a ellos
puede expresar su voluntad ante el pueblo,
voluntad que conlleva nuevamente unos mandatos
para su bien.
El autor insiste en que
los mandamientos han sido grabados en piedra
“por el dedo de Dios”, expresión
que indica el origen divino del decálogo,
y son consecuencia de la alianza bilateral
entre Dios y el pueblo.
Estos preceptos mosaicos
resumen los principios de la ley moral.
Cuatro regulan las relaciones del hombre
con Dios, uno con los padres y cinco con
el prójimo. Tenemos una gradación
descendiente: Dios, los padres, el prójimo.
Estos preceptos son expresión
de la ley natural, y se encuentran igualmente
en la literatura de entorno bíblico
(En la literatura caldea, en el libro de
los muertos de Egipto. Lo original del decálogo
mosaico estriba en el primer y segundo precepto,
donde se declara la trascendencia y santidad
de Dios, verdad desconocida en todo el ambiente
religioso del Antiguo Oriente). Humanamente
no se puede explicar cómo el clan
de Abrahán haya llegado al monoteísmo
estricto, lo cual supone una intervención
positiva de Dios, dado que el pueblo de
Israel era de dura cerviz, tendente a la
idolatría.
El decálogo, que la Biblia presenta
como el elemento legislativo más
antiguo, nos ha llegado en dos recensiones
diversas (Dt 5,6-21; Ex 34,14-26).
Apertura:
Dios no es aguafiestas, sino que nos recuerda
explícitamente lo mejor que hay en
nosotros, y nos concreta una ley de mínimos
para poder vivir a nivel personal y social
como personas que creen en la dignidad de
la misma. Es una versión de lo que
ahora llamamos derechos humanos aprobados
en nuestras legislaturas internacionales.
Las sugerencias
que vienen de fuera nos pueden enriquecer,
mucho más una palabra que lleva el
sello de lo divino, porque incide sobre
aspectos humanos, que ayudan a comprendernos
mejor.
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Sal 18,
8-11:
El Salmo actual es el resultado unitario
de dos etapas diversas. Se nota un cambio
de estilo y temática, y ambos conviven
poéticamente en el salmo.
Se trata de un himno para alabar a Dios,
partiendo de la creación, adentrándose
en la historia con Dios, y desembocando
en la vida cotidiana. La actitud básica
es el reconocimiento y la alabanza.
Hoy tenemos la tercera sección
(v.8-11), donde la atención recae
sobre la ley, expresión de la voluntad
divina, pero que ésta no esclaviza
a la persona. Esta ley es expresión
divina, y ha tomado un lenguaje inteligible
para el orante.
Los predicados de la ley son de gran
sensibilidad, y corpóreos. Escogidos
con cariño por el poeta para expresar
una experiencia completa: espiritual y
somática. Veamos algunos: devuelven
la respiración o hacen recobrar
fuerzas, alegran el corazón (la
mente), dan luz a los ojos; son rectos,
limpios; ofrecen apoyo, son de fiar; son
firmes, y son estables. La ley es razonable,
educa al inexperto, no exige obediencia
ciega, da alegría interna, y no
es carga insoportable.
Aplicación:
La palabra divina nos enriquece, ayuda
a comprendernos, aunque parece que a veces
es incompatible con nuestros proyectos
o formas de pensar, pero a la larga da
luz a nuestros ojos. Podemos ahogarnos
en nuestros horizontes cortos, de mirada
reducida, interesada o ciega, impuestos
por los enfoques reinantes, y que se autoproclaman
progresistas.
1Cor 1,
22-25:
Dios ha elegido una
forma muy peculiar para decir a la persona,
donde está su felicidad: en la
apertura a los demás, aunque suponga
en determinados momentos sufrimiento.
Es el mensaje del crucificado. Este enfoque
es tachado a veces de locura o necedad,
depende de quien venga, es decir, griego
o judío, dos modos cotidianos de
ver la vida, que se apoyan en la razón
(griegos) o en el desconcierto o escándalo
(judíos). Pablo presenta un mensaje
constante: la debilidad a los ojos humanos
es fuerza divina. La actuación
de Cristo es la sabiduría de Dios
para el hombre, aunque se considere una
locura. Dios no sigue a veces, o muchísimas,
las pautas humanas. Es desconcertante,
y actúa donde menos se piensa.
Aplicación:
Los
enfoques que vienen de la palabra divina
pueden ayudarnos, si los miramos con atención
y serenidad. La lógica humana no
es la última y definitiva palabra
sobre la existencia. Existen otras posibilidades
fuera de nosotros mismos, ¡y la
ofrecida por Dios existe independientemente
de nosotros!
Jn 2, 13-25:
Es un gesto clamoroso
por parte de Jesús, la purificación
del templo, y prefigura su muerte y resurrección,
la culminación de su misión,
que desvelará su verdadera identidad.
El texto ofrece la siguiente
estructura: 1) expulsión de los
vendedores (v.13-17), 2) el signo del
templo (v.18-22), c) la perícopa
de transición (v.23-25). Respecto
a los sinópticos supone una tradición
autónoma. El dicho de Jesús
“destruid este templo y...”
en los sinópticos aparece en el
momento del juicio ante el sanedrín.
Mensaje del
texto: la purificación
se concentra esencialmente en la revelación
de Jesús, de su ser, lugar privilegiado
de la presencia de Dios entre los hombres,
el templo de la nueva alianza. El Cristo
resucitado será el templo de la
nueva alianza, y la nueva presencia entre
Dios, que incide sobre la comunidad a
través de su palabra y su espíritu.
Apertura:
El
lugar del culto es por naturaleza un espacio
que consiente a la comunidad expresarse
ante Dios y comunicarse con los hermanos
en la fe. Se tiende hacia un lenguaje
común, que suscita Dios en nosotros,
no al revés. Los cristianos, la
persona, son templos del Espíritu
(1 Pedro 2,5).
En el culto, en
el templo, debiéramos descubrir
continuamente nuestra identidad. La liturgia
constituye la acción por excelencia
de la iglesia, porque es aquí donde
resuena la palabra de Dios a nivel comunitario,
que es la cúspide de su finalidad.
¿Cómo
actuamos en el culto y en la celebración
de los sacramentos, llegamos puntuales,
participamos o es cosa del sacerdote,
el culto es una “imposición”
de la iglesia, son ritos “inútiles”
o del “pasado”, o sencillamente
“pérdida” de tiempo...,
los templos son “ahora” sólo
un patrimonio artístico?
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