| Adviento
2008 (fr. Rafa)
Is
61, 1-2a. 10-11
Este profeta actúa
de una manera discreta, al estilo de su
predecesor. A penas habla de él mismo,
sólo unos reproches por orden del
Señor en 58,1, y unas pinceladas
en 61,1-3 para confirmar la realidad de
su misión, donde Dios le unge con
su espíritu y le encomienda que consuele
a quienes sufren. Jerusalén, de hecho,
es el escenario de su ministerio, que coincide
históricamente entre los años
537-520, es decir, en los primeros momentos
del retorno del exilio y antes de la entrada
en escena de Ageo y Zacarías, quienes
animaron la reconstrucción del templo
(520-515).
Los exiliados a la hora de volver les toca
vivir un periodo marcado por el desencanto,
pues la vida cotidiana no encaja con las
promesas del Dt-Is. La vida religiosa y
social en Judea lejos de favorecer esperanza
deja entrever objeciones explícitas
o tácitas, teñidas con las
burlas de los escépticos. En este
ámbito de crisis el profeta fortalecido
con el espíritu del Señor
se dirige a los humildes, a cuantos tienen
los corazones desgarrados para anunciarles
que Dios restablecerá su dignidad
con un año de gracia, es decir, un
jubileo indefinido, llenando de gozo sus
vidas. Este mensaje es reafirmado en los
v.10-11, donde se aprecia una explosión
de entusiasmo. En lugar de sentirse abandonados,
reciben los elogios del Señor.
Dios no deja
a los suyos a la abandonados:
A veces la vivencia de la fe lleva a experimentar
fracasos, humanamente hablando, que pueden
desembocar en crisis que nos quitan la serenidad
y nos turban anímicamente, pero tales
angustias no son desconocidas a Dios, pues
vela por los suyos. Sin tal presencia posiblemente
nos ahogaríamos, sin embargo Dios
nos llena de gozo, y en ciertos momentos
sólo Él.
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Lc 1, 46-48.
49-50. 53-54
En lugar del salmo responsorial la liturgia
ofrece el cántico del Magníficat,
que retoma las palabras del profeta Is,
y anuncia la realización de tal
contenido. Sólo Dios puede dar
un vuelco radical a tantas situaciones
humanas.
- Se ofrecen las tres primeras estrofas
del cántico, pero todas ellas insisten
en enfatizar la iniciativa de Dios: cantar
las maravillas que Dios ha operado en
María con el anuncio de la encarnación
del Verbo de Dios, que desemboca ya en
la alegría de María. El
contenido del cántico va más
allá de la hora histórica,
es una irrupción del eschaton que
quiebra cada historia personal, y el narrador
sabe que ninguno mejor que María
podía cantar el misterio y la importancia
del “inicio” de Jesús,
Verbo de Dios en la historia humana. El
Magníficat, como el cántico
de Ana (1 Sam 2,1-10), ensalza al Dios
que obra maravillas allí donde
menos se piensa, y en personas que no
cuentan según los criterios habituales
de los esquemas humanos.
El cántico
de María, espejo y referencia para
nuestra fe: Quien se siente “tocado”
por Dios ve el curso de los acontecimientos
con otros ojos. Sin tal cercanía
posiblemente surgiría el desconsuelo
y el abatimiento, pero el saberse guiados
por Dios otorga a nuestros criterios lucidez
y a nuestros pasos fortaleza.
1 Tes 5,
16-24
Coincide con la parte
final de la carta, donde San Pablo se
despide de la joven comunidad cristiana.
Exhorta a “estar siempre alegres”
y orar continuamente para vencer las dificultades
que surgen en su vivencia de la fe. El
apóstol ofrece un enfoque válido
para los cristianos de todos los tiempos:
la oración, la alegría,
el vivir en el gozo y la gratitud a Dios,
el discernimiento, etc. Aquí Pablo
pone las bases de toda comunidad cristiana,
y son muy parecidas a las facilitadas
en otras cartas. Sin embargo, estas exhortaciones
serían ineficaces sin la gracia
de Dios. Esto es cuanto desea Pablo para
la comunidad.
Fuente
de la alegría: Un
antiguo escrito dijo de los cristianos:
“Siempre alegres, y nunca borrachos”.
Es la alegría que surge de sabernos
guiados por el Señor, aunque frágiles.
Esta alegría se descubre cuando
nos apoyamos en la fe, que nos posibilita
vivir con serenidad, “no obstante
todo”, pues Dios “es fiel”
en su acompañamiento.
A pesar de todos
los cristianos encontramos en Cristo que
viene a salvarnos motivos de profunda
alegría, serenidad, paz y seguridad.
El es esposo de la humanidad que nos ha
ama con un amor fiel y eterno, y con María
podemos entonar nuestro particular Magníficat
por esta cercanía de Dios en Cristo.
Jn
1, 6-8. 19-28
Nos hallamos ante de
una cuña sobre Juan el Bautista
en el prólogo del cuarto evangelio,
y el primer testimonio del Bautista sobre
el Mesías. Dicho testimonio es
descrito primero negativa e indirectamente
(v.19-28), y a continuación de
manera positiva (v.29-34). Jn insiste
en la función del Bautista para
que los israelitas acepten el mensaje
de salvación que el Mesías
traerá. Ha comenzado la preparación
de la llegada del Señor, cuyas
sandalias no es digno de desatar el Bautista.
Recordemos que el texto joánico
de hoy sitúa la venida del Mesías
en un contexto nupcial, siendo la esposa
la comunidad eclesial. Las sandalias mesiánicas
simbolizan y anticipan las bodas del novio,
Cristo, con la novia, la iglesia. Juan
afirma que no es concurrente al título,
ni tampoco rival. El Bautista está
preparando a sus contemporáneos
para recibir al esposo, y antes quiere
purificarlos con el rito del bautismo
para que acepte con gozo al esposo.
El Bautista
nos sitúa en la tesitura de espera
del Mesías, es decir, la cercanía
y la misericordia de Dios hecha persona.
Por eso el precursor se esfuerza en no
eclipsar esta venida, pues es para todos
esa palabra de esperanza y ánimo
que necesitamos, esa luz que nos hace
ver todas nuestras esclavitudes personales,
al tiempo que suscita en nosotros un gozo
profundo de sabernos armonizados por su
presencia.
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