| 1Re
17, 10-16
1 Re pertenece a la sección
de 17,1-19,8, ciclo de Elías. En
1 Re 17,1 se comienza con la descripción
de la figura de Elías, y se concluye
con 1 Re 19,17-18 con la designación
de Eliseo, como sucesor de Elías.
En la escena anterior se alude a la falta
de lluvia, y sus consecuencias inciden en
la visita a la viuda de Sarepta. Es necesario
recordar que el lugar de los acontecimientos
corresponde con el territorio perteneciente
al dios Baal, dios de la fertilidad y la
naturaleza, y, donde él debiera proveer
y abastecer a sus adoradores de los bienes
de la naturaleza, la escasez de los mismos
es su lenguaje diáfano, su tarjeta
de visita.
Dios, por su parte, dona a los suyos, en
este caso a Elías y a la viuda, lo
necesario para la vida. Esta dinámica
evidencia un conflicto entre Dios y el dios
Baal, conflicto que ha desempeñado
un papel vital en la historia de Israel.
La tradición antigua se halla en
los v.10b-13, el resto es una elaboración
deuteronomista. La sequía afecta
a una viuda, que junto con el huérfano
son símbolos de los pobres por excelencia
en el AT. “La tinaja de la harina
no se agotará, ni la orza del aceite
se vaciará” contrasta con los
relatos de la sequía y su consecuencia
en Ugarit, donde se habla de pellejos de
vino acabados y el aceite usado, y del pan
consumido. El tono dominante es el pasado,
mientras que en 1 Re 17,14 el futuro está
asegurado por la palabra del profeta. Dios
se hace presente por medio del profeta Elías,
repercutiendo en la situación de
la persona, simbolizada en la viuda. Es
el verdadero dispensador de bienes en favor
de su pueblo, que lo socorre en todo momento.
Dt 8b refleja esta dinámica, transferible
al pasaje que nos ocupa. Dios no es una
presencia lejana, sino que continuamente
está en medio de su pueblo. Creer
en la eficacia de esta presencia constituye
el objetivo de Elías. El con su dependencia
total de Dios lo vive, y ahora asocia a
la viuda en esta dinámica de fe.
Referencia
a la vida cotidiana:
Hay situaciones de la existencia que únicamente
se superan confiando en Dios. Quien cree
solamente en sí mismo, no fácilmente
comparte la vida con los demás, y
difícilmente arriesgará, porque
se reserva para sí mismo ámbitos
de seguridad. Cree que la existencia depende
exclusivamente de sus cálculos y
planes, sus seguridades, sus acumulaciones,
sus pólizas de vida o de seguro,
y no deja margen a otros valores o realidades
no relacionados con la economía.
La viuda, símbolo de la persona indefensa
y desprotegida, se fía de Dios, y
donde menos se lo esperaba aparece una mano
generosa. |
Sal 145,
7-10
El Sal. empieza con forma de himno (v.
1-2), sigue una exhortación a confiar
en Dios (v. 3-4) y concluye con una bienaventuranza.
El proceso lógico es el siguiente:
podéis confiar en Dios, porque
tiene recursos para todos los casos.
Se enumeran situaciones físicas:
ciegos, encorvados; socioeconómicas:
oprimidos, hambrientos, prisioneros, emigrantes;
socio-familiares: viudas y huérfanos;
éticas: inocentes y culpables.
Es la vertiente terrestre, histórica,
del Dios creador del universo. Todo ello
es actividad de un rey, y significa “hacer
justicia”.. No hay rey humano que
remedie plenamente, los príncipes
no son de fiar, pero Dios es el rey y
tiene su sede en Jerusalén. Dichoso
quien de ese Dios haga su dios personal.
La realeza de Dios empieza a desarrollarse
en esta vida: desata a la mujer encorvada
(Lc 13), abre los ojos a los ciegos (Mt
9), alimenta a los hambrientos (Mt 14),
etc.
Lectura
actualizada: Dios
se confunde con frecuencia con lo humilde,
y se invita a no creerse arrogantes, pues
los “príncipes son seres
de polvo que no pueden salvar”..
Dios clama desde las personas que sufren
carencias económicas, y no deja
en paz los mecanismos de aislamiento que
los “malvados” se fabrican.
La defensa de la dignidad del “débil”
encuentra en Dios una ayuda incondicional
y acusadora a lo largo de la historia.
Heb 9,
24-28
Seguimos con la reflexión
sobre el Cristo sacerdote. “Entrar
en un santuario no construido por Dios,
sino el mismo cielo” indica que
Cristo se presenta ante Dios e intercede
por nosotros hasta su segunda vuelta,
restaurando todas las cosas.
Se insiste nuevamente en su ofrecimiento
para siempre. La acción de Cristo
tiene dos fases esenciales: la muerte
y la resurrección, proporcionando
ésta una realidad eterna y atemporal.
Vivencia
de fe:
Cristo es nuestro sumo sacerdote, que
nos comprende y nos anima en tantos momentos
de nuestra vida de una manera cierta.
El texto de hoy nos invita a confiar en
esta presencia Dios en su persona, que
celebramos en cada Eucaristía,
en cada sacramento.
Mc
12, 38-44
El texto de hoy ofrece
una contraposición entra las obra
de los fariseos y escribas (v.38-40),
y la viuda que echa en la oferta al templo
todo cuanto tenía que vivir.
Mc subraya la importancia de la enseñanza
de Jesús a sus discípulos.
Antes había criticado duramente
la falsa religiosidad de los guías
espirituales, incluso en el recinto del
templo. El episodio de la viuda pobre
culmina la enseñanza de Jesús
y representa un mensaje de esperanza,
porque apunta en la dirección de
la ofrenda plena de la vida de Cristo
en su muerte de cruz.
El texto de Mc de hoy no constituye una
nueva perícopa, sino que se sirve
de las palabras anteriores de Jesús,
y se subraya la autoridad de su enseñanza.
La viuda del ev. queda iluminada por
la primera lectura. Tiene fe en Dios,
y da a Elías cuanto tenía
para vivir, estaba al límite, y
Dios responde con extraordinaria generosidad.
El texto de hoy ilustra el mandamiento
del “amor” del domingo pasado,
y la totalidad disposición que
pretende.
Consecuencias
éticas:
Se insinúa uno de los rectos usos
del dinero, contraponiéndolo a
las riquezas. El dinero pertenece al Señor
y un modo de reconocer este dominio es
devolverlo al Señor, para el servicio
del templo (Ad 2,6-9). La contribución
al culto del Señor se hace recta
intención si impone sacrificio,
privación de algo necesario, y
no si sólo priva de lo superfluo.
No se trata de que las iglesias estén
bien atendidas, sino que en ellas descuelle
la presencia de Dios por medio de la liturgia
y las celebraciones de los sacramentos,
encuentros de la comunidad con Cristo
Señor, creador de vida.
La viuda se fía
de hoy “plenamente” de Dios,
y testimonia que la palabra divina es
el alimento auténtico. ¡Paradigma
constante ante Dios!
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