Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario

Tema básico: Dios interviene en la historia y es causa de alegría. Su acercamiento es siempre conlleva una purificación, que exige al creyente apertura de alma.

Jer 31, 7-9

Este texto pertenece al llamado “libro de la consolación”, cuyo núcleo hay que situarlo en las primeras palabras de Jer al reino del norte, que más tarde son dirigidas a Judá, y con algunas añadiduras adaptadas a su situación histórica.

Jer 31 se divide en cuatro secciones: la restauración de Israel, y Judá, el retorno de los desterrados, y los pequeños oráculos sobre el futuro del pueblo de Dios. El texto de hoy corresponde a la vuelta de los exiliados.

Con un lenguaje un tanto simbólico se describe la salida de Babilonia. Dios se encargará de llevarlos por senderos que conducen a los oasis y fuentes, que jalonan el desierto. Dios siente un profundo afecto hacia el pueblo que ha elegido, y quita todo aquello que pueda obstaculizar el camino para que no tropiecen. El retorno será completo, alcanzando también a los tarados físicos e impedidos.

Regresan no como grupo victorioso, sino como salvados. Dios ha condicionado los acontecimientos para que puedan emprender la marcha con alegría, y cuanto era imposible, se convierte con la presencia divina en maravilla, sin prestación humana alguna.

Aplicación: A veces situaciones que afrontamos simplemente con nuestras fuerzas o cualidades humanas nos las superamos, y es más, nos dejan un aire de derrota o desconcierto, porque predomina quizás sólo nuestro protagonismo. Cuando nos abrimos a Dios, las mismas tesituras adquieren otro aire, y sin cambiar de lugar ni de personas, ya que no nos apoyamos en nosotros.

Sal 125, 1-16

El Sal. es una acción de gracias por el retorno del exilio (s. IV), y al mismo tiempo una plegaria para que se completa en cada momento histórico que la comunidad de fe lo hace suyo para orar.

Predominan dos imágenes: 1. El tema del agua en el páramo es frecuente en el Dt-Is, siendo una renovación del milagro del éxodo. El agua en el desierto es signo de vida. 2. La segunda imagen subraya el gozo de la cosecha ante la fatiga de la siembra. Esta imagen es viva en la cultura agraria.

Claves de comprensión del Sal: a) El cambio de la suerte de los exiliados. El Sal nos dice que ha sido un cambio increíble, “un sueño”, algo inesperado y absolutamente inimaginable. b). El gozo del sueño por este vuelco. Tan grande es que les parece un sueño. Es visión pesimista de la vida pensar que las desgracias son normales y las dichas un sueño. Quizás nos da miedo disfrutar del gozo de Dios a veces. El Sal concluye afirmando que Dios crea la alegría.

Referencia para la fe: Las fatigas y zozobras humanas son condición indispensable para la abundancia y las alegrías futuras. Para la fe no hay caminos al vacío, pero primero hay que sembrar para cosechar. Una vida sin vicisitudes no existe; en mayor o menor grado tenemos que afrontar retos, que nos maduran, y es cuando la “boca se nos llena de risas y de cantares”, pero Dios nos pueden allanar el camino sorprendentemente, y tal vez cuando menos lo esperamos o soñamos.

Heb 5, 1-6

Dentro del bloque sobre el Sacerdocio de Cristo se inicia ahora la descripción de cuanto es un sacerdote, intentando fundamentar la razón de la benignidad y misericordia de Cristo. El oficio es gracia en beneficio de la comunidad, más que personal y privado. Este se debe a los demás, y es el bien de la comunidad que él debe buscar, no el lucro torpe, ni la gloria que viene de los hombres.

Cristo es un sacerdote que se puede compadecer, es accesible al dolor de los demás. “Padece con medida”, cuando ocurren las faltas de los demás, es decir, con equilibrio y dominio propio, sin exageraciones ni exaltaciones y sin atonía de sensibilidad.

La razón de esta compasión profunda se basa en su propia flaqueza: “puesto que él mismo está envuelto en debilidad”. No sólo es débil también a nivel moral por sus flaquezas. Por esta experiencia, que es humana, y corresponde a todo sacerdote, tiene que aprender a ser compasivo y misericordioso con los demás.

Mc 10, 46-52

El gran viaje hacia Jerusalén (comenzó en Mc 8,27) está concluyendo. El ev. ha subrayado las diversas etapas, más un modo teológico que geográfico, y se ha interesado principalmente por la enseñanza a los discípulos. La curación del ciego de Jericó sirve de transición entre la fase de Galilea y la final de la ciudad santa, Jerusalén.

El milagro expresa la superación de la falta de comprensión de los discípulos, todavía, ciegos, mediante la victoria de la fe, es decir, de la luz que surge de la concepción mesiánica no triunfalista ni terrena, sino del drama de la cruz.

El mendigo ciego representa a la humanidad que yace en las tinieblas de la ignorancia. Sólo reconociendo a Jesús, como “el Hijo de David” es posible recuperar la vista para acompañarlo en el sufrimiento. El ciego se convierte en modelo intrépido del discípulo que va tras Cristo hasta las últimas consecuencias.

La precisión de tantos detalles demuestra la historicidad de la narración.

La fe del ciego no sólo le ha devuelto la vista, sino también la posibilidad de seguir a Jesús en el camino de la cruz. La fe lo ha hecho libre, “dejó el manto”, y disponible para acomodarse al espíritu de Cristo.

Conexión con la vida: La curación desvela la misericordia de Jesús, que es signo del Mesías de los últimos tiempos, que curaría enfermedades, y especialmente daría la vista a los ciegos.

La curación sensible es indicio de una salud más profunda, por obra de la fe. Con los ojos abiertos, al ciego se le ha ensanchado el corazón.

La presencia de Dios en Cristo a través de su persona y palabra nos abre también a nosotros los ojos de nuestra comprensión, cada vez más madura y amplia, suponiendo igualmente saber encajar las dificultades y sufrimientos. El “ciego” simboliza a quien se ve sólo a sí mismo, y camina viendo sólo su sombra, sin alargar el horizonte de su mirada. Quien se tiene miedo a sí mismo o rechaza otras ofertas de vida se empobrece, lo contrario del ciego de Bartimeo, que en el borde del camino descubre en Cristo una nueva dimensión de su situación, al fiarse de Él.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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