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Sam 3, 3b - 10. 19
Dentro de la llamada de
Samuel el énfasis sobre la palabra
de Dios, cual protagonista. Samuel aparece
como la resonancia de tal palabra, pues
Samuel será el mediador de la misma,
que al mismo tiempo configurará toda
su existencia. Conviene aludir a cuanto
se dice en el v.1, es decir, que “la
palabra del Señor era rara”,
y tampoco abundaban las visiones, subrayando
que Dios elige a sus mediadores para transmitir
su enfoque sobre la persona y su historia.
Pero la palabra divina crea desconciertos,
dudas, etc, cuando llega a la esfera de
la interioridad de la persona, porque habitualmente
uno está acostumbrado a unos criterios
más o menos uniformes. La lectura
evidencia los obstáculos de la experiencia
del encuentro con Dios, experiencias comunes
a todos los creyentes de cualquier tiempo
y lugar. Samuel es sorprendido por esta
palabra de noche, y es difícil para
él reconocer esta voz que le llama
por su nombre, entender y alzarse.
Literariamente la lectura pertenece al
primer bloque de Samuel (1 Sam 1-7), que
narra los acontecimientos previos de su
infancia, contemplando al joven Samuel como
un don de Dios a su pueblo. Ahora se convierte
en mediador de la palabra del Señor,
donde se adopta el esquema de la llamada
de los escogidos de Dios, y se articula
con una técnica narrativa: la triple
repetición para escenificar la acogida
de la palabra, pero en el caso de Samuel
tenemos una variante del esquema de base,
es decir, una cuarta llamada, destinada
a crear sorpresa, porque es inesperada.
El v.19 confirma esta presencia de Dios
en Samuel.
Nuestro tiempo
es
quizás la noche oscura en que Dios
ha hablado a Samuel: un mundo secularizado,
que confunde y sofoca la palabra divina.
Los rumores y el mucho hablar pueden distraer
en la escucha y contaminar el silencio.
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Sal 39.2.4ab.7-10
El Sal. alaba al Señor, porque
se inclina a quien espera en Él,
y al mismo tiempo se elogia la disponibilidad
del orante que acoge al Señor.
La mayoría de los estudiosos juzgan
el salmo como una composición artificial,
destinado a la liturgia. Este enfoque
se basa en la observación entre
la acción de gracias por el auxilio
recibido (v.2-11), y la súplica
de una angustia opresora (v.12-18), tensión
que no se comprende en una misma y única
situación.
El Sal. revela una tensión entre
poseer y luchar por la certeza de la fe,
presente a lo largo del mismo, y que no
puede ser ignorada con la división
del salmo, pues pertenece a la esencia
de la fe y es auténtico signo de
la piedad vital de un orante bíblico,
quien en el sendero de los altos y bajos
de su vivencia de fe camina hacia la esperanza.
Esta es la tesitura interior, y desde
la cual el salmo hay que interpretarlo
en modo unitario. Los v.7-10 concretan
una actitud genuina, que consiste en reconocer
la realidad trascendente de Dios, el cual
no se conforma con ofrendas, sino en la
canalización de la entera existencia
hacia Dios. El donarse a Dios significa
realmente una completa y plena entrega
de la totalidad de la persona, pues la
exigencia de Dios no es acogida como juego
extraño u opresor, sino como una
gozosa participación en la vida
que brota desde la conciencia de un corazón
que se sabe una realidad con el horizonte
divino, surgido de su palabra.
La palabra
divina, una
purificación de la conciencia:
El salmo desvela sentimientos de contradicción
que la existencia nos hace experimentar.
Desde ahí nos dirigimos a Dios,
y sólo desde esta tesitura nos
entendemos mejor a nosotros mismos. Enseña
a distanciarnos de nosotros, y juzgarnos
con la mayor lucidez posible. Tal desdoblamiento
denota madurez psicológica y una
fe abierta. Invita, pues, a dialogar consigo
mismo, sin esperar maestros ajenos; a
veces es mejor no hablar, sino sentir
el fuego interior, que surge al contacto
con la palabra divina.
1 Cor 6,13-15.17-20
Durante cinco domingos
la liturgia nos ofrece textos significativos
de la 1 Cor., ciudad marítima y
portuaria de Grecia. En este texto el
apóstol recuerda a los cristianos
la santidad del cuerpo humano: es “miembro
de Cristo” y “templo del Espíritu”.
Invita a los cristianos a no dejarse contaminar
por la impureza y caer en un desorden
moral. En esta sección San Pablo
reflexiona sobre el cuerpo humano, cual
santuario del Espíritu, que será
un cuerpo resucitado (v.14). El pensamiento
del apóstol sencillamente pretende
ensalzar la dignidad de la persona a la
luz del misterio de Cristo.
Jn
1,35-42
Es el relato del encuentro
de los primeros apóstoles con Cristo,
que se ajusta al proceso habitual de cada
llamada en la fe. Aquí Juan enfatiza
la actitud de búsqueda, favorecida
por un testimonio de alguien que ya vivido
este encuentro con el Señor, y
lo ha enriquecido, el Bautista. Tal encuentro
trasforma a quien se abre a la dimensión
de la fe.
El ev. propone en dos paneles simétricos
la llamada de los cinco primeros discípulos:
v.35-42, el seguimiento de Andrés,
el discípulo anónimo y Pedro,
y en los v.43-51 la llamada de Felipe
y Natanael. Jn subraya la portada cristológica
del evento. La respuesta de Jesús
“venid y veréis” supone
una apertura a contemplar su acción
en la dimensión total de su revelación,
es decir, una experiencia personal de
vida. Es necesario fiarse de Jesús
para “contemplarlo” en la
tesitura de revelador en todo el arco
del ev., pues en la totalidad de sus palabras
los discípulos pueden comprenderlo.
El verbo “ver” en Jn habitualmente
está referido a la fe, fe que brota
del encuentro personal con Cristo, pero
el Cristo total. “Ver” a Jesús
es posible sólo para quien descubre
en el hombre Jesús la divinidad
del Verbo. Indica una comunión
de vida con Jesús, la vivencia
de su palabra. La fe depende de la permanencia
de la palabra de Dios Padre, narrado por
Jesús, en el corazón de
los discípulos y creyentes. Con
este relato Juan describe el inicio de
la nueva comunidad mesiánica.
La liturgia
de la palabra en
este día ofrece sugerencias precisas
para el camino del discípulo, presenta
un programa de una vida cristiana, y desvela
el sentido de la vocación. Dios
suele tomar la iniciativa, se inserta
en la normalidad de los acontecimientos,
signos de su llamada, y quien responde
afirmativamente se fía de Él.
El texto evangélico de hoy canta
el don de la llamada, pura gracia, que
trasforma la vida de quien se abre a la
palabra y la persona de Cristo Jesús,
revelador histórico de Dios Padre.
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