Vigésimo noveno domingo del Tiempo Ordinario

Is 53, 10-11

Esta lectura pertenece a los Cánticos del Siervo de Yahvé, que se hallan en Dt-Is. Al Mesías se presenta con los caracteres de modestia, humildad, mansedumbre, y tal comportamiento suscita el desprecio en quienes que le contemplan, y, sobre todo, triunfa por la muerte, después de haber cumplido una misión de predicación a todas las gentes. Es más, sus sufrimientos y muerte contienen un carácter expiatorio, de satisfacción vicaria para los demás, concepto que es una verdadera isla en el AT. Los cánticos son: Is 42, 1-4; 49,1-6; 50,4-9 y 52,13-53,12.

Aquí se habla de los sufrimientos del Siervo, pues Dios lo ha escogido para expiar los pecados de muchos y en orden a la reconciliación. Por haber ofrecido su vida Dios le bendecirá y le otorgará una descendencia numerosa, los reconciliados y justificados con Dios, cumpliéndose así los designios de Dios (es decir, la iglesia).

Las dolencias del Siervo procuran la reconciliación con Dios en aquellos que se alejan de El y de sus planes salvadores.

Aplicación al NT: Los santos Padres han considerado todo este cántico como un quinto evangelio, ya que encuentra su pleno paralelo y cumplimiento en los relatos de la Pasión de Jesucristo.

Esta figura insólita del Siervo de Yahvé rompe todos los esquemas mentales tradicionales proféticos, pues para un israelita un Mesías sufriendo sería totalmente heterodoxo. Dios hace de su siervo fuente de justicia para los demás.

Transposición: El sufrimiento por el bien de los demás posibilita una comprensión de los mismos, que, quizás sin una persona cercana que conecte realmente con sus perspectivas, no hubiera sido posible.

Las dificultades favorecen la madurez, pues de esta manera entramos mejor dentro de las situaciones de los otros y alcanzamos un mayor realismo sobre nosotros mismos. “Sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama” (De la encíclica, Dios es amor, p. 40).

 

Sal 32,4-5. 18-19. 20.22

El Sal 32 es un himno festivo, destinado a la recitación comunitaria con el acompañamiento de la cítara, arpa y gritos de júbilo. El Sal podría haber adoptado para celebrar el inicio del año. El Sal ensalza la grandeza de Dios y está impregnado de una visión optimista de la realidad terrestre, trazada ya en Gén 1, y en los Sal 8; 29; 104. Pero para el creyente el fluir temporal de la historia, la realidad humana y moral, están coordinados por Dios en un diseño, que se verifica lentamente. El Sal se transforma así en un canto a la providencia. Es un himno a la palabra que crea (v.6.9), da estabilidad a la vida (v.4), guía la historia en la justicia (v.5), y es amor (v.5.18.22).

Es un himno a la palabra creadora que no está encerrada en el límite de las criaturas, sino que está sobre ellas en la trascendencia. Es un himno a la alegría y a la paz que ofrece esta palabra a quien sabe distinguir el nudo aparentemente contradictorio de la historia (v.1.12.21).

Estructura del Salmo: 1. Invitación a la alabanza (v.1-5), II. Cuerpo del himno (v.6-19), que abarca tres estrofas: la palabra creadora (v.6-9), la palabra histórica (10-15), la palabra cósmica y providencial (16-19), y III. Antífona final: invitación a la confianza: v.20-22.

Aplicación cristiana: El Sal describe el entrecruzarse de tres polos de nuestra existencia: Dios, el prójimo y el cosmos. Dios es el centro hacia el cual se orienta la persona y todo lo creado, y precisamente por esta dependencia el hombre queda vinculado a su hermano (v.12) y al mundo.

Heb 4, 14-16

Aquí empieza la descripción del sacerdocio de Cristo (Heb 4,14-7,28), y el texto de hoy es una introducción para iluminar la confianza en este Sacerdote excelso. Después se verán las cualidades que se requieren en todo sacerdote verdadero (5,1-4) y se mostrará cómo se realizan cumplidamente en Cristo (5,5-10). En el conjunto de esta sección Cristo aparece como un sacerdote misericordioso y comprensivo.

El v.14 confiesa que Cristo es Hijo de Dios, y precisamente por su naturaleza divina nos puede ayudar en nuestras bifurcaciones dolorosas.

El v.15 subraya que en medio de su elevación celestial, conoce las flaquezas humanas y sabe compadecerse de nosotros. “Compadecer” es sufrir con el otro, tener sus mismos sentimientos. Ya Is 53,4 describe semejantes actitudes del Siervo de Yahvé. El ha sido probado en todo exactamente como nosotros. Ha pasado larga y profundamente por cuanto a nosotros nos puede afligir y desconcertar. Ninguna de nuestras debilidades le es extraña, menos el pecado. No sólo nosotros somos presa de sinsabores y miedos, sino que esta realidad acompaña a toda persona, pero para llevarlos con dignidad Cristo nos acompaña y nos fortaleza, porque Él mismo las ha vivido.

Mc 10, 35-45

Dos escenas: la propuesta de los dos hijos de Zebedeo (v. 35-40), y la discusión entre los discípulos (v. 41-45).

A cada anuncio de la pasión por parte de Cristo sigue un texto que saca a flote la falta de comprensión de los discípulos, aumentando con la cercanía a los acontecimientos de la muerte de Cristo. Ahora son los hijos de Zebedeo, que le piden ocupar los primeros puestos en el reino mesiánico, entendido éste como una realidad terrestre. Se trata de un episodio poco favorable para ellos: Lc lo omite, y Mt pone en boca de la madre la petición que aquí formulan los hijos.

Es probable que la narración haya sido modelada según el género literario de los debates didácticos, como prueba la estructura simétrica de las preguntas y respuestas. En la elaboración eclesial la expresión “en la gloria” se refiere al reino celestial y el acento recae sobre los discípulos a seguir a Cristo en el sufrimiento.

La escena de la discusión está unida a la anterior en modo redaccional. La perspectiva ha cambiado completamente: del tema del reino celestial se pasa al estatuto de la comunidad. Lc los transporta a la última cena. En Mc las dos escenas están unidas por medio de una palabra clave: el verbo “querer”. El servicio alcanza su culminación en el don de la vida en ambas secciones (v.38.v.45).

El v.45 representa la cima cristológica de toda la larga sección, centrada en la instrucción a los discípulos (Mc 8,31-10,45), y constituye la interpretación por parte de la comunidad de la vida de Cristo, como modelo de servicio y entrega a los demás.

Aplicación: “el amor al prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y que cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Encíclica, Dios es amor, p.36). El Papa abunda en estos enfoques, que ilustran esta vertiente.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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