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Gen
2, 18-24
El perfil yahvista es
patente en Gén 2,18-24, que proporciona
la narración de la creación
del hombre, alcanzando su culminación
en el v.23. El relato posee resonancias
mitológicas comunes con el poema
de Gilgamesh, concretamente en la creación
de Enkidu. El texto trata de ilustrar la
relación entre el hombre y la mujer,
adoptando un lenguaje mítico, que
refleja cuestiones permanentes de la humanidad.
La pareja representa a toda la humanidad,
y la soledad del hombre es una cuestión
también que confluye también
a la hora de la creación de Enkidu.
El autor, como decimos, ha aprovechado tradiciones
mitológicas para expresar temas y
puntos nucleares del significado del hombre.
Aparte de la creación del hombre
y la mujer, se reflexiona sobre la referencia
entre ambos. Y en el fondo se afirma que
la vida es verdaderamente tal, cuando se
comparte y transmite: la soledad es pariente
de la muerte. Dios quiere dar la plenitud
de la vida, y por esto proporciona al hombre
un aliado. Tal término en hebreo
indica a alguien a la altura de su partner,
es decir, una persona de su mismo género.
En la Biblia se usa sólo para subrayar
la ayuda divina o superior, nunca para un
auxilio inferior. La mujer deriva del mismo
tejido que el hombre: tal es el sentido
del relato simbólico de la formación
de la mujer. El aliado es un don de Dios;
ser de la misma carne, y tener los mismos
huesos significa una profunda connaturalidad
entre el hombre y la mujer. “Ser una
sola carne” no signfica sólo
la unión carnal de los esposos, sino
una unión conyugal en toda su amplitud,
es decir, el empeño recíproco
de fidelidad y amor que los une en todo
su ser con el fin de formar un solo ser.
Texto emblemático:
No hace falte decir que esta lectura
constituye una referencia muy significativa
en el pensamiento cristiano de ayer y hoy,
y en futuro. Visto su lenguaje mitológico
y simbólico, aquí se afirma
la idéntica dignidad del hombre y
la mujer, y se ensalza la unión matrimonial
entre ambos, su plena comunión.
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Sal 127,
1-6
Cántico de la bendición
familiar: la fe, el trabajo, la esposa,
los hijos, la ciudad. Contiene cuarenta
y cinco palabras; es un salmo lleno de
paz, alegría y paz, porque el horizonte
se apoya en certeza de Dios, y según
la doctrina sapiencial de la retribución
canta el gozo de la bendición y
la cercanía de Dios para aquel
que teme al Señor. En la tradición
cristiana se le han aplicado enfoques:
esquemas alegóricos (Cristo y la
iglesia en el ámbito alejandrino),
sin embargo los antioquenos subrayan el
perfil familiar.
- El “temor del Señor”
es una actitud global de la vida ante
Dios, y confiesa la conciencia de su paternidad.
Tal tesitura aporta al orante la bendición
de Dios, siempre fuente de bienestar,
felicidad y paz para todos sus días.
La bendición se extiende al ámbito
familiar, y a la fecundidad. La bendición
es, pues, una experiencia física
y espiritual, biológica e interior.
En el fondo la bendición conlleva
una retribución moral del hombre
que se fía de Dios.
Lectura
matrimonial: Ya antes hemos notado
cómo el salmo ha sido releído
en clave alegórica, y también
con un enfoque matrimonial, que sugiere
la liturgia, viendo en la vida familiar
la bendición prolongada y anunciada
en el texto del Gén, y que quiere
emular el amor de Cristo por su iglesia.
Heb 2,
9-11
Hoy se inicia la lectura
de esta carta, y en este texto el autor
subraya la grandeza de Jesús, que
nos ha salvado con su pasión y
cruz, haciéndose hombre como nosotros.
Recordemos que esta carta contiene un
grandioso enfoque cristológico
de Cristo, como Sumo y Eterno Sacerdote,
y hoy la liturgia se detiene en el abajamiento
y exaltación del Hijo.
Mc
10, 2-16
El núcleo doctrinal
gira en torno a un dicho de Jesús,
también existente en la fuente
Q, sobre la indisolubilidad del matrimonio.
Se halla en un marco de controversia,
estructurado así: v. 1 introducción.
Continúa el debate entre Jesús
y los fariseos (v.2-9), y la instrucción
a los discípulos sobre el tema
(v.10-12). La liturgia ofrece a su vez
la bendición de los niños.
La composición refleja la mentalidad
de la comunidad primitiva en el contexto
helenístico sobre el divorcio,
confirmando la prohibición de Jesús.
Entre los fariseos había interpretaciones
diversas de Dt 24,1, unas más flexibles,
y otras más rígidas. Dt
24,1 contiene la concesión mosaica,
considerada un signo de la benevolencia
de Dios hacia los hebreos. En realidad
la legislación encauzaba la anclada
praxis del divorcio: el acta de repudio
a la mujer obligaba primero al marido
a reflexionar.. La finalidad del acta
era favorecer a la mujer, que no quedaba
más al capricho del marido. La
prescripción del acta de repudio
entre los judíos era acordada sólo
por el hombre y no por la mujer.
- La enseñanza de Jesús
afirma que tal concesión de Moisés
no era un privilegio para los judíos,
sino una señal de su dureza de
corazón, es decir, su oposición
a la voluntad originaria de Dios (Gén
1,27). En la unión matrimonial
el hombre y la mujer forman una sola carne,
es decir, una comunión profunda,
y supone una total y absoluta dedición.
No existe una imposición opresora,
sino una libre elección y liberadora,
que depende de la estructura personal
del hombre y la mujer, y que conforma
su dignidad. La enseñanza de Jesús
confirma la novedad y radicalidad de Jesús,
que había impactado en la comunidad
primitiva.
Temática
actual: Como
vemos la palabra de Dios alcanza a núcleos
decisivos para la vida del creyente, como
hombre o mujer. Jesús apela a no
rendirse antes las dificultades de carácter,
incomunicabilidad, y múltiples
dificultades, de las cuales hoy se habla
mucho. El, que sabe muy bien lo que significa
la incomunicabilidad, porque la vivido,
nos garantiza que con Dios “nada
es imposible”. Con otras palabras,
las leyes sirven para impedirnos alejarnos
ruinosamente de las intenciones de Cristo.
Pero nuestra vida no debe contentarse
con las leyes, sino más bien mirar
el ideal y el comportamiento de Jesús,
revelador y exégeta de Dios Padre.
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