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Is
50, 5-10
El texto de hoy coincide
con el tercer canto del siervo del Señor,
que en circunstancias de tenso sufrimiento
a causa de sus perseguidores sigue confiando
en Dios. Es una especie de salmo del profeta
afligido y amargado por los continuos fracasos
en su misión de transmitir la palabra
de Dios. No obstante, espera ser escuchado.
Ante una tarea dificil y incomoda no se
echa atrás, ni opone resistencia
a Dios que lo llama para enviarlo a sus
hermanos. Se halla dispuesto a sufrir a
causa del mensaje, es decir, la flagelación,
lapidación, etc. La fidelidad a su
misión, que es acogida de Dios, supone
constancia, coraje, capacidad para afrontar
el sufrimiento, siendo sabedor que tal tesitura
adquiere una nueva dimensión, incluido
el dolor. Tal seguridad le fortalece ante
sus adversarios.
Del fragmento se desprende que nos hallamos
ante una personalidad profética,
pero, dado el contexto del profeta de Dt-Is,
se observa que las figuras individuales
de los “siervos” representan
diferentes formas de servicio, al cual todo
el pueblo de Israel es llamado. Se puede
sostener que el siervo-profeta sea una figura
simbólica de todo el pueblo de Israel.
Es un texto, donde se proclama por primera
vez en el AT el carácter redentor
del sufrimiento, siempre en relación
con la salvación y desvelamiento
de la identidad del credente. Además,
este texto facilita una comprensión
de la lectura evangélica hoy, en
cuanto se abren dimensiones nuevas de la
comprensión de la existencia, que
incluye el sufrimiento desconcertante.
Un mensaje
clarificador:
La verdad cristiana es una alegre noticia
de salvación, pero a veces ha sido
confundido con un anuncio triste, ya que
conlleva una llamada a servir y llevar la
cruz. En el fondo existen algunas dicotomías:
la separación de alegría y
servicio, fe y obras, realización
de sí mismo y conducta cristiana.
Las lecturas de este domingo nos sugieren
que debemos superar ciertas “separaciones”,
que debemos a habituarnos a englobar los
aspectos discordantes que la vida diaria
ofrece, sin perder nuestra entereza y serenidad,
dado que el Señor nos ayuda, parafraseando
el pensamiento final de la lectura profética.
Con su cercanía podemos afrontar
los contrastes vitales, de lo contrario
nos inclinaríamos hacia disyuntivas
fáciles y cómodas, pero quizás
no auténticas.
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Sal 114,
1-9
A próposito de este salmo
Heschel (escritor hebreo) ha afirmado
que la “dignidad de la existencia
humana reside en su reciprocidad….
crezco como persona, cuando comprendo
el significado del recibir y dar, y comienzo
a intercambiar” . “Nuestro
ser es un don en forma de enigma”.
Es un salmo que pertenece al género
de “acción de gracias personal”,
donde el orante da rienda suelta a sus
sentimientos ante Dios para expresar su
estado de ánimo lacerado por el
sufrimiento. El contenido de la plegaria
es un centón de citas bíblicas,
y su ámbito hay que situarlo en
el segundo templo después del exilio
ante la asamblea formada por los “temerosos
de Dios”. La liturgia hoy ofrece
la primera parte (v.1-9), donde se ensalza
la fe del orante frente al binomio que
lo acecha: vida y muerte en tesitura dialéctica.
Es un soliloquio ante Dios, que refleja
una angustia, superada debido al auxilio
divino.. La segunda parte (v.7-13) enfatiza
la paz lograda, gracias al Señor,
y la tercera (v.14-19) abunda en el agradecimiento.
Perenne
oración: Expresa los complejos
sentimientos y sensibilidad del orante
de cualquier época, que, sumergido
en una angustia profunda y ansiedad amarga,
ha luchado contra muchas situaciones adversas
para conseguir la felicidad serena de
un corazón protegido por el amor
de Dios, un corazón que se vuelca
totalmente en reconocimiento y acción
de gracias. Es sabedor que sólo
Dios le puede donar esta calma, que le
es negada en muchos ámbitos de
cuño humano. Esta certeza de “caminar
delante del Señor” ayuda
superar un sin fin de nudos vitales difíciles
de desatar, que son trampas para vivir
con serenidad.
Sant 2,
14-18
Texto nuclear de esta
carta. Con estas palabras el autor sostiene
la tesis teológica que la fe, por
sí sola, no es suficiente para
conseguir la salvación. Él
pretende decir que la fe es una actitud
global y compleja de la persona. Afirma
la unión inseparable entre la fe
y praxis del amor cristiano. Dicho con
otras palabras: la ortodoxia se verifica
en la ortopraxis. Una y otra tienen la
misma importancia. La fe, la esperanza
y la caridad son tres dimensiones de una
misma actitud, tres aspectos de un mismo
acto existencial. Esto significa que entre
el conocer y hacer existe una reciprocidad
e implicación. El conocimiento
posibilita la elección y la acción,
pero éstas influyen sobre dicho
conocimiento. Este proceso conduce a sus
orígenes, es decir, Cristo, en
el cual no existe separación alguna
entre el conocer y actuar.
La totalidad
de la persona: La
lectura apostólica insiste, pues,
que ante Dios no deben existir franjas
éticas que queden al margen del
encuentro en la fe con Cristo.
Mc
8, 27-35
La profesión mesiánica
de Pedro constituye en Mc la llave de
comprensión del evangelio, la vertiente
del evangelio. En la primera parte el
autor ha logrado crear una fuerte tensión
sobre la identidad misteriosa de Jesús,
que quedaba un tanto incomprensible y
escondida, el llamado “secreto mesiánico”.
Ahora los discípulos confiesan
claramente que Jesús es el Mesías,
confesión todavía incompleta,
que será clarificada en la crucifixión,
donde se desvelará plenamente la
verdadera identidad de Jesús. Éste
exhorta a sus discípulos a seguirlo
en el camino de la cruz para reconocerlo
como el “Hijo del hombre”.
La confesión de Pedro se puede
considerar como la introducción
de la “historia de la pasión”,
tal como se observa en el primer anuncio
de la pasión (v.31-33), texto muy
antiguo, tal como se desprende del estilo
semítico.
Así, pues, literariamente el texto
de hoy contiene dos unidades: La confesión
de fe (v.27-30), que se contiene un exordio
(v.27), siguen dos preguntas (v.27-29),
y la insistencia en el silencio (v.30).
El llamado secreto mesiánico será
desvelado por el centurión a los
pies de la cruz (15,39), quien lo confesará
como verdadero Hijo de Dios. La segunda
unidad, el primer anuncio de la pasión
(v.31-33), actúa como comienzo
de la “historia de la pasión”.
Este primer anuncio está unido
al reproche a Pedro, donde se aprecia
la incomprensión de los discípulos
en encajar un mesianismo de sufrimiento,
que contrastaba con la idea popular de
un mesianismo de corte político.
El seguimiento
de Cristo: La
encarnación del Verbo de Dios supone
un discernimiento del corazón de
la persona, e insiste que ciertos ámbitos,
creados por la misma, sólo se pueden
superar con una generosidad que llega
hasta el sufrimiento, y a veces muy amplio.
El camino de la renuncia es vivir con
coraje y entrega el desafío frente
a nosotros mismos, todo aquello que se
opone a las opciones de fondo hechas por
el Mesías crucificado. Y vivir
de esta manera tiene mucho que ver con
la madurez de la fe.
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