Vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario

Is 50, 5-10

El texto de hoy coincide con el tercer canto del siervo del Señor, que en circunstancias de tenso sufrimiento a causa de sus perseguidores sigue confiando en Dios. Es una especie de salmo del profeta afligido y amargado por los continuos fracasos en su misión de transmitir la palabra de Dios. No obstante, espera ser escuchado. Ante una tarea dificil y incomoda no se echa atrás, ni opone resistencia a Dios que lo llama para enviarlo a sus hermanos. Se halla dispuesto a sufrir a causa del mensaje, es decir, la flagelación, lapidación, etc. La fidelidad a su misión, que es acogida de Dios, supone constancia, coraje, capacidad para afrontar el sufrimiento, siendo sabedor que tal tesitura adquiere una nueva dimensión, incluido el dolor. Tal seguridad le fortalece ante sus adversarios.

Del fragmento se desprende que nos hallamos ante una personalidad profética, pero, dado el contexto del profeta de Dt-Is, se observa que las figuras individuales de los “siervos” representan diferentes formas de servicio, al cual todo el pueblo de Israel es llamado. Se puede sostener que el siervo-profeta sea una figura simbólica de todo el pueblo de Israel. Es un texto, donde se proclama por primera vez en el AT el carácter redentor del sufrimiento, siempre en relación con la salvación y desvelamiento de la identidad del credente. Además, este texto facilita una comprensión de la lectura evangélica hoy, en cuanto se abren dimensiones nuevas de la comprensión de la existencia, que incluye el sufrimiento desconcertante.

Un mensaje clarificador: La verdad cristiana es una alegre noticia de salvación, pero a veces ha sido confundido con un anuncio triste, ya que conlleva una llamada a servir y llevar la cruz. En el fondo existen algunas dicotomías: la separación de alegría y servicio, fe y obras, realización de sí mismo y conducta cristiana. Las lecturas de este domingo nos sugieren que debemos superar ciertas “separaciones”, que debemos a habituarnos a englobar los aspectos discordantes que la vida diaria ofrece, sin perder nuestra entereza y serenidad, dado que el Señor nos ayuda, parafraseando el pensamiento final de la lectura profética. Con su cercanía podemos afrontar los contrastes vitales, de lo contrario nos inclinaríamos hacia disyuntivas fáciles y cómodas, pero quizás no auténticas.

 

Sal 114, 1-9

A próposito de este salmo Heschel (escritor hebreo) ha afirmado que la “dignidad de la existencia humana reside en su reciprocidad…. crezco como persona, cuando comprendo el significado del recibir y dar, y comienzo a intercambiar” . “Nuestro ser es un don en forma de enigma”.

Es un salmo que pertenece al género de “acción de gracias personal”, donde el orante da rienda suelta a sus sentimientos ante Dios para expresar su estado de ánimo lacerado por el sufrimiento. El contenido de la plegaria es un centón de citas bíblicas, y su ámbito hay que situarlo en el segundo templo después del exilio ante la asamblea formada por los “temerosos de Dios”. La liturgia hoy ofrece la primera parte (v.1-9), donde se ensalza la fe del orante frente al binomio que lo acecha: vida y muerte en tesitura dialéctica. Es un soliloquio ante Dios, que refleja una angustia, superada debido al auxilio divino.. La segunda parte (v.7-13) enfatiza la paz lograda, gracias al Señor, y la tercera (v.14-19) abunda en el agradecimiento.

Perenne oración: Expresa los complejos sentimientos y sensibilidad del orante de cualquier época, que, sumergido en una angustia profunda y ansiedad amarga, ha luchado contra muchas situaciones adversas para conseguir la felicidad serena de un corazón protegido por el amor de Dios, un corazón que se vuelca totalmente en reconocimiento y acción de gracias. Es sabedor que sólo Dios le puede donar esta calma, que le es negada en muchos ámbitos de cuño humano. Esta certeza de “caminar delante del Señor” ayuda superar un sin fin de nudos vitales difíciles de desatar, que son trampas para vivir con serenidad.

Sant 2, 14-18

Texto nuclear de esta carta. Con estas palabras el autor sostiene la tesis teológica que la fe, por sí sola, no es suficiente para conseguir la salvación. Él pretende decir que la fe es una actitud global y compleja de la persona. Afirma la unión inseparable entre la fe y praxis del amor cristiano. Dicho con otras palabras: la ortodoxia se verifica en la ortopraxis. Una y otra tienen la misma importancia. La fe, la esperanza y la caridad son tres dimensiones de una misma actitud, tres aspectos de un mismo acto existencial. Esto significa que entre el conocer y hacer existe una reciprocidad e implicación. El conocimiento posibilita la elección y la acción, pero éstas influyen sobre dicho conocimiento. Este proceso conduce a sus orígenes, es decir, Cristo, en el cual no existe separación alguna entre el conocer y actuar.

La totalidad de la persona: La lectura apostólica insiste, pues, que ante Dios no deben existir franjas éticas que queden al margen del encuentro en la fe con Cristo.

Mc 8, 27-35

La profesión mesiánica de Pedro constituye en Mc la llave de comprensión del evangelio, la vertiente del evangelio. En la primera parte el autor ha logrado crear una fuerte tensión sobre la identidad misteriosa de Jesús, que quedaba un tanto incomprensible y escondida, el llamado “secreto mesiánico”. Ahora los discípulos confiesan claramente que Jesús es el Mesías, confesión todavía incompleta, que será clarificada en la crucifixión, donde se desvelará plenamente la verdadera identidad de Jesús. Éste exhorta a sus discípulos a seguirlo en el camino de la cruz para reconocerlo como el “Hijo del hombre”. La confesión de Pedro se puede considerar como la introducción de la “historia de la pasión”, tal como se observa en el primer anuncio de la pasión (v.31-33), texto muy antiguo, tal como se desprende del estilo semítico.

Así, pues, literariamente el texto de hoy contiene dos unidades: La confesión de fe (v.27-30), que se contiene un exordio (v.27), siguen dos preguntas (v.27-29), y la insistencia en el silencio (v.30). El llamado secreto mesiánico será desvelado por el centurión a los pies de la cruz (15,39), quien lo confesará como verdadero Hijo de Dios. La segunda unidad, el primer anuncio de la pasión (v.31-33), actúa como comienzo de la “historia de la pasión”. Este primer anuncio está unido al reproche a Pedro, donde se aprecia la incomprensión de los discípulos en encajar un mesianismo de sufrimiento, que contrastaba con la idea popular de un mesianismo de corte político.

El seguimiento de Cristo: La encarnación del Verbo de Dios supone un discernimiento del corazón de la persona, e insiste que ciertos ámbitos, creados por la misma, sólo se pueden superar con una generosidad que llega hasta el sufrimiento, y a veces muy amplio. El camino de la renuncia es vivir con coraje y entrega el desafío frente a nosotros mismos, todo aquello que se opone a las opciones de fondo hechas por el Mesías crucificado. Y vivir de esta manera tiene mucho que ver con la madurez de la fe.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

Material Litúrgico


Principal | S. Francisco | Nuestras Casas | Historia | Actividades | Publicaciones | Bibliotecas| Enlaces | email |
© 2009 Fr. Miguel Álvarez Barredo, ofm