Vigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario

Escuchar y hacer

Dt 4, 1-2. 6-8

En Dt 4 confluye una serie de estratos redaccionales, que giran en torno al esquema del formulario de la alianza. El primer bloque: Dt 4,1-4.5-8.9-14 encierra unas exhortaciones sobre la obediencia a la ley, puestas en labios de Moisés en su primer discurso antes de entrar en la tierra prometida. Es un momento de gran trascendencia para el pueblo de Israel, y así se explica los continuos retoques teológicos que Dt 4 ha sufrido debido a relecturas posteriores. Israel estaba para comenzar una etapa decisiva de su historia, que se caracterizará por su fidelidad a Dios, la idolatría o rebeldía, que acabará con el desastre del exilio. De ahí que las relecturas últimas alertan con tonos serios sobre la posibilidad que Israel abandone a Dios, y se crea autosuficiente con su comportamiento en el escenario de la tierra prometida. Es, pues, una encrucijada; de ahí, la solemnidad de las palabras de Moisés.

El mensaje establece la siguiente secuencia: escucha de la palabra, insistencia en ponerla en práctica, y a vivirla constantemente. Son tres aspectos inseparables de la existencia del creyente, que, efectivamente, surge de la escucha, y será real cuando incida sobre la vida, apareciendo en ese momento la verdadera sabiduría, como afirma la lectura de hoy. El ajustarse éticamente a la palabra divina facilita sabiduría e inteligencia a la existencia, y tal sabiduría una vida serena y plena. El mensaje facilita una estabilidad, que no sería fácil, si sólo nos apoyamos en nuestros criterios. Los mandatos de Dios apuntan en primer lugar a crear la vida, no son un código de prohibiciones o anulación de personalidad. Son la luz que viene de lo alto, iluminan nuestros pasos de nuestra tierra prometida, es decir, nuestra existencia como donación de Dios.

Palabra sabia: Esta insiste en la unidad de la escucha con la praxis de su mensaje. Si fraccionamos esta tesitura pueden aparecer en nuestro animo vital actitudes impulsivas, improvisadas, no meditadas, y carentes de sensatez y sabiduría. ¡Cuánto horas grises y mezquinas en nuestra vida por actuar sin unir nuestra conducta con la escucha de la palabra divina! Un filósofo existencialista, M.Blondel, afirmaba que pensar en Dios es una acción…, y cuando nuestro pensamiento está satisfecho de sí mismo se convierte en desfiladero hacia el vacío. Parafraseando su tesis podemos afirmar que para pensar cristianamente es necesario vivir en plenitud la “verdad” cristiana. Conocimiento, opción, y acción son dimensiones del único acto vital, con el cual nos relacionamos con la verdad. Si vivimos con tal actitud no debemos esperar un futuro lejano o mítico, sino probar ya un arco existencial alegre y sereno.

 

Sal 14, 2-5

Es un salmo litúrgico, en el cual se contemplan determinadas actitudes para participar en el culto. Con serie de preguntas se van concretando las condiciones para ser del agrado de Dios en su santuario. Los interrogantes desglosados a lo largo del salmo coinciden con otros textos del AT, donde el sacerdote o levita formulaba los requisitos para entrar en el santuario de Dios. El Sal ofrece una estructura nítida: la pregunta inicial y oficial para ingresar en el templo (v.1), la respuesta con once enunciados (v.2b-5ab) que giran en torno a la ética social y derecho de Israel, y en el v.5cd se retoma el interrogante inicial, donde se confirma que el templo de Dios ofrece seguridad al orante. El Sal descansa sobre algunos conceptos fundamentales, como “habitar”, “templo, tienda”, “estabilidad”, sobre todo en la primera parte, y en la segunda domina la “palabra”, que se concreta en enfoques específicos, como “calumniar”, “difamar”, “retractar”, etc. Se puede apreciar una ausencia de elementos rituales, y gran insistencia en un compromiso existencial. Más que serie de acciones precisas, se trata de actitud vital permanente, que abraza el abanico de la existencia. Más que unas normas el Sal 15 constituye una interpelación moral al creyente.

Clarificaciones para la vida: Todo precepto divino para el israelita era signo de una cercanía personal de Dios, y paralelamente la acogida del mismo posibilita el acceso a Dios. No se juega con medias tintas, sino que las indicaciones del salmo piensan en una globalidad que nos ayudan a calibrar el sentido de nuestra presencia ante Dios en el ámbito cultual. ¡Una bella radiografía de la interioridad para quien desee participar en el culto!

Sant 1, 17-18. 21-22. 27

La carta de Santiago prosigue la dinámica de la meditación, subrayando que todo beneficio nos viene “de arriba, del Padre”. La lectura de hoy pertenece al discurso parenético. En este caso la aceptación de la palabra divina suscita en nosotros nuevos modos de pensar y actuar, es la “palabra de la verdad”, que en el contexto del AT significa “la ley de la libertad”. Esta salva nuestras vidas, pues nosotros somos incapaces de crear nuestra alegría. El “germen” divino infunde en nosotros un nuevo gozo de vivir, y aleja de nuestros radios vivenciales los miedos que nos bloquean, o nos hacen agresivos y violentos, y las ilusiones que nos dejan insatisfechos. Esta palabra venida de lo alto nos armoniza, pero hay que sopesarla, apreciarla, no se impone como una “cosa”, que nos entretiene, sino que confiere plenitud. Si realmente queremos, desaparecerían nuestras tristezas, soledades, y nuestra inquieta e insatisfecha vaciedad.

Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23

Mc 7,1-23 ofrece una segunda enseñanza sistemática de Jesús. La variedad de los temas tratados delata que no se trata de una composición unitaria y originaria. Dada la variedad de argumentos se piensa en una colección redaccional, que se ha formado en la comunidad primitiva para profundizar en el sentido cristiano de la verdadera pureza. La perícopa se puede dividir en dos secciones: las tradiciones humanas y el mandamiento divino (v.1-13), y la abolición de la ley sobre los alimentos puros (v.14-23). El cambio de los interlocutores sirve para separar la enseñanza de Jesús: los fariseos y escribas en el v.1, la multitud en el v.14, y los discípulos en el v.17.

- Jesús se centra en el corazón, núcleo profundo de la persona. El texto nos ofrece una serie de actitudes que hacen impuro al hombre. En palabras breves, los vicios son posibles en el hombre, y según la apreciación evangélica del hombre podemos esperar muchas sorpresas. Jesús sólo quiere dejar claro que los mandatos divinos pueden producir frutos buenos en nosotros, cuando los acogemos. No debemos buscar culpables fuera de nosotros, como si nosotros fuéramos inocentes. Si somos coherentes ante Dios, nuestra vida puede cambiar, al tiempo que nos libra de tantas “interpretaciones” humanas, a veces innecesarias e inútiles.

La religión pura: El cristianismo no es cuestión de sólo sentimiento, sino de un compromiso que abarque toda la vida. La palabra de Dios puede lentamente ir transformando nuestras ideas, proyectos. La coherencia de vida purifica el corazón, pero debemos dejarnos moldearnos para que vayan desapareciendo tantas adherencias humanas con que podemos envolver el mandato de Dios. Cuando dejamos obrar a Dios en nosotros se producen frutos maravillosos.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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