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Escuchar y
hacer
Dt
4, 1-2. 6-8
En Dt 4 confluye una serie
de estratos redaccionales, que giran en
torno al esquema del formulario de la alianza.
El primer bloque: Dt 4,1-4.5-8.9-14 encierra
unas exhortaciones sobre la obediencia a
la ley, puestas en labios de Moisés
en su primer discurso antes de entrar en
la tierra prometida. Es un momento de gran
trascendencia para el pueblo de Israel,
y así se explica los continuos retoques
teológicos que Dt 4 ha sufrido debido
a relecturas posteriores. Israel estaba
para comenzar una etapa decisiva de su historia,
que se caracterizará por su fidelidad
a Dios, la idolatría o rebeldía,
que acabará con el desastre del exilio.
De ahí que las relecturas últimas
alertan con tonos serios sobre la posibilidad
que Israel abandone a Dios, y se crea autosuficiente
con su comportamiento en el escenario de
la tierra prometida. Es, pues, una encrucijada;
de ahí, la solemnidad de las palabras
de Moisés.
El mensaje establece la siguiente secuencia:
escucha de la palabra, insistencia en ponerla
en práctica, y a vivirla constantemente.
Son tres aspectos inseparables de la existencia
del creyente, que, efectivamente, surge
de la escucha, y será real cuando
incida sobre la vida, apareciendo en ese
momento la verdadera sabiduría, como
afirma la lectura de hoy. El ajustarse éticamente
a la palabra divina facilita sabiduría
e inteligencia a la existencia, y tal sabiduría
una vida serena y plena. El mensaje facilita
una estabilidad, que no sería fácil,
si sólo nos apoyamos en nuestros
criterios. Los mandatos de Dios apuntan
en primer lugar a crear la vida, no son
un código de prohibiciones o anulación
de personalidad. Son la luz que viene de
lo alto, iluminan nuestros pasos de nuestra
tierra prometida, es decir, nuestra existencia
como donación de Dios.
Palabra sabia:
Esta
insiste en la unidad de la escucha con la
praxis de su mensaje. Si fraccionamos esta
tesitura pueden aparecer en nuestro animo
vital actitudes impulsivas, improvisadas,
no meditadas, y carentes de sensatez y sabiduría.
¡Cuánto horas grises y mezquinas
en nuestra vida por actuar sin unir nuestra
conducta con la escucha de la palabra divina!
Un filósofo existencialista, M.Blondel,
afirmaba que pensar en Dios es una acción…,
y cuando nuestro pensamiento está
satisfecho de sí mismo se convierte
en desfiladero hacia el vacío. Parafraseando
su tesis podemos afirmar que para pensar
cristianamente es necesario vivir en plenitud
la “verdad” cristiana. Conocimiento,
opción, y acción son dimensiones
del único acto vital, con el cual
nos relacionamos con la verdad. Si vivimos
con tal actitud no debemos esperar un futuro
lejano o mítico, sino probar ya un
arco existencial alegre y sereno.
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Sal 14,
2-5
Es un salmo litúrgico, en el cual
se contemplan determinadas actitudes para
participar en el culto. Con serie de preguntas
se van concretando las condiciones para
ser del agrado de Dios en su santuario.
Los interrogantes desglosados a lo largo
del salmo coinciden con otros textos del
AT, donde el sacerdote o levita formulaba
los requisitos para entrar en el santuario
de Dios. El Sal ofrece una estructura
nítida: la pregunta inicial y oficial
para ingresar en el templo (v.1), la respuesta
con once enunciados (v.2b-5ab) que giran
en torno a la ética social y derecho
de Israel, y en el v.5cd se retoma el
interrogante inicial, donde se confirma
que el templo de Dios ofrece seguridad
al orante. El Sal descansa sobre algunos
conceptos fundamentales, como “habitar”,
“templo, tienda”, “estabilidad”,
sobre todo en la primera parte, y en la
segunda domina la “palabra”,
que se concreta en enfoques específicos,
como “calumniar”, “difamar”,
“retractar”, etc. Se puede
apreciar una ausencia de elementos rituales,
y gran insistencia en un compromiso existencial.
Más que serie de acciones precisas,
se trata de actitud vital permanente,
que abraza el abanico de la existencia.
Más que unas normas el Sal 15 constituye
una interpelación moral al creyente.
Clarificaciones
para la vida:
Todo precepto divino para el israelita
era signo de una cercanía personal
de Dios, y paralelamente la acogida del
mismo posibilita el acceso a Dios. No
se juega con medias tintas, sino que las
indicaciones del salmo piensan en una
globalidad que nos ayudan a calibrar el
sentido de nuestra presencia ante Dios
en el ámbito cultual. ¡Una
bella radiografía de la interioridad
para quien desee participar en el culto!
Sant 1,
17-18. 21-22. 27
La carta de Santiago
prosigue la dinámica de la meditación,
subrayando que todo beneficio nos viene
“de arriba, del Padre”. La
lectura de hoy pertenece al discurso parenético.
En este caso la aceptación de la
palabra divina suscita en nosotros nuevos
modos de pensar y actuar, es la “palabra
de la verdad”, que en el contexto
del AT significa “la ley de la libertad”.
Esta salva nuestras vidas, pues nosotros
somos incapaces de crear nuestra alegría.
El “germen” divino infunde
en nosotros un nuevo gozo de vivir, y
aleja de nuestros radios vivenciales los
miedos que nos bloquean, o nos hacen agresivos
y violentos, y las ilusiones que nos dejan
insatisfechos. Esta palabra venida de
lo alto nos armoniza, pero hay que sopesarla,
apreciarla, no se impone como una “cosa”,
que nos entretiene, sino que confiere
plenitud. Si realmente queremos, desaparecerían
nuestras tristezas, soledades, y nuestra
inquieta e insatisfecha vaciedad.
Mc
7, 1-8. 14-15. 21-23
Mc 7,1-23 ofrece una
segunda enseñanza sistemática
de Jesús. La variedad de los temas
tratados delata que no se trata de una
composición unitaria y originaria.
Dada la variedad de argumentos se piensa
en una colección redaccional, que
se ha formado en la comunidad primitiva
para profundizar en el sentido cristiano
de la verdadera pureza. La perícopa
se puede dividir en dos secciones: las
tradiciones humanas y el mandamiento divino
(v.1-13), y la abolición de la
ley sobre los alimentos puros (v.14-23).
El cambio de los interlocutores sirve
para separar la enseñanza de Jesús:
los fariseos y escribas en el v.1, la
multitud en el v.14, y los discípulos
en el v.17.
- Jesús se centra en el corazón,
núcleo profundo de la persona.
El texto nos ofrece una serie de actitudes
que hacen impuro al hombre. En palabras
breves, los vicios son posibles en el
hombre, y según la apreciación
evangélica del hombre podemos esperar
muchas sorpresas. Jesús sólo
quiere dejar claro que los mandatos divinos
pueden producir frutos buenos en nosotros,
cuando los acogemos. No debemos buscar
culpables fuera de nosotros, como si nosotros
fuéramos inocentes. Si somos coherentes
ante Dios, nuestra vida puede cambiar,
al tiempo que nos libra de tantas “interpretaciones”
humanas, a veces innecesarias e inútiles.
La religión
pura:
El cristianismo no es cuestión
de sólo sentimiento, sino de un
compromiso que abarque toda la vida. La
palabra de Dios puede lentamente ir transformando
nuestras ideas, proyectos. La coherencia
de vida purifica el corazón, pero
debemos dejarnos moldearnos para que vayan
desapareciendo tantas adherencias humanas
con que podemos envolver el mandato de
Dios. Cuando dejamos obrar a Dios en nosotros
se producen frutos maravillosos.
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