Vigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario

La opción fundamental de vida

Jos 24,1-2.15-17.18 a

Jos 24 es un texto clásico del enfoque deuterononomístico a la hora de interpretar la alianza e historia de Israel. Constituye el “discurso del adiós” de Josué antes de su muerte, y por eso se dirige a todas las tribus de Israel, y les recuerda el patrimonio religioso vivido en la experiencia del éxodo y la revelación de Dios, y les pide que adoren exclusivamente al Señor. Dichas tribus se sentían inclinadas hacia la religiosidad Cananea, que en el fondo ligitimaba un sistema económico y político con las correspondientes opresiones. Las tribus eligen servir a Dios, lo cual implica no sólo una monolatría teórica, sino también práctica. Tal perfil constituye el gozne y definición de las tribus, más que su unidad política. Las tribus cananeas tenían sus dioses; nos hallamos, pues, en un contexto politeísta, y ver a Yahvé por parte de los israelitas como un dios más era un peligro latente, real y natural. De ahí las preocupaciones de Josué, porque el grado de incidencia de Dios podía quedar truncado o diluido; en palabras más directas, Israel podía perder su identidad.

Josué les recuerda que el modo de encontrar a Dios es el trazado por la liberación de Egipto, y esto significa que Yahvé no es el faraón, ni un rey de Canaán. Dios ha creado un pueblo de hermanos, y no de esclavos. El primer mandamiento posee, pues, un alcance de carácter socio-político revolucionario, ya que ningún israelita puede apoyarse en Dios para legitimar injusticias, opresiones, ni hacer prevalecer el poder de unos sobre otros. El Dios de la liberación de Egipto garantiza la libertad a todo israelita.

La pérdida de identidad: La vida puede conllevar arcos de infidelidad porque no dejamos que Dios nos acompañe en nuestro caminar a la hora de opciones, y esto sucede de una manera más nítida, cuando hay crisis de modelos económicos, o culturales. Y haberlos hay, aunque no estemos en sociedad del s. XII a. C. Entonces también existía la tentación o la valoración según expresiones oídas: “da lo mismo una cosa que otra”, “da lo mismo ir que no ir a misa”, la ética que deriva de las circunstancias contigentes es la más válida.Y al final, ¿qué nos queda? ¿Por qué ir contracorriente? ¿Qué ventajas tiene aferrarse a unas ideas trasnochadas según ciertos criterios progresistas? ¿No es más práctico o moderno dejarse llevar por enfoques imperantes? O dicho de modo más más directo ¿Dios no es demasiado exigente?, ¿no es más humano hacerse una religiosidad u ética a la carta o medida personal? La lectura de Josué ilustra las encrucajadas de aquella época, pero el cristiano debe saber que tal tesitura pulula por aquí y por allá, en los cambios culturales o políticos, y nos ayudan a valorar continuamente nuestra identidad de vida y fe. Una cosa es el ropaje cultural, y otra la referencia a nuestra vida.

 

Sal 33, 2-3. 16-23

La liturgia ofrece hoy las palabras finales del Sal 33. Recuerden los dos domingos precedentes proporcionaron dos respectivas secciones. Hoy se enfatiza al Dios cercano a las dificultades de quienes creen y se apoyan en Él. El orante canta al Dios que fortalece a los abatidos, atribulados, cuida de todos huesos (es terapia pura), etc.

¡Leamos el salmo detenidamente! Tales afirmaciones no constituyen palabras vacías, sino referencias profundas para nuestra propia identidad. Ante la red de ambigüedades que nos surcan y flagelan, Dios nos recuerda su presencia constante y cercana que nos otorga armonía personal, ¡pero a todos, tantas veces atribulados!

 

Ef 5, 21-32

El fragmento de la carta paulina insiste en la idea de “ser sumisos unos a otros en el Señor”. ¡Es un canto a la libertad en la familia! Lejos del autor pensar en un dominio de unos sobre otros, sino más bien en la afirmación de la dignidad de todos en el ámbito familiar. El metro para medir este modelo de familia no deriva de los consensos sociológicos, sino de la novedad antropológica aportada por Cristo Jesús. Es un texto un tanto “extraño” para quien esté imbuido de valoración puramente “sociológica” de la familia. Pero recordermos que aquí los “maridos” y las “mujeres” (esposas) no son la “pareja” (término ya habitual para hablar del matrimonio en nuestra mass-media), sino miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia. Tal asentimiento significa que “el marido” o “la esposa” descubren muchos valores e insospechados, cuando se ven ambos con los criterios de la fe.

Incorporar “otros” elementos sobre la dignidad de ambos en la realidad matrimonial puede desembocar en muchas “sumisiones” que la sociedad se encarga puntualmente de ilustrar, y las leyes que nos damos sancionan. Una cosa es el consenso sociológico, y otra la pérdida de la identidad matrimonial. El lejano Josué con sus palabras resulta muy oportuno. Pablo concluye sus exhortaciones afirmando que el matrimonio es un “misterio grande”, es decir, las raíces de la comprensión se hallan en Dios; el apóstol no piensa aquí al matrimonio en clave natural, sino que va más allá, en cuanto que las dimensiones últimas no son definidas por el contexto sociológico.

 

Jn 6, 61-70

La liturgia de este domingo proporciona la sección final de Jn 6, que gira sobre Cristo como pan de vida. Todo empezó con la multiplicación de los panes y los peces, pero el largo discurso ha abierto nuevas e insospechadas perspectivas. Jesús ha ido cambiando la óptica inicial, y cuando afirma que Él es el pan de vida surgen las diserciones y las crisis. Lo afirma caramente el evangelio: su lenguaje es duro, contrario al modo de pensar de los hombres, que, no obstante, andan a la búsqueda de “modelos”. Pero Jesús no es uno de los tantos maestros, creando súbditos. La dureza de su lenguaje no es debida solamente a la dificultad linguística o conceptual, sino al aspecto revolucionario que trae consigo.

Jesús opone “carne” a “Espíritu”, es decir, dos concepciones de la vida. Una, la “carne”, es el modo de vivir regulado por los propios intereses; la otra, el “espíritu”, describe el modo de vivir la acción del Espíritu, que conduce a la entrega generosa. Toda la vida y mensaje de Jesús dejan al descubierto que la donación de uno mismo es vital a la hora de ir por la vida, pero tal tesitura ética resulta imposible sin el don del Espíritu.

 

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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