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La Palabra divina
invita a vivir sabiamente
Prov
9, 1-6
Prov 9 concluye la primera
parte del libro, la primera colección
salomónica, que presenta características
peculiares respecto al resto del libro.
Se recurre literariamente a la instrucción,
adoptada sobre todo en el ámbito
egipcio, y el proverbio aislado no se contempla.
Pertenece a la sección más
reciente del libro, e intenta orientar al
lector sobre los efectos positivos de la
sabiduría. Esta está es considerada
una cualidad divina, insertada en el cosmos,
y su hallazgo supone la comprensión
auténtica de la realidad creada y
saberse guiar en este mundo que tenemos
ante nuestros ojos y pies. En palabras breves,
significa valorar la realidad cósmica
y del hombre en la perspectiva divina. Se
afirma en el fondo que Dios constituye una
referencia indispensable en esta comprensión.
La lectura de hoy invita a los inexpertos
a su mesa, a un banquete. El marco es una
casa con siete columnas (el siete alude
a la perfección), y la finalidad
estriba en adquirir el conocimiento y la
disciplina moral necesaria para guiarse
en la vida. Ofrece pan y vino, elementos
polares para leer cuerdamente los acontecimientos
existenciales. Cuando se mezclan ambos se
esfuma la inexperiencia y resplandece la
prudencia. Dicho más directamente,
la palabra diseminada en el cosmos, y de
manera personal presente en la palabra escrita,
infunde sensatez en quien la acepta.
¿Sabiduría
en la vida? ¿Dónde
se halla? ¿En los periódicos,
en la opinión mayoritaria, en las
tendencias o demandas sociales, etc, etc?
El discurso de la lectura de hoy es una
invitación a poner orden en vida,
quizás vacía o un tanto sin
sentido, y adquirir una madurez intelectual,
moral y religiosa que posibilitan una vida
auténtica. No se madura de una vez
por todas, sino que es un proceso de continuo
aprendizaje, y en este viaje estamos implicados
todos. En cada día, cada circunstancia,
se descubren razones para vivir y también
nuestra indigencia a la hora de saber afrontar
equilibradamente la vida, tarea habitualmente
inconclusa. En esta aventura se antoja indispensable
abrirse a Dios, de lo contrario tendríamos
un enfoque “ajustado” a nuestra
sensibilidad. ¿Y quién nos
garantiza que sea sabia, o simplemente sensata?
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Sal 33,
2-3. 10-15
La liturgia ofrece hoy algunos versículos
de la segunda parte, una reflexión
de tinte sapiencial (v.12-23). Recordermos
que el domingo pasado se proporcionaba
la primera sección. Dentro de este
enfoque sapiencial se enfatiza el “temor
del Señor”, un motivo básico,
pues se confía en el Señor,
en cuanto criterio último de la
existencia. Acto seguido el salmo se detiene
sobre una serie de consideraciones indispensables
para recibir un trato favorable de Dios.
Emerge claramente la idea de la retribución
en esta sección: Dios acoge a los
buenos y aborrece a los malvados. Un filón
sapiencial coordina, pues, la tesitura
de estas reflexiones.
Proclamación
de la suficiencia de Dios: Afirmar
que el temor del Señor sea el filtro
de las actitudes ante la vida supone ya
una afirmación llena de madurez
y un desafío; no se llega fácilmente
a tal confesión, pues en el fondo
desvela una incapacidad del hombre para
guiarse a sí mismo e igualmente
experiencias de derrotas personales y
a veces mal digeridas, ya sea a nivel
de pensamiento cuanto de praxis diaria.
Aquí resuenan ya motivos que el
Magníficat acentuará, pues
con Dios se puede dar un vuelco a tantas
situaciones que inciden sobre el tejido
de la vida diaria, pero se da por descontado
una fidelidad a Dios a nivel ético:
“Los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan la Señor no carecen
de nada”.
Ef 5, 15-20
Igualmente esta lectura
continúa la tesitura del domingo
pasado, en la cual el autor invita a comportarse
como cristianos sensatos, aprovechando
el tiempo presente, ya que la vida es
compleja y ofrece cada día mil
posibilidades de equivocarse. Es fácil
dejarse llevar de hábitos de vida
que producen un gran y terrible vacío.
El apóstol insiste en la interioridad
de vida: llenarse del Espíritu
y oración constante, que actúa
como terapia sabia y cristiana, ¡no
lo olvidemos! Con tales apoyos el inevitable
discernimiento se torna más asequible
y las opciones más clarividentes.
En la oración, animada por el Espíritu
de Cristo, el cristiano aprende la sabiduría
cristiana, que le hacer verse con más
realismo y madurez. Es una invitación
a la sabiduría en la cotidianidad
de la existencia y a nos “estar
aturdidos”.
Jn
6, 51-59
El discurso de Jn sobre
pan de la vida contiene la realización
de la promesa implícita en la primera
lectura del libro de los Proverbios. Jesús
es la sabiduría divina encarnada,
que se ha convertido en alimento a través
de su palabra, y en pan eucarístico
con su persona de Verbo encarnado. Este
fragmento es interpretado como la sección
eucarística del discurso sobre
el pan de Jn 6.
La adhesión a Jesús-sabiduría
significa una comunión de amor
estable. La sintonía profunda y
vital con Jesús, expresada en la
frase “permanecer en mí”,
se desvela en la elección de vivir
como Él. Jesús propone un
modelo de vida en la donación generosa
de dedicación a los otros. La sabiduría
humana, que escuchamos todos los días,
tiende a “pensar en sí”,
a preocuparse de sí. La sabiduría
divina camina en dirección opuesta:
dona tu vida a los demás y te realizarás
plenamente.
La Eucaristía
es la entrega, hoy
y por cada uno de nosotros, del don de
su vida “encarnada”, de su
realidad y vivencia humana para la vida
del mundo. Es la sabiduría divina.
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