| Adviento
- 2008 (fr. Rafa)
Is
63,16b-17; 64,1.3b-7
La lectura de hoy se halla
dentro de un poema relativamente independiente
de su contexto. El estilo ya no pertenece
a los oráculos proféticos,
sino más bien encaja con las plegarias
sálmicas. Éstas constituyen
una confesión colectiva de los pecados
de la nación; se comienza con una
evocación de los beneficios divinos
pasados (Is 63,7-14), continúa una
súplica por los hijos ingratos (Is
63,15-64,3), sigue una declaración
de los pecados (Is 64,4-6) y se acaba con
una súplica, que implora la misericordia
de Dios, al tiempo que describe la fragilidad
de sus hijos. Históricamente la lectura
se distancia ya de la catástrofe
del exilio, y refleja la tesitura del nuevo
templo. Un texto que ha sido compuesto después
del exilio, donde la comunidad ya no se
resiente de la profunda desilusión
que siguió al retorno del exilio,
ni del mismo.
La comunidad suplicante es consciente que
sólo Dios es su “redentor”,
ahora y como a lo largo de innumerables
situaciones del pasado. Es el Dios de Abrahán,
de los padres, Padre de manera indefinida,
plenamente viviente, y presente para sus
hijos por generaciones: Él ama, conoce,
entiende y comprende, y siempre actúa
como el “redentor”.
La comunidad postexílica se sabe
frágil, pero invoca al Dios “redentor”
para que nuevamente la fortalezca y recupere
su dignidad como hijos de este Padre, pues
son conscientes que sólo con esta
cercanía divina logran superar vivencias
históricas adversas y no sucumbir
en el túnel de las dificultades.
Si se retira esta presencia divina, eran
conscientes que acabarían “como
follaje”.
Vertiente
cristiana: La
comunidad confiesa que sólo con sus
fuerzas no puede superar las dificultades
que surgen en el peregrinar en la fe. Hoy
la lectura es una confesión transparente
que enfatiza que el hombre o el creyente
dejado a sus solos recursos se ofusca en
sus criterios, acabando rodeado de fragilidad,
y reo de la misma. Sólo la presencia
del “redentor” ayuda a poner
lucidez en nuestros pasos. Los desconciertos
o crisis se encargarán de recordárnoslo.
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Sal 79,2-3.15-16.18-19
El texto de Is recordaba que sin la presencia
de Dios el pueblo sucumbe; pues bien,
esta misma tesitura se refleja en el Sal
79, ya que deja bien claro el amor ininterrumpido
de Dios hacia el pueblo de su heredad.
Su rostro resplandece y proporciona luz,
vida y calor a su arco existencial. El
Sal 79 pertenece al género de lamentación
nacional, como los Sal 44 y 60. Despojado
de sus connotaciones concretas, el texto
se convierte en una súplica constante
de un pueblo, de su pasión y esperanza.
El repetirse de los sufrimientos y tribulaciones
encuentra una acogida favorable del Señor.
La sección de hoy coincide con
el cántico de la viña (v.9-17),
que se puede desglosar en dos estrofas:
La primera (v.9-12) evoca el esplendor
pasado de la viña, y la segunda
(v.13-17) el amargo presente, que desemboca
con una invocación de Dios y por
parte del pueblo se promete una fidelidad
a Dios en las circunstancias actuales.
Perfil
cristiano: El salmo confiesa
que si nos retiramos de Dios surge un
horizonte, cuanto menos desconcertante.
El “retornar” a Dios significa
nuestra recreación, una renovada
profesión de fe, un invocar el
nombre de Dios, es decir, la proclamación
de una confianza total en su palabra y
su incidencia en nosotros. “En las
tempestades de la vida y en el realismo
de una existencia devastada, no se debe
sino escuchar el rumor de la voz que Dios
que nos calma y serena”, escribía
el Card. Newman.
1Cor 1,
3-9 :
Es el comienzo de la
carta a los Corintios, comunidad viva
y fuente de conflictos en su manera de
vivir la fe de recién convertidos.
El apóstol comienza con una larga
acción de gracias por los beneficios
y cualidades de esta comunidad, además
del testimonio de fe que manifiesta en
medio de un ambiente no tan favorable.
Exhorta a los cristianos a permanecer
firmes en la fe hasta el retorno de Cristo.
El apóstol confiesa que la fe en
Cristo supone una riqueza “en el
hablar y en el hablar”, un enraizamiento
en Cristo, que repercute en el testimonio
de la fe.
San Pablo en esta “acción
de gracias” subraya tanto aquello
que la comunidad posee, la fe en Cristo,
cuanto ella será, pero según
la óptica del apóstol ésta
se basa en la gracia y la esperanza, en
la fe y en el amor.
El texto
paulino encaja
muy en este tiempo de adviento cristiano.
En cuanto justificados ya caminamos hacia
el encuentro con el Señor, hacia
la Parusía, que en cada adviento
se torna más concreto, pues podemos
leer e interpretar nuestra existencia
a la luz de los dones que Dios Padre nos
ha dispensado en Cristo Jesús,
posibilitándonos esa lucidez tan
necesaria para caminar con un espíritu
de sabios, es decir, en cuanto rodeados
de esta certeza del Señor en nuestras
vidas, y el texto de hoy nos recuerda
que “Él es fiel”.
Mt
13, 33-37:
La perícopa del
ev. es una exhortación a la vigilancia,
y cierra la sección de la enseñanza
de Jesús, y, además, concluye
el discurso escatológico, pues
acto seguido comienzan los relatos de
la muerte y resurrección del Señor.
El fragmento de hoy insiste en la vigilancia
con unos tonos decididamente parenéticos,
como demuestra las repetidas llamadas
a la “vigilancia”. Los imperativos
“mirad”, “vigilad”
constituyen un motivo que salpica el discurso
(v.5.9.23.33), pues nadie puede calcular
el momento preciso del “tiempo”
del retorno de Cristo (v.33), de ahí
la necesidad para “todos”
de estar en vela ante la vuelta del Cristo
glorioso.
El fragmento (v.33-37) tiene visos de
ser una composición, donde Jesús
con una llamada urgente invitaba a sus
oyentes a aceptar sus palabras ante la
inminencia del reino de los cielos. Las
incongruencias y asperezas estilísticas
evidencian un proceso de adaptación
alegórica debido a la relectura
escatológica de la parábola.
La enseñanza en secreto a Jesús
a sus discípulos (v.3) ahora alcanza
a toda la comunidad. El imperativo “vigilad”
final del v.37 retoma y resume el sentido
esencial de la relectura de Marcos del
discurso escatológico. Toda la
existencia cristiana consiste, pues, en
una vigilancia a la espera de la venida
del Señor, que se funda sobre su
palabra fiel, y en la fe pascual.
La parábola
de hoy
ofrece al creyente un camino de reflexión
y ocasión para evaluar lo realizado
hasta ahora. La vida es un don de Dios,
que ha puesto a nuestra disposición.
Sobre nosotros cae la responsabilidad
de no sumergirnos en nuestras tareas ofuscadamente,
sino de saber gestionar el proceder como
hijos de Dios, que a todos está
cercano y atento, para abrirnos a la vida.
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