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El Camino de la
Vida
1Re
19, 4-8
1 Re 19 contiene varios
motivos de carácter teológico
y literario: La amenaza de la reina Jezabel
a Elías (v.1-4), huida hacia el Horeb
(v.5-9), lamentación de Elías
ante Dios (v.10-13), teofanía divina
(v.14-18), castigo divino, y sucesión
de Elías como últimas escenas.
La narración más antigua se
concentra en los v.3b.4-7.9a.11.13b.19-21,
en los restantes versículos abundan
retoques posteriores de carácter
deuteronomístico. La peregrinación
de Elías al Horeb marca la tesitura
de 1 Re 19. El profeta se encamina hacia
el monte sagrado para pedir ayuda a Dios,
porque los israelitas son rebeldes y su
celo por Dios ha puesto en peligro su vida
a los ojos de la reina. Ante esta situación
Elías es consciente que recibirá
el auxilio divino. Hasta el presente había
recibido puntualmente la consolación
divina, y ahora está seguro de una
nueva cercanía de Dios.
- Hoy la liturgia ofrece la escena del
desánimo de Elías en esta
lucha titánica con la monarquía
y la idolatría de los israelitas..
Humanamente se halla destrozado y se desahoga
ante Dios, e incluso se desea la muerte,
llegado a una situación límite.
En este estado de ánimo se queda
dormido, pero el toque divino por medio
del ángel cambia el escenario embargado
por el hastío. Al profeta se le ofrece
alimento, y así puede proseguir su
viaje. Por arte de magia desaparece la desilusión,
y el profeta encuentra confianza en Dios,
pero, no lo olvidemos, es la presencia divina.
La tradición cristiana ha visto en
esta escena una anticipación eucarística.
La Eucaristía es el pan que fortalece
y consuela ante tantos sinsabores que aparecen
en el peregrinar en la fe.
Presencia
que fortalece: Bien
lo sabemos, la vida estamos embarcados en
múltiples tareas, y el cansancio,
desilusiones, lamentaciones ante ciertas
situaciones insoportables asoman con cierta
frecuencia en nuestro viaje, y quizás
entendamos muy bien la reacción de
Elías, que es un desahogo con todo
el rigor desesperante. Elías es transformado
por Dios, pero también él
pensaba que estaba solo, pero Dios guiaba
sus pasos. Preciosa escena, que nos ayuda
a comprender que en nuestras fatigas y dudas
no estamos solos. En la frontera del desánimo
aparece una luz dulce, que Dios nos dispensa.
Si confiamos básicamente en nuestros
denuedos, caminamos de antemano desorientados.
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Sal 33,
2-9
Literariamente es un himno acróstico
de acción de gracias, estructurado
en dos partes: alabanza y acción
de gracias (v.2-11), y meditación
sapiencial (v.12-23). La liturgia de hoy
ofrece la primera, donde el orante se
contempla amado por Dios, que se sintetiza
con la presencia del ángel de Dios,
metáfora de su protección.
En esta primera parte se describe cómo
Dios no abandona a quien se refugia en
Él, ni se siente defraudado. El
salmo nos ofrece un lenguaje tan lejano
y tan cercano a la interioridad del creyente:
angustias, ansias, alegrarse en el Señor,
la dicha de acogerse a É...., que
ciertamente armoniza nuestro estado de
ánimo peregrino.
¡Gustad
y ved que bueno es el Señor! No
es fácil conectar profundamente
con cuanto encierra esta confesión,
pero suena a sensaciones de libertad,
serenidad, paz, seguridad, sosiego, allá
donde no alcanzan nuestras metas e ilusiones.
Es una buena noticia que llega a los “humildes”,
a cuantos se fían en el fondo de
su existencia “sólo”
de Dios frente a tantos elementos angustiosos,
que derivan del vocerío humano.
Ef 4, 30
- 5, 2
Ya sabemos por el domingo
anterior que nos hallamos en la sección
parenética de la carta. El apóstol
nos recuerda las condiciones para viajar
en la vida: leamos el texto, donde se
enfatiza la comprensión, el perdón,
la bondad. Estos son los ingredientes
del alimento que Dios dispensa. La exhortación
se dirige a los bautizados para que imiten
al gran viajante: Cristo Jesús.
Ser cristianos es realizar el “viaje”
terreno al estilo de Cristo, y sobre el
contenido de este viaje que le pregunten
a quien ha mirado la presencia personal
de Dios, al Verbo Eterno. Bien sabe Él
cuales son las intenciones del corazón
de la persona. Jesús, sin embargo,
no es sólo el viajante, sino quien
ofrece su ánimo para caminar en
lucidez. Sólo en tesitura nuestra
vida se puede convertir en un “sacrificio
de suave olor”, es decir, unida
a Dios y bebiendo constantemente en las
fuentes de la vida.
Jn
6, 41-52
Seguimos en Jn 6, en
torno al pan de vida, Cristo Jesús.
El autor aspira a mostrar una síntesis
del discurso hasta el momento. Esta segunda
sección del discurso describe la
murmuración frente a las afirmaciones
que Jesús hace. Las preguntas evidencian
el contraste entre la realidad humana
de Jesús y cuanto afirma de sí
mismo. Se nota nítidamente la separación
entre Cristo y sus opositores, pues Jesús
ha puesto el dedo sobre la llaga. No vale
inventar atajos para caminar con coherencia
en la vida, sino dejarse iluminar por
Él. Cristo es el pan bajado del
cielo, que se identifica con su carne,
es decir, una vida derramada a favor de
los demás. Con esta expresión
Jesús alude a su muerte en la cruz:
es el don de la vida de su existencia
concreta histórica y no acogida
por el sentir humano.
Cabe la murmuración ante tal propuesta,
usando el lenguaje bíblico, pero
los rechazos camuflados o directos son
contemplados. No obstante, Cristo se ofrece
como pan, y don en la Eucaristía.
Las variadas presencias de Dios en la
liturgia de hoy según las lecturas
proporcionadas confluyen hacia la celebración
de Cristo resucitado en la Eucaristía.
Es la presencia que nos llega en el tiempo
propicio, donde nosotros estaríamos
aturdidos si nos falla. Quien nos despierta
de nuestros aturdimientos y disipa nuestros
miedos es Cristo, que nos invita a interiorizar
su palabra por medio de la escucha personal.
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