Décimo séptimo domingo del Tiempo Ordinario

2 Re 4, 42-44

El relato comienza un tanto repentinamente, pero se supone la dinámica anterior. Los personajes de esta escena son imprescindibles a la hora de configurar la narración. Llega un hombre de Baal Salisá, trayendo el pan y el grano de las primicias para el profeta, que pertenecen a Dios según un criterio religioso (Lv 2,14; 23,17s). Como Moisés alimentó en el desierto al pueblo, esta tarea recae ahora sobre Eliseo en un nuevo contexto, pero detrás hay que ver la cercanía divina, que procura el alimento necesario a su pueblo (Sal 107,4-9). La objeción del criado enfatiza la grandeza del signo. Dios ofrece sus dones con abundancia, y continúa esta donación en la tierra prometida, a donde le había conducido con palmas de generosidad (Dt 8). Es la palabra profética de Eliseo, quien ahora alimenta al pueblo (v.44) en nuevo desierto de difidencia ante Dios. A modo de sumario la serie de milagros del “hombre de Dios” (el agua, el pan, el aceite y la vida) explican concretamente cercanía de Dios como una constante bendición frente a las dudas generacionales. La presencia del profeta Eliseo confirma una vez más la generosidad y la bondad de Dios en favor de aquellos que creen en Él.

Como hemos dicho, este relato breve hay que unirlo con las informaciones anteriores, donde el profeta se muestra generoso, quien no se guarda para sí los dones ofrecidos, sino que los pone al servicio de todos en una tesitura de carestía. Por otra parte, hay que notar que algunos motivos retornarán en el ev. de hoy.

¿Carestías? Suelen jalonar la historia humana, aunque los mecanismos que las generan posean características comunes. En tiempos del profeta Eliseo eran una climatología adversa, una situación sociológica inestable, pero la palabra de profeta suponía un saber mirar a los demás con ojos generosos, y tal actitud es captada por “un” hombre que le lleva Eliseo las primicias de su cosecha, signo de la bendición divina, pero el varón profético prolonga la misma al ponerlas disposición de todos. Es un canto a la generosidad, pero basada en la bondad divina. La palabra hoy es muy concreta: ¿No es posible tal actitud, cuando hay que personas flageladas por el desempleo, trabajo precario, la vergüenza de verse indefensas, etc?

 

Sal 144, 10-11. 15-18

Es el último himno del salterio, estructurado según las letras del alfabeto. La tercera parte ensalza el comportamiento providente de Dios hacia sus criaturas. Por su tono solemne y continuo de alabanza se le considera como una apertura adecuada a la sección de salmos aleluyáticos finales (Sal 146-150). La alabanza del orante denota tonos emotivos, en los cuales se desvela la alegría y la conmoción ante las maravillas de Dios.

El contenido del fragmento litúrgico enfatiza la bondad de Dios, que irradia hacia todas las criaturas, es decir, la atención en las necesidades, el alimento de cada día según el gusto de cada criatura, y en el tiempo oportuno. Se describe a un Dios atento con todas sus criaturas.

¿Tal tesitura es posible? Quizás cuando escuchamos cada una de estas palabras emerjan juicios o valoraciones inevitables. ¿Este Dios no tiene hoy paralítico el brazo, pues la realidad cotidiana está salpicada de carestías? ¿No será un lenguaje soñador, etc? A parte de nuestras “ponderadas” consideraciones la palabra divina nos recuerda que el núcleo más genuino de la realidad cotidiana es la cercanía divina, que “mendiga” de cada uno nosotros no oscurecerla, sino que la ampliemos al estilo de Eliseo.

Ef 4, 1-6

Este texto encaja con la segunda parte de la carta, donde el apóstol anima a los efesios a caminar de una manera digna. Cierto es que el correcto conocimiento teórico de Cristo conlleva una incidencia en la vida de cada día. Ef 4,1-24 ofrece una síntesis magistral, y en la sección de hoy se proporcionan los elementos concretos para vivir en un clima fraterno: humildad, mansedumbre, paciencia, amabilidad, comprensión, etc.

El santo de Hipona, san Agustín, comentando este pasaje en el ámbito de Pentecostés, afirma el Espíritu que actúa en la iglesia y anima a cada uno de los miembros de la misma. Vivifica a todos los miembros: A través de los ojos ve, por medio de los oídos oye,… está presente contemporáneamente en todos los miembros para vivificarlos; distribuye las tareas a cada uno. Así la iglesia en unos hace milagros, otros proclaman la verdad, custodian la virginidad,… pero todos realizan su propia misión y contemporáneamente viven… pues el espíritu de Cristo actúa en la iglesia.

Jn 6, 1-15

El relato de Jn sobre la multiplicación de los panes frente a los sinópticos enfatiza la iniciativa de Jesús, y se acentúan la figura de los discípulos (Andrés y Felipe) y el muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces. Pero, no olvidemos, ofrece muchos elementos de convergencia con los otros evangelios. Habría que valorar el ámbito contextual del pasaje, pero excede, creemos, este objetivo.

Jn implica a toda la comunidad en la preocupación de dar comer a la multitud, donde algunos reaccionan según las reglas económicas: compra-venta. Jesús rechaza frena esta solución y recurre a la pobreza de medios: cinco panes y dos peces. La propuesta de Jesús a la comunidad es que reconozca que tales son don de Dios, y lo agradezca gracias a Dios como ha hecho Él. Tal actitud no compagina con la avaricia, y el afán de acaparamiento. Además, Jesús mismo distribuye los panes y los peces a la comunidad, y les ayuda a compartirlos.

Enfoque eucarístico: La acción de gracias en este sacramento nos puede liberar del acaparar egoísta de tantos bienes, y nos lleva a reconocer que son don de Dios, invitándonos a compartirlos generosamente. El relato de Eliseo proyecta ya una luz sobre este evento. El milagro es signo de la entrega de Dios o Cristo, la cual desea que sea apreciada como tal por parte del creyente. Aquí no aparece un Dios que exige y pide ser obedecido, sino un Dios como don. Las sobras simbolizan a este Dios que provee sin medida, sin avaricia y con la máxima liberalidad en todos los ámbitos de la vida humana. No sólo se ajusta a nuestras necesidades, sino que las supera. Esta tesitura emerge claramente en la liturgia de hoy, pero no nos despistemos, pues no se trata satisfacciones puntuales, sino de una dinámica de vida, y tal mirada deriva de lo alto, sellada en el NT con la presencia del Verbo de Dios.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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