Décimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario

Ez 2, 2-5

La lectura profética pertenece a la sección inaugural del libro (Ez 1,1-3,27), que versa sobre la vocación de Ezequiel, aunque ésta se condensa básicamente en 1,28-3,11, después de la descripción de Dios en el trono celestial (1,1-28). Dejando a parte los elementos de la llamada profética, la liturgia dominical toma la sección que compagina con el ev. de hoy, es decir, después de la visión se entra en la dimensión auditiva, en la cual se manifiesta al profeta la palabra, cuya iniciativa recae totalmente sobre Dios. Una vez establecido el diálogo, Dios habla y Ezequiel escucha los perfiles del mensaje.

Dios al profeta le recuerda su fidelidad, que no puede ser cuestionada por las constantes rebeldías del pueblo. Precisamente en los v.3-4 se subraya la testarudez y dureza de corazón del pueblo. Al profeta se le recuerda como regla de su vida la fidelidad de Dios. La esencia profética gira en torno a esta obediencia, y no sobre los resultados eventualmente conseguidos. El aspecto señalado es que un profeta se halla en medio del pueblo y que habla en nombre de Dios, y que el profeta actúa bajo esta vivencia religiosa. Escuchen o no escuchen sabrán que Dios los interpela. No podrán acusar a Dios de callar, de no hacerse sentir, sino que reconocerán que la cerrazón ante Dios depende de ellos mismos. La presencia de Dios en medio del pueblo es elocuente en la palabra profética. La misión del profeta no se calibra según el éxito de su predicación, ni por la acogida que se le dispensa, sino conforme a la fidelidad a la tarea encomendada por Dios.

Una palabra silenciada: La sociedad de entonces, como en otras situaciones históricas, siente la tentación de creerse sus propios criterios como intocables, ya sea en nombre del progreso científico, cultural, etc, pero no todos los cabos quedan atados. En este ámbito cerrado llegan señales de discrepancia, y algunos sutiles, como la palabra divina, que no suele seguir los canales de comunicación habituales, sino que resuena en el lugar más recóndito en alguna persona no allegada al aparato burocrático. Y recuerda que hay que hacer espacio a Dios en el curso a veces un tanto ciego de los acontecimientos, sea importante o no, pero lo deja caer.

 

Sal 122, 1-4

El Sal 122 constituye una súplica confiada dirigida a Dios, y se halla en el contexto de los Salmos de peregrinación hacia el templo de Jerusalén. La simbología contiene una proyección desde lo bajo hacia lo alto, desde la tierra al cielo.. El orante espera encontrar el rostro de Dios, y hacia Él eleva sus ojos llenos de confianza. Con un lenguaje de aquella época, con el esquema de padrón-siervo, en el Sal se respira una atmósfera de confianza, pues Dios conoce muy bien la vida de sus fieles, sugiriendo que el Sal está abierto a la súplica del creyente en cualquier situación. La distancia entre Dios y el hombre queda anulada, pues a Dios se le recuerda la misericordia con sus criaturas. Constituye una joya de la ternura hacia Dios por parte de quien sólo le queda este refugio ante el “sarcasmo de los satisfechos” y “el desprecio de los orgullosos”.

Oración para el peregrinar por la vida cotidiana. Refleja magistralmente el alma de quien se fía de Dios frente a tantos desplantes, olvidos, intereses creados, humillaciones, orgullos, desprecios, marginaciones, que martillean su mente y su dignidad. Este Sal canaliza estos sentimientos, pero está embargado por un espíritu inquebrantable de confianza en Dios, que ayuda a levantarse en cualquier ámbito vital.

2 Cor 12, 7-10

Seguimos con la carta a los Corintios. Aquí el apóstol se detiene en la consideración de sus límites personales frente a las revelaciones que Dios le había dispensado (2 Cor 12,1-6). Sabe muy bien que ante Dios no puede gloriarse de nada, y lo enmarca con una frase lapidaria, que no tiene nada de estrategia, sino que desvela la conciencia de saberse en las manos de Dios: “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. No tiene nada que ver con el refugiarse en el sufrimiento, sino ser consciente que Cristo resucitado actúa en medio de las debilidades, cuales enfermedades, ultrajes, angustias, persecuciones, etc.

¿Galones ante Cristo? A Pablo se le marginaba en la comunidad, entre otras cosas por “la espina en la carne”, una especie de molestia crónica, pero es consciente que ante Dios no sirven las componendas humanas. Pretender que Dios se acomode a nuestros esquemas es algo así como tiempo perdido, pues actúa cuando menos lo esperamos. Los rechazos forman parte de este tejido divino para hacer llegar su mensaje. ¡No perdamos la confianza!

Mc 6, 1-6

La escena de la sinagoga pone el broche a una tesitura de rechazos u oposiciones a Dios, patentes en la liturgia de hoy, según reflejan las lecturas. Jesús visitaba la sinagoga los sábados, un lugar sacro, y su enseñanza constituye un punto de referencia (Mc 1,21.22; 2,13; 4,1.2) antes de llegar a Nazaret. Teniendo en cuenta estas tres referencias, enseñanza, sábado, sinagoga, la visita a Nazaret intenta resumir las reacciones anteriores, subrayando el estupor y la hostilidad a su persona y palabra. Nazaret no constituye simplemente un lugar de paso en el camino de Jesús, sino que ensambla con el pensamiento de Mc, procurando mostrar el camino de Jesús, que lo debe recorrer él solo, y afrontando la pasión y la muerte en medio de un abandono total. Constituye una opción que sólo Dios Padre comprende, un camino no fácil de digerir y comprender para quien lo contemple. La perplejidad de sus paisanos no es casual, sino que retrata infinitas decisiones ante el mensaje divino, encarnado en un rostro humano, en Jesús de Nazaret.

¿Hay novedad en la vida? No es raro que se camine por sendas trilladas a nivel cultural, social o estético, pero éstas exigen un peaje, y no hay que salirse del guión. Pararse en pensar un poco supone un ir contra corriente, y mucho más si se toman decisiones concretas, y ¡más ante los nuestros! Lo imprevisto, lo inesperado, la incapacidad de descubrir novedades define sutilmente el transcurrir de multitudes de personas, pero no lo olvidemos tal actitud roza la incredulidad. Jesús, recordémoslo, caminó sólo e incomprendido, pero en El se desvela el rostro de Dios históricamente. Las lecturas de este domingo son una llamada austera a medirnos siempre con la palabra divina, y no confiar en nuestros logros, sino a mantenernos en nuestras debilidades, dejando que salga a flote el mensaje divino sin ninguna clase componendas. Las resistencias ante la misma son síntoma de dureza, satisfacción, orgullo, etc, ¡al menos vistos desde la vertiente de la palabra encarnada!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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