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Ez 2, 2-5
La lectura profética pertenece a la sección inaugural del libro (Ez 1,1-3,27), que versa sobre la vocación de Ezequiel, aunque ésta se condensa básicamente en 1,28-3,11, después de la descripción de Dios en el trono celestial (1,1-28). Dejando a parte los elementos de la llamada profética, la liturgia dominical toma la sección que compagina con el ev. de hoy, es decir, después de la visión se entra en la dimensión auditiva, en la cual se manifiesta al profeta la palabra, cuya iniciativa recae totalmente sobre Dios. Una vez establecido el diálogo, Dios habla y Ezequiel escucha los perfiles del mensaje.
Dios al profeta le recuerda
su fidelidad, que no puede ser cuestionada
por las constantes rebeldías del pueblo.
Precisamente en los v.3-4 se subraya la
testarudez y dureza de corazón del pueblo.
Al profeta se le recuerda como regla de
su vida la fidelidad de Dios. La esencia
profética gira en torno a esta obediencia,
y no sobre los resultados eventualmente
conseguidos. El aspecto señalado es que
un profeta se halla en medio del pueblo
y que habla en nombre de Dios, y que el
profeta actúa bajo esta vivencia religiosa.
Escuchen o no escuchen sabrán que Dios los
interpela. No podrán acusar a Dios de callar,
de no hacerse sentir, sino que reconocerán
que la cerrazón ante Dios depende de ellos
mismos. La presencia de Dios en medio del
pueblo es elocuente en la palabra profética.
La misión del profeta no se calibra según
el éxito de su predicación, ni por la acogida
que se le dispensa, sino conforme a la fidelidad
a la tarea encomendada por Dios.
Una
palabra silenciada: La sociedad
de entonces, como en otras situaciones históricas,
siente la tentación de creerse sus propios
criterios como intocables, ya sea en nombre
del progreso científico, cultural, etc,
pero no todos los cabos quedan atados. En
este ámbito cerrado llegan señales de discrepancia,
y algunos sutiles, como la palabra divina,
que no suele seguir los canales de comunicación
habituales, sino que resuena en el lugar
más recóndito en alguna persona no allegada
al aparato burocrático. Y recuerda que hay
que hacer espacio a Dios en el curso a veces
un tanto ciego de los acontecimientos, sea
importante o no, pero lo deja caer.
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Sal 122,
1-4
El Sal 122 constituye una súplica confiada dirigida a Dios, y se halla en el contexto de los Salmos de peregrinación hacia el templo de Jerusalén. La simbología contiene una proyección desde lo bajo hacia lo alto, desde la tierra al cielo.. El orante espera encontrar el rostro de Dios, y hacia Él eleva sus ojos llenos de confianza. Con un lenguaje de aquella época, con el esquema de padrón-siervo, en el Sal se respira una atmósfera de confianza, pues Dios conoce muy bien la vida de sus fieles, sugiriendo que el Sal está abierto a la súplica del creyente en cualquier situación. La distancia entre Dios y el hombre queda anulada, pues a Dios se le recuerda la misericordia con sus criaturas. Constituye una joya de la ternura hacia Dios por parte de quien sólo le queda este refugio ante el “sarcasmo de los satisfechos” y “el desprecio de los orgullosos”.
Oración
para el peregrinar por la vida cotidiana.
Refleja magistralmente el alma de quien
se fía de Dios frente a tantos desplantes,
olvidos, intereses creados, humillaciones,
orgullos, desprecios, marginaciones, que
martillean su mente y su dignidad. Este
Sal canaliza estos sentimientos, pero
está embargado por un espíritu inquebrantable
de confianza en Dios, que ayuda a levantarse
en cualquier ámbito vital.
2 Cor 12,
7-10
Seguimos con la carta a los Corintios. Aquí el apóstol se detiene en la consideración de sus límites personales frente a las revelaciones que Dios le había dispensado (2 Cor 12,1-6). Sabe muy bien que ante Dios no puede gloriarse de nada, y lo enmarca con una frase lapidaria, que no tiene nada de estrategia, sino que desvela la conciencia de saberse en las manos de Dios: “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. No tiene nada que ver con el refugiarse en el sufrimiento, sino ser consciente que Cristo resucitado actúa en medio de las debilidades, cuales enfermedades, ultrajes, angustias, persecuciones, etc.
¿Galones
ante Cristo? A Pablo se le marginaba
en la comunidad, entre otras cosas por
“la espina en la carne”, una especie de
molestia crónica, pero es consciente que
ante Dios no sirven las componendas humanas.
Pretender que Dios se acomode a nuestros
esquemas es algo así como tiempo perdido,
pues actúa cuando menos lo esperamos.
Los rechazos forman parte de este tejido
divino para hacer llegar su mensaje. ¡No
perdamos la confianza!
Mc
6, 1-6
La escena de la sinagoga pone el broche a una tesitura de rechazos u oposiciones a Dios, patentes en la liturgia de hoy, según reflejan las lecturas. Jesús visitaba la sinagoga los sábados, un lugar sacro, y su enseñanza constituye un punto de referencia (Mc 1,21.22; 2,13; 4,1.2) antes de llegar a Nazaret. Teniendo en cuenta estas tres referencias, enseñanza, sábado, sinagoga, la visita a Nazaret intenta resumir las reacciones anteriores, subrayando el estupor y la hostilidad a su persona y palabra. Nazaret no constituye simplemente un lugar de paso en el camino de Jesús, sino que ensambla con el pensamiento de Mc, procurando mostrar el camino de Jesús, que lo debe recorrer él solo, y afrontando la pasión y la muerte en medio de un abandono total. Constituye una opción que sólo Dios Padre comprende, un camino no fácil de digerir y comprender para quien lo contemple. La perplejidad de sus paisanos no es casual, sino que retrata infinitas decisiones ante el mensaje divino, encarnado en un rostro humano, en Jesús de Nazaret.
¿Hay novedad
en la vida?
No es raro que se camine por sendas trilladas
a nivel cultural, social o estético, pero
éstas exigen un peaje, y no hay que salirse
del guión. Pararse en pensar un poco supone
un ir contra corriente, y mucho más si
se toman decisiones concretas, y ¡más
ante los nuestros! Lo imprevisto, lo inesperado,
la incapacidad de descubrir novedades
define sutilmente el transcurrir de multitudes
de personas, pero no lo olvidemos tal
actitud roza la incredulidad. Jesús, recordémoslo,
caminó sólo e incomprendido, pero en El
se desvela el rostro de Dios históricamente.
Las lecturas de este domingo son una llamada
austera a medirnos siempre con la palabra
divina, y no confiar en nuestros logros,
sino a mantenernos en nuestras debilidades,
dejando que salga a flote el mensaje divino
sin ninguna clase componendas. Las resistencias
ante la misma son síntoma de dureza, satisfacción,
orgullo, etc, ¡al menos vistos desde la
vertiente de la palabra encarnada!
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