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42,1-4. 6-7:
Constituye el primer cántico
del Siervo de Dios (42,1-9; 49,1-6; 50,4-9;
52,13-53,12). Un personaje importante en
la segunda parte del Deutero-Isaías
(Dt-Is). El Siervo, modelo de debilidad
y de no violencia, sólo cuenta con
el sufrimiento. En el AT no se había
hablado tan claramente del valor del redentor
del sufrimiento. El dolor era enfocado con
un sentido educativo y pedagógico
en el plano de la fe, pero no se le veía
como un valor de redención. El Dt-Is
aporta esta nueva visión en el ámbito
de la teología del AT, y será
la iglesia primitiva quien leerá
la vida de Cristo a la luz de estos cánticos.
Este cántico presenta a un hombre,
siervo de Dios, que consagra con su espíritu
para revele del derecho de Dios a las naciones,
el modo de estar Dios en la historia, y
se mostrará delicado, silencioso,
respetuoso, tenaz y fiel hasta conseguir
que el mensaje de Dios sea una realidad
en el mundo de los hombres. Frente a la
tiranía del imperio babilonio Ciro
representará un progreso de libertad
y respeto del derecho de las naciones, y
a la luz de este curso histórico
se entiende mejor la figura del Siervo en
cuanto que aporta una nueva modalidad de
actuar Dios en la historia por medio de
su siervo y su consagrado, identificándose
con él. La misión del Siervo
será religiosa, y repercutirá
en las naciones, pues les dará el
derecho, es decir el fundamento del derecho
público y privado. Su actividad misionera
será persuasiva, espiritual e interior;
no actuará violentamente, destruyendo
los gérmenes de bondad y espiritualidad
que encuentre. El Siervo será como
el médico, que cura las heridas y
las flaquezas humanas. En esta tarea el
Siervo actuará sin desmayo y cansancio,
obrando calladamente, y en todo momento
le sostendrá el espíritu de
Dios.
Este personaje se sale del pensamiento
del AT. Con el surge una nueva personalidad,
que es modelada por el espíritu de
Dios, una energía divina y dinámica.
Un nuevo de estar Dios en la historia guiada
por la persona. La misión del Siervo
es moral y religiosa, que se dirige a abrir
espiritualmente los ojos a los están
encerrados en oscuras mazmorras. Quien vive
en el pecado está como ciego, como
en una prisión.
El Siervo representa
al creyente que se deja guiar por el Espíritu
de Dios. Quien se sabe conducido por Dios
es aquel no que se desanima, quien actúa
calladamente, y con dulzura. Aquel que en
todo momento se apoya en la complacencia
divina, porque desde ahí no desmayará
en su tarea curativa a pesar de las dificultades
que ciertamente encontrará.
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Sal 28
(varios versículos):
Es un Salmo centrado en el dios de la
tempestad. Esta es vista como un apocalipsis
divino, una revelación; es la palabra
de Dios emblemáticamente concentrada
en el trueno, como ocurre también
el Sal 18, textos ambos arcaicos, de origen
cananeo, donde se sustituye el nombre
de Baal por Dios. Este Salmo, de origen
cananeo, fue adaptado para la liturgia
en el templo de Jerusalén. El politeísmo
cananeo es borrado por la fe bíblica
en el Dios único y trascendente.
Este Sal es una coral de siete truenos,
que en el uso litúrgico se convierte
en los siete dones del Espíritu,
o “la voz de Dios que truena admirablemente,
porque con fuerza escondida, penetra en
nuestros corazones” (San Gregorio
Magno, en el comentario de Job), la voz
de aquel que atraviesa la naturaleza y
se revela en la historia.
Perfil
cristiano:
El Sal nos lleva a contemplar la potencia
y trascendencia de Dios, irreductible
a “las obras de nuestras manos”.
El creyente es invitado a medirse con
el eje vertical del espacio, es llamado
a penetrar en la paz inalterable de Dios,
que supera el torbellino de a tempestad.
En el templo el cristiano sana sus inquietudes
y su angustia, y logra participar en la
calma eterna de Dios, celebrando la liturgia
celeste.
Hch 10,
34-38 :
En la conclusión
del relato sobre la conversión
de Cornelio, Pedro presenta una síntesis
del evangelio: según el criterio
de Lucas se ha mostrado el alcance universal
de la salvación. Está preocupado
por mostrar que el paso del evangelio
de los judíos a los gentiles es
un acontecimiento querido por Dios, previsto
por las Escrituras y realizado bajo el
Espíritu Santo. En modo sumarial
se alude a hechos puntuales sobre Cristo,
que engloban toda su actividad, en cuanto
que estaba ungido por el Espíritu.
Estas síntesis son frecuentes en
los discursos de los Hechos de los Apóstoles,
aunque cada uno subraya algún aspecto
particular.
Vertiente
cristiana: Con
Cristo se está cumpliendo el anuncio
de la primera lectura. Cristo, ungido
por el Espíritu, se caracteriza
por hacer el bien y curar las dolencias
a todo aquel que acepta su persona como
signo de una presencia divina. El pábilo
vacilante no lo apagará, es decir,
será esa palabra tonificante en
todo momento de fragilidad del creyente.
Mt 3, 13-17:
El bautismo ocupa un
puesto central en el tríptico preparatorio
de la misión pública de
Jesús. La redacción de Mt
corresponde a la de Mc, excepto el diálogo
entre Jesús y el Bautista, y algún
otro detalle. Hay que distinguir dos momentos:
el bautismo (v.13-15) y la teofanía
(v.16-17). Jesús se somete al bautismo
de Juan para cumplir la justicia divina,
es decir, para realizar el proyecto salvífico
del Padre, que preveía su inserción
en el mundo pecador. Jesús inicia
un camino que lo llevará al Gólgota.
La inmersión en el agua del Jordán
prefiguraba el destino de su muerte, y
su sepultura. La descripción de
la teofanía está modelada
según narraciones proféticas
del AT. Jesús es consagrado con
una particular efusión del Espíritu
para comenzar su actividad.
Mateo trasforma la revelación
a Jesús en una proclamación
de fe para la iglesia primitiva. Las referencias
bíblicas aluden al mesianismo del
Siervo sufriente y prefiguran la misión
de Jesús en esta dirección.
Cristo se somete al Bautismo para realizar
el proyecto de Dios. Jesús da a
entender al Bautista que en este rito
penitencial se acomoda al plan de Dios
Padre. La palabra “justicia”
que adopta Mt 11 veces (cinco en el discurso
de la montaña), es usada también
en el primer cántico del Siervo,
la lectura de hoy, Is 42,6, en referencia
a su misión. Con la fuerza del
Espíritu podrá iniciar su
dura misión de conformidad al plan
de Dios.
El bautismo
cristiano: Es
el inicio de un camino de fe para todo
cristiano: “El Bautismo de Jesús
se entiende así como compendio
de toda la historia, en el que se retoma
el pasado y se anticipa el futuro: el
ingreso en los pecados de los demás
es el descenso al “infierno”,
no sólo como espectador, como ocurre
en Dante, sino con-padeciendo
y, con un sufrimiento transformador, convirtiendo
los infiernos, abriendo y derribando las
puertas del abismo” (Benedicto XVI,
Jesús de Nazaret).
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