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Mes
de Mayo, mes de María
- cuatro poemas
de fr. Marcos-
Hch
1, 1-11:
Nos hallamos ante el inicio
del libro que narra los acontecimientos
de la iglesia primitiva, acontecimientos
que son referencia para la iglesia de todos
los tiempos, puesto que describen la comprensión
de la comunidad cristiana en ausencia de
Cristo y con la presencia del Espíritu.
El texto de hoy se compone de cuatro pequeñas
unidades: un breve prólogo (v.1-2),
el recuerdo de las apariciones (v.3), las
últimas recomendaciones del resucitado
(v.4-8), y la ascensión (v.9-11).
La introducción presenta el periodo
de la manifestación del resucitado,
la experiencia histórica de los discípulos
de Jesús y el tiempo de la iglesia.
Estos versículos aparecen como un
sumario retrospectivo del primer libro,
especialmente de Lc 24,44-51, pero que a
su vez introducen también el contenido
y programa del segundo libro, los Hechos.
Tienen una doble función: resumir
cuanto se ha afirmado en el evangelio y
trazar las líneas programáticas
de cuanto sigue. Lucas en este sentido es
fiel a los principios de la historiografía
antigua.
En la fiesta de hoy, nos interesa subrayar
la ascensión del Señor (v.9-11).
Conviene recordar que es el único
autor del NT que crea este cuadro. Lucas
conduce al lector al evento que ha cerrado
su evangelio: la ascensión del Señor,
pero con una narración esencialmente
teológica. La ascensión del
Señor es considerada como el cumplimiento
lógico de la resurrección.
Con el recurso literario del “rapto”
Lucas desarrolla plásticamente una
verdad tradicional de fe que enuncia un
aspecto fundamental de la resurrección:
la exaltación de Cristo a la derecha
de Dios Padre.
Vertiente
cristiana:
En la perspectiva de Lucas la ascensión
del Señor concluye la etapa de las
apasiones del resucitado, y comienza el
tiempo del Espíritu, la era de la
iglesia. Por consiguiente, no habrá
lugar a nuevas revelaciones históricas
de Jesús, sino que remitirá
a cuanto ha dicho anteriormente. Lucas es
el primer autor del NT en presentar la ascensión
de Jesús a los cielos en la forma
narrativa de un rapto ante testigos. Un
tal enfoque ya preexistía en las
fórmulas kerigmáticas, pero
hablan de la exaltación del Señor.
Si el término “resurrección”
ponía el acento en la superación
de la muerte, la ascensión subraya
la soberanía cósmica de Jesús.
La ascensión es vista como consecuencia
de la resurrección. |
Sal 42,
2-3. 6. 9:
Es una invitación festiva a aclamar
al Dios que reina sobre la toda tierra,
y el primer salmo que se presenta como
himno a Dios rey, además de los
Sal 93 y 96-100. Nótese que aquí
sólo ofrecen unos versículos,
relacionados temáticamente con
la ascensión del Señor,
en cuanto enfoque literario y teológico.
En el v.6 con la metáfora “Dios
asciende” se quiere enfatizar por
una parte la glorificación de Dios,
y, por otra, la subida del creyente al
templo de Jerusalén y su elevación
espiritual. La metáfora espacial
de “ascender” en el lenguaje
bíblico expresa también
la trascendencia. No en vano el NT utiliza
el término para describir la exaltación
de Jesús en la cruz, como glorificación,
y la resurrección del Señor.
Relectura
cristiana: Los
versículos de hoy constituyen la
respuesta a la ascensión del Señor,
y proponen una lectura cristiana de la
alabanza dirigida a Dios. Cristo es la
palabra definitiva del Padre, y la realeza
del Altísimo es compartida por
el Hijo resucitado.
Ef 1, 17-23:
Pertenece el texto de
hoy a la sección doctrinal de la
carta (Ef 1,3-3,21), en la cual Pablo
celebra la revelación de proyecto
de Dios Padre en Cristo, y concretamente
los versículos de esta liturgia
cantan el triunfo de Cristo y su supremacía
con un tono de acción gracias y
de súplica para que Dios dispense
a los cristianos un mayor conocimiento
de su misterio. El don del Espíritu
será necesario para comprender
la realidad de Dios en nuestras vidas,
que constituye una tarea constante, un
peregrinar en la fe.
Enfoque
cristiano: Dios
Padre ha manifestado la extraordinaria
grandeza de su potencia por medio de la
resurrección de Jesús de
entre los muertos, que sirve para abrir
nuestros ojos y darnos un mayor conocimiento
de nosotros mismos. La persona tiende
a fijarse en sus posibilidades, y desde
ahí piensa en el mundo personal
y social, a veces un tanto pequeño.
Los eventos de Dios en Cristo desvelan
siempre nuevos ámbitos y esferas
personales que no nos podíamos
imaginar. Esta es la grandeza del creyente,
siempre que se apoye en la presencia del
Señor resucitado que lo acompaña
por doquier. El creerse que el mundo moderno
cerrado es un canto a la autonomía
del hombre y su plena libertad, adolece
de ser un enfoque equivocado, visto desde
la fe. Cuando está ante nosotros
tiene sed de eternidad, y Cristo resucitado
puede aliviarnos y saciar nuestra sed
de armonía con nosotros mismos
y para con los demás.
Mt 28,
16-20 :
Ofrece la conclusión
del ev. de Mt con la alusión a
las apariciones en Galilea y a la misión
universal de los discípulos. El
ev. eclesial subraya constantemente las
características de la iglesia,
y entre ellas la presencia continuada
de Cristo en quienes creen en El. Este
relato final ofrece una llave de comprensión
el primer ev. Los discípulos, huidos
en el momento de la detención,
reaparecen al final, donde Jesús
los envía de nuevo. Jesús,
el mismos maestro crucificado en el Gólgota,
es aquel que tiene todo poder en el cielo
y la tierra; es el Señor de la
historia en todas sus dimensiones, exaltado
mediante la resurrección de los
muertos, llamado a participar en la realeza
de Dios, y desde esta identidad deriva
la misión.
El adiós
del Resucitado no es definitivo, sino
sólo un cambio de dimensión,
clarificada desde la revelación
definitiva de su persona. Jesús
de Nazaret es Dios hecho hombre. En numerosas
ocasiones en la Sagrada Escritura la gloria
de Dios se manifiesta en forma de nube,
símbolo de la cercanía divina:
Dios está presente, se acerca,
se deja percibir, pero al mismo tiempo
Dios nos trasciende, está sobre
los cielos. La nube es revelación
y misterio, revelación y encubrimiento.
Es la verdad que se revela en el ocultamiento,
porque la persona en su humanidad no puede
ver claramente a Dios, de ahí que
necesite esta cercanía protectora,
cuya distancia es marcada por Dios, y
no por el creyente, pero siempre camina
a nuestro lado, tal como nos confirma
el ev. de hoy.
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