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Mes
de Mayo, mes de María
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cuatro poemas de fr. Marcos-
Hch
8, 5-8. 14-17:
Las palabras del diácono
Filippo nos sitúan en un ambiente
expansión de la iglesia primitiva,
concretamente en Samaría, pero según
la mentalidad lucana dicha expansión
misionera no es programada por la mente
humana, sino que debida a la persecución
de los cristianos en Jerusalén; en
palabras breves, al rechazo de la palabra
del resucitado en la ciudad de las promesas.
En estos acontecimientos se descubre una
realidad misteriosa, ya que la palabra divina
alcanza otros objetivos precisamente por
el obrar negativo de los hombres. Este nuevo
escenario es aprovechado por Filippo para
anunciar la palabra divina, e insistir en
la gran novedad cristiana: el don y la vivencia
del Espíritu del Señor resucitado.
Por otra parte, conviene recordar que Lucas
aquí conserva datos de a tradición
jónica (Jn 4). El cuadro supone ya
la conversión de los samaritanos,
pero aun no habían recibido el Espíritu.
En el don del Espíritu Lucas considera
la dimensión eclesial: el Espíritu
da a la iglesia local su autenticidad apostólica.
Se trata según San Lucas de la inserción
de la comunidad, recientemente fundada,
en la iglesia apostólica: iglesia
y Espíritu se dan allí donde
sólo hay comunión con los
apóstoles, testigos del mensaje de
Cristo el Señor. Lucas visibiliza
el rito con la imposición de las
manos que confiere la plena integración
en la comunidad eclesial.
El espíritu
del Señor Resucitado es el alma de
la comunidad cristiana: Conviene subrayar
que en el NT el espíritu es un don
del Señor, quien vivifica con sus
palabras vivifica a cada creyente, y le
hace comprender su tesitura personal, su
dignidad de ser criatura de Dios, que conlleva
un conocimiento armonizador de sí
mismo, tarea no fácil, porque tal
situación supone interrogarse continuamente
a la luz de la palabra, y que supone antropológicamente
también un proceso de purificación
de criterios y enfoques de la realidad cotidiana.
Pero lo mágico de este itinerario
es que no se puede no programar, sino que
el Espíritu nos da nueva luz en el
momento más inesperado. |
Sal 65,
1-7. 16-20:
Salmo de acción gracias, que
invita a dirigirse a Dios por medio de
la alabanza y la exultación. Junto
con los instrumentos musicales resulta
decisiva la alegría espiritual,
que se apoya en el reconocimiento de la
grandeza de las maravillosas obras de
Dios. El Sal se compone de tres partes:
la primera es un himno de la alabanza
(v.1-7), la segunda una acción
de gracias comunitaria (v. 8-12), y la
tercera otra acción de gracias
individual (v.13-20), pero en toda la
plegaria predomina la alegría en
el Dios.
Perfil
pascual: El
Salmo hay que situarlo en el contexto
pascual por las nuevas acciones de Dios:
la resurrección del Señor
y el don del Espíritu, que constituyen
la base de nuestro ánimo alegre
y sereno. Constantemente desencadenan
nuevas posibilidades en nosotros, en cuanto
que nos crean una conciencia interpelada,
llevándonos a alabar al Señor,
a ser felices en el aquí y ahora,
no obstante los obstáculos cotidianos,
y todo ello es fruto del Espíritu.
1Pe 3,
15-18:
Como se puede observar
la carta petrina acompaña la reflexión
pascual de cristiano. De una manera casi
sin querer ofrece unas pautas de gran
finura espiritual para la vida de todos
los días, para transformar nuestro
testimonio. Se nos invita a dar razón
de nuestra esperanza en las diferentes
circunstancias donde se encuentren los
cristianos, que ofrezca una explicación
de nuestros interrogantes desde la luz
de la fe. Se trata de un testimonio respetuoso,
no temeroso, dulce pero no débil,
una conciencia despejada, que no quiere
instrumentalizar a los otros y ni siquiera
su fe. Se aboga por estilo simple: la
sobriedad y la humildad, unidas a la competencia
y al coraje, para que el mensaje de Cristo
se apoye en ostentación, sino en
la acogida personal.
Vertiente
cristiana:
En una sociedad, donde el lenguaje divino
se esconde, y abunda con gran protagonismo
la palabra humana este texto petrino afirma
que no es cristiano el juego al escondite,
no dobles personalidades, la privada y
la pública, sino que el cristiano
“siempre” (lo dice el texto)
debe responder de su esperanza con dulzura
y respeto. Magnífica receta para
caminar por la vida.
Jn 14,
15-21:
En el ámbito del
discurso del adiós en este diálogo
largo entre Jesús y discípulos
se retoman algunos temas importantes el
cuarto evangelio. Son alusiones, reclamos
que crean una red y unión entre
los versículos. Hoy se encuentra
una nueva presencia: el Paráclito.
Pero no olvidemos la estructura de la
perícopa: los v.15 y 21 relacionan
el amor a Cristo y la observancia de los
mandamientos, los. 16-17 comienzan la
presentación del Espíritu,
y, finalmente, los v.18-20 relacionan
al Paráclito con los discípulos,
junto con la promesa de Jesús sobre
su vuelta. El evangelio insiste en que
el mandamiento del amor no es sencillamente
unas imposiciones morales, sino que implican
una respuesta generosa y decidida al amor
que Dios nos ha mostrado, una dinámica
de gratuidad. Jesús históricamente
ha desvelado el rostro de Dios. Jn 15
insistirá sobre esta cuestión.
El Espíritu se gran novedad;
Juan lo concentra en estos discursos,
siendo su presencia consoladora. Esta
nos convence de ser amados por Dios en
Cristo; es la prolongación de Cristo
en medio de nosotros, sus discípulos,
el maestro interior, que nos enriquece
y alegra. De esta manera la palabra divina
nos prepara para Pentecostés.
El Espíritu
esa presencia integradora y armonizadora:
Frente a las dispersiones, vacíos
y desorientaciones la lectura de hoy nos
invita a descubrir en nosotros esa presencia
callada, sutil y constante, es decir,
el Espíritu. Esta riqueza la habita
en nosotros y es un don ¡Seamos
acogedores de la misma y convirtamos nuestra
existencia en alabanza del Altísimo!
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