| Las
lecturas de la palabra divina nos recuerdan
hoy que somos el pueblo de Dios, en camino
hacia el Padre, siguiendo las huellas de
Cristo. Nos alejamos del núcleo de
las apariciones del Señor resucitado,
y entramos en la dinámica de la reflexión
de su palabra en el acontecer diario
Hch
6, 1-7:
Se nos ofrece un cuadro
de la iglesia primitiva, que narra un disenso
surgido entre los cristianos helenistas
y los cristianos judíos, y la solución
adoptada por los apóstoles. De nuevo
Lucas, de una manera brusca pone ante los
ojos del lector una situación concreta,
que contrasta con las imágenes ideales
de una iglesia unida, donde no había
indigentes (Hech 2,42-47; 4,32-35). La intención
del autor, sin embargo, no es ahondar en
la conflictividad, sino buscar una solución
posible con la elección de los siete
diáconos, entre ellos Esteban, futuro
protagonista. Lucas para este relato se
ha servido de noticias que derivan de la
tradición primitiva, donde se pueden
observar los problemas de la iglesia en
su crecimiento y expansión. Los grupos,
helenista y judío, constituyen los
núcleos más importantes, lo
cual conlleva la existencia de criterios
variados.
Aquí se entrecruzan motivos varios.
En el v.4 se enfatiza la misión de
los apóstoles: el servicio de la
palabra y la oración. Lucas subraya
claramente que el ministerio de los apóstoles
era el culto y la misión. En el v.6
se puede observar la descripción
de un rito de imposición de manos
sobre los diáconos y la oración
sobre ellos, que recuerda otras elecciones
también descritas en los Hechos,
como la de Matías (Hech 1,23), Bernabé
(13,3). En nuestro caso se insiste en el
encargo de servir a la comunidad.
Aplicación
cristiana: La iglesia, la comunidad
de fe, aparece como una asamblea nacida
de la fe, dotada de gran vitalidad y capacidad
de adaptación a las diversas necesidades
que surgen con el cambio de los tiempos
y de las circunstancias, pero la iglesia
es fruto del espíritu del Señor
resucitado, no obedece sólo a intereses
sociológicos o planes humanos. Gracias
a la presencia del Espíritu la comunidad
de fe es también una realidad humana,
pero diferente a los criterios habituales,
y no coincide con un proyecto sólo
humano. |
Sal 32,
1-2. 4-5. 18-19:
Es un himno al Dios creador, revestido
de tonos sapienciales, y estructurado
en tres partes: 1. v. 1-3, invitación
inicial. 2. v. 4-19, motivos de la alabanza,
y 3. v. 20-22 conclusión con una
oración. La invitación es
amplia, pues en el cuerpo del salmo se
acumulan los motivos para ensalzar al
Señor, y en la conclusión
el salmista se identifica con quienes
esperan al Señor.
El salmo es una mirada al Dios de la
providencia, que abre nuestros espíritus
y lo libra de nuestras pequeñeces,
y nos abre, despojándonos de nosotros
mismos, a encontrar a los hermanos en
la fe, que son llamados “justos”,
es decir, aquellos que comprenden el latir
de Dios en la historia de todos los días.
Cada obra de Dios es definida como fidelidad
de Dios, es decir, es incansable en su
amor a sus criaturas. El derecho, la justicia
y la fidelidad mencionados en el Salmo
pertenecen al vocabulario de la alianza,
y a través de ellos a los “justos”
se les hace ver que la historia humana
no es un caos, sino un designio de salvación
con contornos imprecisos aún, pero
portador de confianza. Las tramas humanas
no lo pueden frustrar.
Enfoque
cristiano: Es
una oración que nos lleva a animarnos
ante la historia humana, tan llena de
interrogantes cotidianos y desalentadores.
Los “justos” (quienes al final
se fían de Dios) viven en una comunión
con Dios que les quita de los ojos el
miedo, la angustia cotidiana, que surgen
del cauce humano de la historia, y les
invita a alabar al Señor, es decir,
a ver la historia con el apoyo divino.
1Pe 2,
4-9:
De nuevo el autor intenta
explicar el horizonte de la vida cristiana
y exhorta a los creyentes a la perseverancia.
Metáforas, como “piedras
vivas”, “sacrificios espirituales”,
“pueblo elegido”, etc, tejen
el contenido del texto. Son realidades
que contemplan muchos aspectos para definir
la identidad de los cristianos, pero sencillamente
quisiéramos fijarnos en el término
“espiritual”, que en nuestra
cultura evoca habitualmente una realidad
evanescente, menos fuerte y válido
de cuanto es concreto, mientras que en
el lenguaje bíblico significa cuanto
acontece a nivel de la fuerza del Espíritu
de Dios, con todo su potencial creativo.
Vertiente
cristiana: El
autor vuelve a subrayar que la historia
de la persona se entiende con la aceptación
del Jesús crucificado y resucitado.
La historia se teje con este pendular
entre los criterios humanos y los discernimientos
con la ayuda de la palabra divina, ¡al
menos para los creyentes! No se puede
renunciar a estos polos, sino seríamos
seres de este mundo, porque tenderíamos
a absolutizar éste, o a despreciarlo.
La fe se vive en medio de las persecuciones,
faltas de aceptación y contradicciones,
pero el creyente sabe que ésta
no es la última palabra de verbalizarse
humano.
Jn 14,
1-12:
Estamos en los discursos
del adiós de Jesús ante
sus discípulos, y preceden los
acontecimientos de la pasión, donde
la comunidad jónica a la luz pascual
reflexiona sobre la identidad cristiana.
Jesús es el camino que Dios traza,
para orientarnos frente tantas voces contradictorias
que nos rodean, ya que es la verdad que
desvela en la historia la palabra divina,
y nos marca el sendero justo.
Lectura
cristiana: A
nuestros ojos la vida se repite continuamente,
la vida de todos los días, pero
en ésta Jesús nos comunica
su espíritu, en el sentido de que
la nuestra se transforma en un camino,
no ciego, sino de la asimilación
del horizonte diseñado por el Señor
resucitado, y este camino hay que compartirlo
comunitariamente, y se convierte en la
maravilla de la vida de los resucitados
en Cristo.
Cada uno posee
sus cualidades, que debe vivir en comunidad.
Uniéndonos a Jesús desembocamos
en la comunidad de fe, que es un fruto
del Espíritu en el Señor.
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