Quinto domingo de Cuaresma

Pregσn de Cuaresma-2008
(Fr. Marcos Rincσn)

Ez 37, 12-14

La misión de Ezequiel en estos momentos de su actividad profética era crear esperanza en el pueblo exiliado. Esto explica la visión de los huesos de 37,1-11, e interpretada en los v.12-14, que corresponde a la lectura de hoy. El profeta tenía que infundir nuevos ánimos en sus oyentes, un tanto perplejos e perdidos por la situación que tenían que vivir. Los huesos secos son la metáfora de las tribulaciones y sufrimientos que disminuyen la fuerza vital y corroen las raíces de la existencia (Sal 31,11). Los v.12-14 radicalizan la imagen, pasando de la metáfora de los huesos al sepulcro. El profeta les anuncia que Dios abrirá sus tumbas y los sacará de este ámbito de muerte: el exilio. La lectura de hoy pertenece a los oráculos que pretendían alentar al Israel de aquel tiempo: Ez 33-37.

La iniciativa recae exclusivamente sobre Dios, y aunque Israel no ve caminos de solución, el Señor hará surgir la vida en este callejón sin salida: tal es el mensaje nítido del profeta a sus coetáneos en Babilonia.

Perfil para la vida: Ez en el texto de hoy afronta una situación desesperada. No existía ni el más mínimo atisbo de vida a su alrededor. Era el desenlace de haber vivido durante siglos y años de espaldas a la palabra divina que Dios había enviado puntualmente por medio de sus profetas. Era el triunfo de la terquedad y de la ceguera, tanto a nivel personal como colectivo. Esta página ilumina ánimos desesperados que pueden surgir en nosotros, cuando las cuentas no cuadran, cuando nos sentimos perplejos y encerrados en nuestros sepulcros de miedo, zozobras, congojas, y se nos sueltan lágrimas de amargura. Pues bien, en estas situaciones el soplo divino puede convertirse en esa palabra de aliento, palabra genuina, transparente y cristalina, que nos ayuda a vernos con ojos limpios y luminosos. La transformación de nuestro corazón es posible gracias a la cercanía divina.

 

Sal 129, 1-8

Este salmo contiene 52 palabras, y está insertado entre los “Cánticos de las ascensiones”, con un tono penitencial tan apasionado capaz de crear fe y esperanza para la espiritualidad de todo tiempo. Se compone de una introducción solemne (v.1-2), y de una súplica (v.3-8), ritmada por reconocimiento de la culpa, la petición de perdón, la confianza de la gracia y redención personal y colectiva. Forma parte del grupo de los siete salmos penitenciales, donde el hombre se siente sumergido y abrumado por sus fracasos, enfermedades, sufrimientos, maldades, que conducen al “hundimiento”, al desconcierto, en palabras más llanas y actuales a la “depresión”.

La culpa surge cuando tomamos conciencia de nuestra dignidad, y de la fragilidad que a veces nos envuelve. Este sentirse mal con uno mismo denota la lejanía que a veces toma carta de rutina en nuestro vivir el tiempo. En el lenguaje bíblico se llama “pecado”. Esta conciencia del pecado nos hace comprender la vanidad de la vida lejos de Dios, y que nos puede conducir al caos, a ser desabridos y amargados, tal como el Sal deja entender con palabras de antaño. El Sal en los v. 3-4 recuerda la universalidad del pecado, en los v.5-6 cantan la fidelidad de Dios, no obstante las cegueras humanas, y los v.7-8 se deshacen en elogios al Dios misericordioso.

Vertiente cristiana: Es otra forma de cantar las posibilidades que la vida nos ofrece aquí y ahora. Esa vida no programada desde nosotros mismos, sino desde la aceptación del perdón divino. Vivir como reconciliados es una posibilidad que viene de lo alto, y no tiene que ver nada con una derrota personal o anulación de esferas de nuestra interioridad, sino que abre espacios de ilusión y desvanece la desolación que puede apoderarse de nosotros. Es otra forma de abrir sepulcros: nuestras cerrazones, que conducen a la tristeza.

Rom 8, 8-11

Rom 8 gira en torno al tema de la novedad de la vida animada por el soplo del Espíritu. El tema se desarrolla en tres etapas: la ley del Espíritu y la libertad de los hijos (v.1-7); el compartir los sufrimientos y la gloria (v.8-30), y el amor de Dios y de Cristo por nosotros (v.31-39).

“Permanecer en la carne” significa en este caso estar ya muertos y paralizados por la fuerza del pecado; parafraseando la primera lectura, vivir la corrupción del sepulcro. La vida del creyente, animada por el Espíritu, asume las connotaciones de una resurrección continua, un camino luminoso entre las maravillas de Dios. El Espíritu es el gran protagonista de Rom 8.

Lectura en la fe: La persona fácilmente puede verse a sí misma desde su área personal, a veces considerada intocable, pero que puede conducir a un espíritu mezquino, aunque paradójicamente uno puede estar contento consigo mismo. La palabra divina nos recuerda que aunque nos empeñemos también existe otro ánimo en nosotros que no debemos dejar apagarse: el nivel del espíritu de Dios.

Jn 11

Jn 11 tiene referencias estrechas con Jn 20: los temas de ir al sepulcro, la piedra “quitada”, las vendas y el sudario del muerto, el elemento de “duda” sobre la posibilidad de resurrección. El retorno a la vida de Lázaro se convierte en anticipación de la resurrección de Cristo, como en los sinópticos la transfiguración es anticipación de la vida gloriosa de Cristo sobre la muerte. Además, Jn 11 conecta igualmente con el cap. 5, en cuanto que Jesús ha hablado de la fe en El como paso inmediato de la muerte a la vida. Jn 11 usa la técnica jóanica, mostrada ya en los caps. 2 y 7, es decir, retrasar manifestación de su gloria.

En la mirada del ev. de Jn, la resurrección del Lázaro constituye el último de los signos de Jesús. Es un signo que hace comprender la verdadera identidad de Jesús. Después de estos signos Jesús se prepara realizar el último, es decir, su gloriosa resurrección. El relato, como todo el cuarto evangelio, intenta instruir profundamente a los creyentes (representados por las hermanas de Lázaro) sobre una verdad fundamental: la única y plena causa de la resurrección es Jesús. Es decir, Dios no quiere un hombre mortal, pues tal contradicción se opone a su proyecto del mismo.

Enfoque cristiano: Las lecturas de este domingo caminan en una misma dirección: Dios puede ayudarnos nuestras a superar aquellas situaciones de muerte. Nos llama a abandonar nuestro sepulcro, y a entrar en una atmósfera sin fin ni compartimentos, liberándonos de cualquier impedimento, y quitándonos las “vendas” que nos impiden caminar con ilusión.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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