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2, 14a. 36-41:
El discurso de Pedro en
el día de Pentecostés contiene
varios partes, y la liturgia nos ofrece
conclusión del mismo: la llamada
a la conversión. Mediante la reacción
de los oyentes se destaca cuál es
la finalidad del discurso. En el v.36 se
concentra una vibrante exhortación
a reconocer una certeza: Dios ha constituido
a Jesús crucificado en Señor,
siendo una de las confesiones más
antiguas de la fe cristiana. Elementos de
esta profesión de fe es la serena
seguridad de tal reconocimiento, que excluye
toda duda, y actúa de conexión
entre la adhesión en la fe y el hecho
divino de la resurrección. El elemento
principal de la profesión de fe es
la afirmación que la realidad descrita
en ésta constituye un fruto de la
acción de Dios.
El v. 37 narra la reacción de los
destinatarios, presentada como tener un
corazón contrito, es decir, pensamientos,
sentimientos y proyectos, que sintetizan
los elementos esenciales de la conversión
cristiana, válidos para siempre.
Esta desemboca en el bautismo, que es relacionado
con el “nombre”, es decir, con
el Cristo resucitado. Este sacramento tiene
variados efectos: el perdón de los
pecados y el don del Espíritu. La
parte final de la exhortación insiste
en aspectos complementarios, como el cumplimiento
de la promesa, y la acogida de la palabra
del apóstol. Lucas habla de un crecimiento
excepcional de la iglesia, en cuanto fruto
del Espíritu en al tiempo de Pentecostés,
signo de la fuerza escondida.
Perfil cristiano:
La exhortación de Pedro deja bien
claro que el Jesús crucificado es
el Señor resucitado, y ante tal consideración
surge la reacción de sus oyentes.
En palabras más directas: ¿En
el estado de bienestar hay espacio para
la sorpresa, y, concretamente, religiosa?
Este espacio abre un nuevo sistema de valores,
que insisten en la conciencia de nuestra
pequeñez y en la apertura hacia la
trascendencia, que enriquece nuestro presente,
conciencia que se apoya en la base sólida
del Señor Resucitado, y no son consecuencias
de ilusiones soñolientas. |
Sal 22,
2-6:
El Sal 22 aparece en el último
versículo de la segunda lectura
y está en el centro del ev. de
hoy. Anticipa y prepara, con gran finura
de imágenes y lenguaje, el tema
de la lectura evangélica. Dos son
los grandes beneficios que atribuye el
salmista a la actividad divina, el supremo
pastor de su pueblo: abundancia de todo
aquello que es necesario en la vida (en
lenguaje simbólico: aguas tranquilas,
preparar una mesa, verdes praderas,…),
y absoluta seguridad y protección
de todo peligro (me guía por el
camino justo; el bastón da seguridad;
no temeré algún mal).
Literariamente no conviene olvidar se
trata de un salmo de confianza individual,
compuesto de un díptico: escena
pastoril (v.1-4), y escena de banquete
(v.5-6). La intuición-eje gira
en torno a la certeza de que Dios nos
acompaña en el caminar, y su presencia
no se reduce sólo al templo, sino
que abraza la vida entera y cada uno de
sus momentos.
Certeza
cristiana: Las palabras del sal
contienen un ánimo, que nos hace
observar que Dios nos anima enla vida.
Nuestro caminar, a pesar de sus zig-zags,
puede estar unificado y aligerado con
la cercanía divina. Anhelamos descansos,
reposos, reparos, seguridad, certezas…
y hoy podemos contemplar que Dios está
más presente en nuestra vida cuanto
parece. Simplemente es necesario pararse
y dialogar con El, y daremos razón
a las palabras del Salmo.
1Pe 2,
20-25:
Esta lectura pertenece
a la primera sección de la carta,
donde se halla esta recomendación
a los servidores de casa. Conviene recordar
que los cristianos en esta carta son una
minoría dentro de un ambiente hostil.
El autor desarrolla el tema del sufrimiento
de Cristo en este contexto sociológico,
concretamente en los v.21-24 se detiene
en la capacidad de convivir con padrones
difíciles. Con una clara alusión
al siervo de Dios en Is 53 se recuerda
que los malos tratos que el esclavo cristiano
sufre, son puestos al nivel de los sufrimientos
de Cristo. El v.25 de una manera inesperada
se aplica a Cristo, y refuerza la recomendación
dirigida a los esclavos o siervos cristianos,
siendo sabedores de pertenecer al rebaño,
de cual Cristo es el Pastor.
Vertiente
cristiana: Ciertamente la lectura
se dirige a los esclavos cristianos domésticos,
y en unas coordenadas sociológicas
muy lejanas a las nuestras, donde existen
medios estructurales y jurídicos
que afrontan estos conflictos. Sin embargo,
la realidad del sufrimiento injusto recorre
muchos de nuestros ámbitos sociales
de hoy, y tantas veces la reacción
adecuada no es la justicia o el castigo,
sino procurar afrontar las situaciones
con ánimo generoso, usando el lenguaje
bíblico, responder con “buenas
obras” y buenos modales. No “todo”
se soluciona con encajes jurídicos
o defensores cívicos, sino que
es necesario esa alma cristiana, que cree
en el perdón y la maravilla de
vivir la existencia como “gracia”
para poder resolver situaciones conflictivas.
Mt 10,
1-10: El Buen Pastor
Converge en la pequeña
sección de Jn 10,1-21, que actúa
como bisagra entre el bloque relacionado
con las fiestas de las tiendas (7,1-9,41),
en el cual Jesús cura al ciego
de nacimiento, proponiéndose como
luz del mundo, y la sección relacionada
con la fiesta de la dedicación
del templo (10,22-11,54), en la cual se
encuentra la resurrección de Lázaro,
y Jesus declara ser la resurrección
y la vida. Este discurso está construido
con materiales del AT: Ez 34 7 37,1s,
donde se enjuicia negativamente los pastores
de Israel.
Cristo, encarnación
del amor de Dios Padre, no es producto
ni hechura humana: Confiando en la voz
del Buen Pastor se puede experimentar
el don pleno y verdadero de la vida, la
apertura a los sueños y esperanzas.
El cristiano en Cristo, buen pastor, prueba
el éxtasis, el no va más,
de las atenciones que Dios reserva a sus
fieles, como hemos observado en el Sal
responsorial: “me conduce”,
“me guía” “me
hace reposar”, “me da seguridad”,
“no temo”. Expresiones codificadas
que cortan transversalmente tantos y tantos
momentos de la vida la fe y que podemos
hacer nuestras cuando las revivimos y
nos detenemos en la oración personal
y comunitaria en el contenido de sus palabras.
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