Cuarto domingo de Adviento:

Se invita a contemplar la Maravilla de Dios al enviarnos a su propio Hijo

Is 7, 10-14:

Nos hallamos ante un texto paradigmático del tiempo de adviento, que pertenece a la profecía sobre el Emmanuel. El texto de hoy ofrece dos vertientes: Is comienza por reprochar a Acaz su falta de confianza en Dios (v.13) y éste no acepta un signo que confirmaría el poder de Dios y la inutilidad de recurrir a medios humanos. El rey busca una alianza con Asiria, dada su fuerza militar. El signo que el rey rechaza es una prueba de fe, y prefiere fiarse sólo de las fuerzas humanas. En este contexto se sitúa el oráculo sobre el Emmanuel, que expresa la necesidad vital de poner la confianza en Dios en momentos cruciales. Este es el núcleo del mensaje de Is 6,1-8,18. La tesitura de esta sección de Is gira en torno a la elección entre la conversión a Dios o el apoyo de las fuerzas humanas, entre la confianza en Dios o la ayuda del rey asirio, Tiglatpileser III. Al reproche del v.13 corresponde a la amenaza del v.14.

El “memorial de Isaías” se refiere a la gran crisis entre los años 734-733, es decir, Is VII,1-VIII,10. Los elementos principales de esta sección del libro remiten al mismo Is, ya sea en forma oral u escrita, constituyendo el “memorial del profeta”.

El texto anuncia el nacimiento de un niño, que será la presencia salvífica de Dios. Será un puro don, fruto de la fe, será un signo inesperado y que proviene del ámbito de Dios; el NT ha interpretado el texto en sentido mesiánico, aplicándolo a Cristo, el Mesías. Será Mt 1,23, quien hará una relectura cristológica para explicar el origen de Jesús. Los rabinos no incluyen en su elenco de 456 textos bíblicos, considerados mesiánicos, este texto de Is de hoy.

Vertiente cristiana: La vida se puede ver e interpretar de muchos modos, de manera autónoma, es decir, excluyendo a Dios del sucederse de nuestros días y nuestros años, o también dejando que Dios incida sobre nuestro caminar, iluminando nuestras situaciones y problemas. Acaz, el rey, piensa que no es necesario meter a Dios en los eventos humanos, lo contrario del profeta. Pero no todo en la existencia está al alcance de nuestras fuerzas, sino que es necesario abrirnos a la esfera divina, que puede suscitarnos enormes sorpresas, y se dejarán sentir en nuestro ánimo. ¡No reduzcamos la intervención de Dios a nuestros criterios, sino caminemos confiando en su cercanía, y en su venida constante!

 

Sal 23, 1-2. 3. 4ab. 5-6:

Es un salmo litúrgico, articulado en tres estrofas, que originariamente eran independientes, y que han sido puestas reagrupadas posteriormente. La primera (v.1-2) es un pequeño himno a Dios, rey y creador del mundo (Sal 93; 95; 96; 98). La segunda (v.3-6), con gran afinidad al Sal 15, consiste en una instrucción adecuada sobre las condiciones para acceder al culto en el templo. Se trataría de una evocación del compromiso existencial ante la ley de Dios para participar en el culto. La tercera (v.7-10) es un himno triunfal, articulado en forma dialogal, de gran intensidad poética. El Sal representa una liturgia procesional para entrar en el templo de Dios. El ambiente litúrgico de Jerusalén es el ambiente de coordinación de las tres unidades aludidas.

El culto del AT aparece, pues, como la exigencia de Dios sobre todo creyente, en cuanto que aquí se presenta la oportunidad de experimentar toda la tradición de la historia como presencia inmediata de Dios. Esta visión a partir de la historia no sólo abraza el pasado y el presente hasta este momento, sino también el futuro. Delante de Dios las barreras del tiempo desaparecen. El himno canta la epifanía de Dios en templo de Jerusalén para el fiel del AT, pero está proyectado también hacia el futuro, que nosotros celebramos en cada venida de Dios en Cristo: la fe en el Dios que era, que es, y que viene.

Óptica cristiana: ¿Cómo nos preparamos para la venida del Mesías en medio de nosotros? Como cristianos celebramos este poner la tienda Dios en nuestra historia. No debemos reducir esta venida a los ámbitos litúrgicos, sino que engloba también todos nuestras esferas, profanas y menos profanas. Para que esta entrada en nuestra historia sea cada vez más auténtica supone una purificación de nuestros comportamientos: tener “manos inocentes y puro corazón”, es decir, interioridad y exterioridad de la persona.

Rom 1, 1-7 :

Es la introducción de la carta, donde se ponen las bases temáticas de la misma: Cristo es el Hijo de Dios, destinado a todos los hombres, no sólo al pueblo judío. En esta venida de Cristo nadie queda excluido. Cristo es el evangelio, la buena noticia que desciende del mundo divino sobre la historia programada por el hombre. S. Pablo habla desde su propia experiencia, donde ha descubierto que sin el Dios revelado en Cristo la persona camina en tinieblas y está ciega para comprenderse a sí misma.

Mt 1, 18-24:

Es un fragmento central del ev. de la infancia, que remite a otra palabra anterior: la “genealogía”. Ahora se pone el acento sobre el origen divino de Jesús, y al mismo tiempo cómo Jesús pertenece a la estirpe davídica. El evangelista no pretende darnos un relato historiográfico, sino revelarnos el significado cristológico. Los discípulos comprendieron plenamente la divinidad de Jesús después de los acontecimientos pascuales. Tal fe es anticipada en la tradición sinóptica hasta el momento de bautismo, y en los evangelios de la infancia hasta el momento de su concepción.

La estructura del texto puede ser así: 1) una introducción de la presentación de María y José (v.18-19); 2) el anuncio y el mandato del ángel a José (v.20-21); 3) la cita bíblica del cumplimiento (v.22-23), y 4) la ejecución (v.24-25).

Pensamiento religioso: Dios con el nacimiento de Jesús hace el máximo don a la humanidad y lo realiza en el modo más conveniente para que apareciera claro que es el Hijo de Dios. No se trata de un revestimiento de una idea teológica, sino de un hecho objetivo, del anuncio de un evento que se ha impuesto contra corriente.

La encarnación del Hijo es el gran misterio y la gran maravilla. Es el gran asombro. Dios rompe límites y barreras a la hora de adentrarse en al esfera humana, compartiendo nuestra vida para bien y para el mal. Es la gran presencia que nos dignifica, nos alegra y nos colma de gozo: “Dios se une a la criatura en eterno abrazo. Dios no es rival del hombre”, sino que se acerca con ternura, perdón, favor, misericordia, gozo, ….

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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