Tercer domingo del tiempo ordinario

 

El domingo pasado, invitados por la palabra divina, hemos comenzado a preguntarnos: ¿Quién es Jesús? El Bautista nos lo sugería al confesar a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Hoy el ev. de Mt nos facilita otra respuesta: Jesús es la luz de mundo. Pero dejemos que la palabra del Señor nos hable.

Is 9, 1-4:

Esta lectura se halla insertada en el libro del Emmanuel, termina concretamente en 9,6. Recordemos que el comienzo coincide con Is 6,1, pero es posible que se antepusiera la unidad 5,25-30, donde se narra cuanto sucedió con la invasión asiria, contrastando de esta manera con 9,1-6, donde se proclama a rienda suelta que esta amenaza ha pasado debido al nacimiento y la entronización del futuro rey. Estamos, no lo olvidemos, en el libro del Emmanuel. La amenaza asiria será frenada por Dios. La presencia del Emmanuel significa la derrota de los enemigos para establecer el derecho y la justicia de Dios. Este texto nos sitúa en la época de Josías, cuando el peligro asirio había desaparecido, y suponía la estabilidad de la dinastía de David. El poeta parece referirse a las primeras incursiones asirias en la región de Galilea, la zona norte, país de Zabulón y Neftalí. Fue el primer paso para humillar a Israel, y así vivieron muchos años, caminando en tinieblas y habitando en sombras, es decir, una vida sin esperanza, inerme. Pero de improviso Dios cambia: brilla una luz que lo inunda todo de alegría, semejante a la que se experimenta cuando llega la siega o se reparte el botín. La “vara”, “el bastón”, y “el yugo” desvelan la humillación y la angustia del pasado. El quebrar esta situación supone reducir a astillas la opresión, que históricamente se verifica con el acceso al trono de Josías, que se celebra con entusiasmo (2 Re 22,1). La última palabra del libro Emmanuel nos recuerda el derecho y la justicia. Dios va realizando sus planes paso a paso y a su estilo, y ahora se sirve del rey Josías, que encarna la dinastía davídica y las promesas del Emmanuel. El mejor comentario de este fragmento lo encontramos citado hoy, donde se describe la gran actividad del Rabí de Nazaret por aquellas regiones de la alta Galilea, liberando las almas de las tinieblas: Mt 4,13s, ev. de hoy.

Vertiente cristiana: La presencia de Dios ayuda a ver los acontecimientos cotidianos y sociales con ojos distintos. Las planificaciones humanas a veces adolecen de miras mezquinas o muy a la medida de nuestras sensibilidades. Dios es el horizonte que ofrece lucidez para juzgar los acontecimientos humanos que pueden producir tristeza, oscuridad o desánimo. Dios, no obstante todo, camina en medio de nosotros y nos ayuda a sopesar el curso de nuestras situaciones.

 

 

Sal 26, 1-4. 13-14:

Este Sal se compone de dos partes: v.1-6, es un himno de confianza plena en Dios, los v. 7-14 describen una plegaria de lamentación de un orante que atraviesa dificultades. Se trata de dos poesías distintas. Es un Sal cercano al Sal 23, que evidencia una profesión de Dios con expresiones de intrépida confianza en El, y hace mirar al creyente con serenidad hacia el futuro y con imperturbable terquedad ante los desconciertos y congojas. No se trata de la fuerza exuberante de una juventud desenfada, sino expresa la fuerza de la fe de una persona madura probada las pruebas, la cual hace las cuentas con la realidad de la vida, no sólo sin perder el coraje, sino capaz de “levantar la cabeza”, con mayor confianza, reforzada interiormente y confirmada en el empuje de una fe alegremente esperanzadora. La fe es la fuerza que hace capaz al creyente de soportar a veces la tensión entre la miseria del presente y la apertura a liberación de nuestras madejas de turbaciones.

Perfil cristiano: El orante revela dos estados de ánimo: está sereno y tranquilo ante las personas enredadoras y retorcidas, que le causan desasosiego (v.1-6), pero temeroso y suplicante ante Dios. Como los Sal 23 y 27, el Sal de hoy nos ayuda descubrir una confianza triunfal en Dios, porque en el culto y en la liturgia podemos contemplar la bondad y la ternura de Dios hacia nosotros en momentos de turbación y confusión personal, que nos afectan directa o indirectamente. En efecto, el templo es el ámbito en el cual se envuelve todo el drama y tensión humana en dos actitudes fundamentales: la confianza alegre y la súplica a Dios. La felicidad de los creyentes es la certeza de la fe, tal como desvela la antífona final del Sal: “ten ánimo, espera en el Señor”.

1Cor 1, 10-13.17:

Continuamos con la lectura de 1 Cor. Pablo sabe que la comunidad está dividida en pequeños grupos, los cuales remiten al misionero que les ha anunciado la fe: Pablo, Apolo, Pedro, etc. El apóstol llama enérgicamente a la unidad de la iglesia de esta ciudad. Cristo, crucificado por todos, es el único fundamento. Lo importante es el mensaje, no el vehículo por medio del cual se nos ha trasmitido.

La lectura de hoy es una llamada de atención a evitar los personalismos de los mensajeros de la fe. Hay que saber desligar el contenido de la fe del ropaje de los modos de los predicadores. Lo decisivo que su palabra nos lleve a descubrir la palabra divina.

Mt 4, 12-23:

Son las primeras actividades de Jesús en Galilea, que no alude a las de Judea (Jn 3). De esta manera Mt presenta a Jesús en tierras de los gentiles, dentro de la valoración que los judíos hacían de esta región. La lectura de hoy presenta dos bloques: la primera predicación de Jesús y los relatos de las primeras llamadas de los discípulos. Aquí se puede apreciar que el ev. junta dos relatos de vocación, con el mismo esquema: Jesús llama, seguimiento para compartir su vida, misión y renuncia. Finalmente el v.23 sintetiza la actividad de Jesús en Galilea con un sumario sobre la misma.

La llamada de los primeros discípulos, prototipos de aquellos que escuchan la palabra de Dios, el núcleo germinal de la comunidad mesiánica, es muy semejante a las vocaciones proféticas en el AT. De hecho, Dios mismo es quien los elige para constituirlos sus heraldos, aunque ahora lo realiza por medio de su enviado, Jesucristo, su profeta definitivo y último. Es Jesús los llama, llama a quien quiere y cuando menos se lo piensa y lo espera, estando en sus tareas cotidianas y preocupaciones de trabajo, e invita a participar de un modo más directo en sus intenciones y planes en nombre de Dios.

Llamada cristiana: Cada uno de nosotros somos invitados por Dios en Cristo en cualquier momento de nuestra vida a acoger el mensaje de Dios en nuestra vida, lo cual conlleva una mayor referencia a Dios. Este horizonte nos ilumina y nos abre nuevas posibilidades aquí y ahora. La vocación es una vivencia humana, enriquecida por la fe.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

Material Litϊrgico


Principal | S. Francisco | Nuestras Casas | Historia | Actividades | Publicaciones | Bibliotecas| Enlaces | email |
© 2007 Fr. Miguel Álvarez Barredo, ofm