Tercer domingo de Adviento

Is 35, 1-6a. 10:

Este texto pertenece a una pequeña sección que los autores califican como “pequeño apocalipsis” (Is 34-35), frente al gran apocalipsis que abarca Is 24-27. El “pequeño apocalipsis” se compone de dos tablas paralelas: Por una parte, Dios se enfrentará a los ejércitos de los pueblos paganos, sus territorios se convertirán en desierto y serán habitados por animales. Por otra, el pueblo de Dios será objeto de bendiciones divinas: el desierto será una tierra fértil, regada por aguas abundantes, los insectos y animales desaparecerán porque vendrán los judíos dispersos a Jerusalén. El díptico se corresponde argumento por argumento y tema por tema. El “pequeño apocalipsis” pudo haber sido escrito en una época tardía, y pensado como una conclusión general del libro, porque de hecho alude al fin de la diáspora (35,8-10) y refleja las preocupaciones de la teología apocalíptica (Is 34,16.17).

Gira en torno a motivos gozne del libro de Isaías, como: el desierto fértil, las manos débiles, rodillas vacilantes, la curación de los enfermos, el agua, el agua que brotará en el desierto, etc. Nuevamente en Isaías se ofrece una visión de la realidad con una imaginación poética desbordante, donde la hipérbole se lleva hasta el extremo, para describir los tiempos mesiánicos. Ante unos destinatarios cargados de pesadumbre y faltos de ilusión, y sumidos en una gran tristeza por el rosario de tantas calamidades, el profeta presenta un horizonte de esperanza que tiene sus raíces en Dios, no en el hombre. La visita del Mesías supondrá una transformación de personas y naturaleza. Los ciegos, los sordos, los cojos se verán liberados de sus limitaciones debido la cercanía y presencia del Mesías. Pero tales liberaciones no miran sólo al aspecto físico, sino a dimensiones y bloqueos profundos ante la vida y la esfera religiosa.

Enfoque cristiano: A veces la tristeza puede adquirir carta de estabilidad en nuestro caminar, y poco a poco puede minar nuestras ilusiones, incluso cuando estamos rodeados de tantas cosas, en las cuales habíamos puesto nuestras esperanzas. En esos momentos se resienten incluso nuestras facultades físicas, no nos damos paz y el desasosiego se cobija en nuestro ánimo. La palabra profética de hoy nos indica que Dios viene a nosotros en los desencantos y desilusiones, y tal venida sencillamente la debemos descubrir en su palabra, en los encuentros sacramentales, en la apertura a quienes nos rodean. Dios “viene en persona”, pues tal venida hará que nuestra lengua muda o “perpleja” entone alabanzas

 

Sal 145, 7. 8-10:

El Sal 145 es como un replique de campanas, donde se entona una alabanza a Dios creador, liberador, redentor. Nos hallamos ante un salmo aleluyático en honor de Dios, única esperanza y ayuda. El verbo “alabar” es un canto perenne, que recorre toda la vida del orante, ya que toda su existencia se encuentra bajo el signo del amor divino. Esta cualidad fundamental desvela que el Sal 145 refleja un marco litúrgico, donde el solista pone voz a todas las categorías de personas que encuentran en Dios su único apoyo. Se trata de un canto de los “pobres de Yahvé”, y de los justos postexílicos, cuya única fortaleza es el Señor.

El Salmo se le puede estructurar así: v.1-2, introducción y apertura propiamente dicha. Este marco se completa con la conclusión del v.10, que explicita el tema del reino de Dios. El cuerpo del himno (v.3-9) se puede articular de este modo: una exhortación sapiencial sobre la falacia del apoyo de los poderosos (v.3-4) y una bienaventuranza para quien se apoya sólo en Dios (v.5-9). Estas dos estrofas, oponiendo la fragilidad del hombre frente a la estabilidad de Dios, se corresponden en díptico antitético. El hombre, por cuanto sea poderoso, es prisionero de sus limitaciones, y sobre todo aquello que emprende sobrevuela la caducidad. Dios, por el contrario, unifica el tiempo y espacio con su fidelidad, es decir, por su amor, estabilidad, y solidez con el creyente. El Salmo nos define a Dios en su cercanía divina por medio de doce cualidades divinas: es el que actúa, mantiene su fidelidad, hace justicia, dan el pan a los hambrientos, libera a los prisioneros, abre los ojos, alza, ama a los justos, protege a los extranjeros, sostiene al huérfano y la viuda, trastorna el camino de los malvados, y finalmente reina. El salmo es un canto al amor divino frente a fragilidad y miseria humana, amor que cura y restaura. Es una respuesta a todos aquellos que buscan salidas dignas a las angustias humanas.

Vertiente cristiana: La apertura a Dios posibilita nuevas posibilidades, cuyo interés aquí y ahora por la persona, por los creyentes, desemboca en liberación, luz, fuerza, amor, protección de los débiles. El Sal 145 nos ayuda a contemplar que la confianza ante la vida no debe buscarse en alianzas externas o apoyos, sino sólo en la fe de la elección divina. La presencia divina facilita al superación del mal en todas su ramificaciones, gracias precisamente a Dios no observa la historia impasiblemente, sino como factor que ilumina tantas situaciones, donde la dignidad humana queda herida o anulada.

Sant 5, 7-10:

Este texto se halla en la conclusión de la carta, una exhortación a la magnanimidad confiada y perseverante en el Señor. El autor abre la sección con una serie de instrucciones que giran en torno a la espera del Señor, la oración confiada e incesante, la concordia y la solidariedad fraterna como actuación de la fe. Sobre este fondo la carta urge a descubrir y fundar la propia identidad interior y la seguridad en la relación con el Señor. En el contexto de la Parusía el Señor es invocado como juez y el autor anima a los cristianos a vivir con responsabilidad el tiempo presente abierto al futuro.

Enfoque cristiano: El apóstol subraya la “perseverancia”, es decir, el aspecto dinámico y positivo en las referencias hacia los demás, la fuerza y en temple en las tribulaciones de la vida. En horizonte religioso de la exhortación es la venida del Señor, en cuanto que así se purifican nuestros corazones. Para Santiago el corazón es el centro dinámico e interior de la persona, donde radica la relación vital con Dios y con los demás.

 

Mt 11, 2-11 :

Este texto se enfatiza que la palabra de Jesús es incomprendida y obstaculizada. Emerge una creciente hostilidad de los guías espirituales del judaísmo hacia Jesús; este es el fondo de la cuestión. El mesianismo teñido de humildad y mansedumbre actuado por Jesús contrastaba con la esperanzas del Bautista. El comportamiento independiente de Jesús ante las tradiciones judías, la actitud frente a cuestiones que ponían en tela de juicio la ley mosaica, la acogida de los pecadores, el interés por las personas marginadas social y espiritualmente chocaban con el rigorismo fariseo y su espera de un Mesías político y batallador. Jesús de esta manera se convierte en punto de referencia: el Bautista con sus discípulos muestra algunas dudas sobre su comportamiento, porque no corresponde al juez escatológico previsto por él para la purificación de Israel. Los fariseos reflejan una oposición más sistemática, pero los discípulos de Jesús se abren cada vez más a una revelación tendente hacia la misericordia compasiva de Dios.

Perfil cristiano: Dios ve la dignidad de la persona con criterios más amplios y distintos que nosotros, a veces viciados de horizontes reducidos en nuestros juicios.

 

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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