| Ez
34, 11-12. 15-17:
Estamos en el ámbito
del exilio, y es ahí donde llega
la palabra profética para infundir
esperanzas en los deportados. La lectura
de hoy contiene una nueva alocución
divina, introducida por la fórmula
del mensajero. Aquí se insiste que
sólo Dios puede arrancar a sus fieles
de la situación desconcertante en
que viven, porque han sido abandonados por
sus responsables, es decir, las autoridades
políticas y religiosas. El profeta
les hace ver a los exiliados que Dios mismo,
en persona y sin intermediarios, creará
un nuevo pueblo. La terminología
hebrea subraya y enfatiza este interés
personal por su pueblo, y allí donde
no aparecía el más mínimo
atisbo de esperanza, Dios suscita vida.
Él se dirige a los exiliados en estas
circunstancias con amor y ternura, y le
ofrece un ámbito, donde puedan gozar
de esta confianza amorosa que tiene su origen
sólo en El, como señala el
estilo de la terminología empleada.
Sólo la presencia de Dios en persona
puede posibilitar renovadas ilusiones, en
quienes habían sido engañados,
y los habían utilizado para ventaja
de sus planes personales sin escrúpulos.
Estamos pensando en la serie de reyes, consejeros
cortesanos, y jueces, etc, que se habían
cerrado a la puntal palabra, que Dios había
enviado por medio de sus mensajeros, los
profetas.
Perfil creyente:
Los soledades, las perplejidades,
los desconciertos ante la vida suelen acompañar
en mayor o menor grado nuestro peregrinar
en el abanico de nuestra existencia. Quizás
donde habíamos depositado muchas
ilusiones, bien sea en personas, proyectos,
y acontecimientos, se pueden venir abajo
como un castillo de naipes, apareciendo
cuadros de estado de ánimo que nos
pueden minar. Son nuestras deportaciones
o marginaciones. La palabra divina en este
domingo nos hace ver que no estamos solos,
sino que la cercanía divina nos rodea,
y simplemente se nos invita a saber descubrirla,
porque efectivamente nos envuelve con su
comprensión y puede restaurar nuestro
ánimo.
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Sal 22,
1-6:
Es un salmo clásico y muy presente
en la oración cristiana. Pertenece
al género de confianza, que celebra
el abandono sereno y pleno en las manos
de Dios. Dicho con otras palabras, con
la existencia entera se confía
en Dios. El salmo estructuralmente constituye
un díptico, desglosado en dos escenas
paralelas: la pastoril (v.1-4), y la doméstica
del banquete (v.5-6).
El orante hace suya la imagen del buen
pastor, es decir, Dios que guía
y protege a quien se fía de Él.
La sugestiva imagen de “cañadas
oscuras” simboliza el desvanecerse
la esperanza, y el adentrarse en las oscuridades
de la vida, que a veces se puede convertir
en noche oscura. Es en esos momentos cuando
quien cree se aferra a la confianza en
Dios para superar las encrucijadas. La
seguridad y la firmeza están representadas
en el salmo por el bastón y el
cayado del pastor.
Lectura
cristiana: La oscuridad del valle,
el desánimo, la desgana, la desilusión
pueden anidar en el ánimo de creyente,
y posiblemente no llegue a vislumbrar
metas. La imagen del buen pastor evoca
escena del NT, donde Cristo es descrito
como quien nos fortalece con certezas
de vida, y es precisamente en los sacramentos,
donde podemos descubrir esa cercanía
divina a cada uno de nosotros; en definitiva,
nos hace comprender que su “amor
y bondad nos acompañan siempre
y todos los días de mi vida”.
Es la maravilla de sabernos escuchados
por este Dios, que enjuga las lágrimas
de nuestro rostros, y nos colma de alegría
aquí y ahora, no obstante las perplejidades
que podamos vivir.
1 Cor 15,
20-26. 28:
En las lecturas precedentes
hemos podido observar dos modalidades
de la cercanía divina, que se confirma
en su palabra, ya escrita para nosotros.
San Pablo nos presenta ahora una de las
claves de su mensaje: al Cristo resucitado,
fuerza de Dios para quien cree en Él.
El Verbo de Dios, resucitado, es una referencia
salvífica, y es en El, donde Dios
Padre ha mostrado su soberanía.
El apóstol empieza por confesar
el evento de la resurrección de
Cristo (1 Cor 15,1-11), para centrarse
a continuación en la fuerza asombrosa
de Dios, manifestada en la resurrección
de Cristo, fundamento de la esperanza
del creyente (1 Cor 15,12-34), seguir
con su reflexión sobre el Señor,
vida, fuerza y gloria de quien confía
en Él (1 Cor 15,35-53), para concluir
con un canto al optimismo y una acción
de gracias (1 Cor 15,54-56). La resurrección
es el eje de la fe cristiana, y en ella
desemboca el significado de la presencia
del verbo en la historia humana.
Clave cristiana:
Ahora
es el Verbo de Dios quien dignifica nuestra
existencia. Cuanto antes se había
afirmado por medio de la palabra mediadora
y acampada entre nosotros por medio de
mediadores proféticos, ahora se
ha hecho carne en Cristo, quien desde
dentro ha vivido nuestra existencia con
plenitud, y la ha iluminado plenamente.
Nada de cuanto constituye el abanico de
nuestra existencia le es ajeno, por eso
podemos decir que Dios Padre en Cristo
nos diviniza, nos eleva, y despeja nuestros
“valles oscuros”, y nos “conduce
hacia fuentes tranquilas”, según
reza el salmo de este domingo.
Mt 25,
31-46:
A veces los estudiosos
de la palabra de Dios o menos versados
tienen sus preferencias por determinados
textos, y sin posiblemente esta escena
del juicio final puede ser uno de ellos.
Sin fuese lícito disecar el “evangelio”,
posiblemente esta sección la colocaríamos
en un lugar bien visible, pero vengamos
a la dinámica de la unidad dentro
del ev. de Mt.
Es una perícopa exclusiva de Mt,
que conecta con la parábola de
los talentos. En esta grandiosa composición
confluyen algunas rasgos característicos
de este ev., como la preocupación
parenética para empujar a los creyentes
a una vigilancia atenta y activa ante
la parusía del Señor. Otros
temas de Mt son el buen pastor, el juicio
final en base a las obras, la preocupación
por los hermanos necesitados, el Cristo
como juez escatológico. El núcleo
primitivo puede llevarnos a Jesús,
pero la elaboración actual se resiente
bastante de la iglesia primitiva y de
los retoques geniales del evangelista
para adaptarlo al contexto escatológico.
A veces los estudiosos de la palabra
de Dios o menos versados tienen sus preferencias
por determinados textos, y sin posiblemente
esta escena del juicio final puede ser
uno de ellos. Sin fuese lícito
disecar el “evangelio”, posiblemente
esta sección la colocaríamos
en un lugar bien visible, pero vengamos
a la dinámica de la unidad dentro
del ev. de Mt.
Es una perícopa exclusiva de Mt,
que conecta con la parábola de
los talentos. En esta grandiosa composición
confluyen algunas rasgos característicos
de este ev., como la preocupación
parenética para empujar a los creyentes
a una vigilancia atenta y activa ante
la parusía del Señor. Otros
temas de Mt son el buen pastor, el juicio
final en base a las obras, la preocupación
por los hermanos necesitados, el Cristo
como juez escatológico. El núcleo
primitivo puede llevarnos a Jesús,
pero la elaboración actual se resiente
bastante de la iglesia primitiva y de
los retoques geniales del evangelista
para adaptarlo al contexto escatológico.
Múltiples
presencias de Dios: Sabemos que
Cristo se halla presente en los sacramentos,
especialmente en la Eucaristía,
pero su cercanía se ensancha y
abarca un sin fin de situaciones: hambre,
frío de los sin techo, enfermedades
demoledoras, soledad, trabajo deshumano,
búsqueda de una felicidad genuina,
etc, etc. La página es un canto
a este Cristo que ha bebido el cáliz
de la amargura existencial, por eso hoy
se recuerda de quienes son los que ahora
lo “saborean” y son probados
en medio de sufrimiento. Sin embargo,
no están solos, y la palabra de
Verbo de Dios los nombra. Intentar reducir
la lista, sería mutilar la fuerza
de Cristo resucitado en la historia, y
el significado de su presencia. Maravillosa
y desconcertante modalidad del reinado
de Cristo.
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