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Ex
22, 21-27:
Pertenece este texto al
código de alianza (Ex 20, 22 - 23,
19), donde se concentra la legislación
de la alianza, y algunas de las leyes aquí
presentes poseen una semejanza con otros
códigos del antiguo oriente. En el
libro del Ex la lectura de este domingo
actúa como marco literario y teológico
de la sección casuística del
código de la alianza junto Ex 21,
2-11, que se desglosa las leyes de alcance
social de la alianza.
Estos mandatos divinos ofrecen paralelismos
con el pensamiento deuteronomístico,
e indican las áreas que caen bajo
el radio de la alianza, que se tornan humanitarias
y sociales, muy atentas a los desvalidos
de entonces y de ¡hoy!, huérfanos,
viudas, forasteros, necesitados, etc.
Relectura
cristiana:
Quizás uno sea propenso a ver en
estas prescripciones un eco untan lejano
y casuístico de un modelo de sociedad
determinado, que no tengan tanta incidencia
en nuestros días. Hoy poseemos unas
leyes mucho más articuladas, y cada
año nuestra sociedad se enriquece
con nuevas pautas de comportamiento social,
como nos recuerdan nuestras instituciones
democráticas, ¡quizás
mucho más concretas! Pero conviene
recordar que la palabra divina no nos facilita
la receta para cada situación, sino
que el creyente con la ayuda del Espíritu
debe saber leer las circunstancias históricas
para vivir de acuerdo con el contenido que
las pautas divinas encierran. ¡Y no
olvidemos que los sufrimientos de los débiles
llegan a Dios, y los escucha! ¡Dios
no es insensible y lejano, sino compasivo!,
tal como leemos hoy.
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Sal 17:
No hallamos ante un largo salmo de acción
de gracias por una liberación y
victoria, y de este salmo existen dos
recensiones, es decir, es citado como
cántico de David en 2 Sam 22 y
de forma condensada en el Sal 144, 1-11.
Hoy se insiste en la alabanza elevada
a Dios en los cuatro versículos
utilizados.
Estos versículos entresacados
insisten en describir a Dios como “roca”,
como símbolo de estabilidad, y
es definido como: “roca”,
“liberador”, “refugio”,
“escudo”, “baluarte”,
etc, abundando en la vertiente de la fidelidad
bíblica. Hay que subrayar que el
salmo posee otros simbolismos también
necesarios para entenderlo mejor, pero
hemos destacado éste porque coincide
con la sección de hoy. La abertura
(v. 2-4) acumula una serie de invocaciones
que ensalzan al Dios salvador y liberador,
que el rey David ha vivido personalmente.
La parte final ofrece una conclusión
doxológica, que coincide los dos
últimos versículos de la
proclamación de esta liturgia dominical.
En el curso de la oración el rey
David agradece al Señor la victoria
sobre los enemigos, ya que sin su ayuda
hubiera sucumbido.
Lectura
cristiana: Dentro de la fragmentación
presentada en la liturgia se quiere enfatizar
que Dios dispensa estabilidad en medio
de las tormentas existenciales que pueden
aparecer en nuestro caminar diario. Suele
haber espacios y estados de ánimo
que por nosotros mismos no controlaríamos
sin esta ayuda y estabilidad que el Dios
fiel nos ofrece. No todo es calculable,
pero gracias a esta fidelidad divina se
puede caminar con más sosiego ante
el Dios cercano y personal, tal como enfatiza
el repetido adjetivo “mi”:
“Dios mío, peña mía”,
etc.
1Tes 1,
5c-10:
Seguimos con la introducción
de la carta, donde San Pablo recuerda
que los tesalonicenses han sido persuadidos
con palabras divinas, y no con meras exhortaciones
humanas. Gracias a la presencia del Espíritu
dichas palabras adquirieron fuerza y dinamismo.
San Pablo se alegra por la acción
de Dios en esta comunidad porque los tesalonicenses
acogieron con gozo en medio de las dificultades.
Las palabras del apóstol son un
elocuente reconocimiento de una vida cristiana
vivida con entereza.
Vivencia
cristiana: En esta ciudad comercial
y nudo de comunicaciones había
espacio también para la escucha
de la palabra divina con alegría,
y de este modo convertirse en modelos
para otros creyentes. La palabra divina
cuando es anunciada encuentra acogida,
y es la palabra que posibilita el abandono
de los ídolos que constantemente
nos rodean en nuestros trajines diarios.
Mt 22,
34-40:
Texto emblemático
y paradigmático en el NT, pero
aquí hay que estar atentos al contexto,
ya que Mt modifica bastante la referencia
de Mc y trasforma una cuestión
académica en un debate. En Mc el
escriba parece mostrar sinceridad, sin
embargo en Mt es portavoz de los fariseos,
que continúan sometiendo a Jesús
a preguntas capciosas.
En las escuelas rabínicas, donde
existían una clasificación
de preceptos positivos y prohibiciones
(unos 613 en total), se intentaba buscar
un principio unificador. El amor a Dios
era considerado un gozne en toda la legislación
mosaica (Dt 6,4-7). El amor al prójimo
no era tampoco una novedad (Lev 19,18),
sin embargo la enseñanza de Jesús
es original en el sentido que equipara
ambos enfoques. Toda la revelación
histórica de la voluntad de Dios
encuentra consistencia y unidad en el
amor íntegro y desinteresado hacia
el prójimo. La paternidad de Dios
proclamada por Jesús constituye
el principio unificador de todo el abanico
legislativo del AT. El amor desinteresado
de Dios debe llevarnos hacia una irradiación
a cada persona que encontramos.
Texto iluminativo:
Un
escrito italiano escribía (Benedetto
Croce) que el cristianismo es la mayor
revolución que la humanidad ha
conocido. Su efecto fue amor hacia los
hombres, sin distinción de razas
o clases, libres o esclavos, hacia las
criaturas, y el mundo, que es obra de
Dios, y que Dios es amor. El cristianismo
se condensa aquí, y el evangelio
se concentra en este mensaje. San Agustín
escribía: “Si amas la cabeza,
amas también los miembros; sino
no amas los miembros no amas tampoco la
cabeza”. La fe no se puede vivir
sólo en una dimensión vertical,
sino igualmente en la solicitud por los
demás. El amor al prójimo
es el camino en el cual se crece ante
Dios; en la unión con Dios en el
amor uno se hace fuerte para el amor.
Recordemos palabras
del papa en la Encíclica “Dios
es amor”: “El amor es divino
porque proviene de Dios y a Dios nos une
y, mediante este proceso unificador, nos
transforma en un nosotros, que supera
nuestras divisiones y nos convierte en
una sola cosa, hasta que al final Dios
sea “todo en todos” (1 Cor
15, 28). Pero recomendamos los parágrafos
16-18 sobre esta temática.
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