Segundo domingo del Tiempo ordinario

Is 49, 3.5-6:

Nos hallamos hoy ante el segundo cántico del Siervo de Dios (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). En el domingo pasado teníamos el primer cántico, es decir, en la fiesta del bautismo del Señor. La figura del Siervo constituye un personaje básico para entender bien el segunda parte del Dt-Is. Este siervo, modelo de debilidad y no violencia, sólo cuenta con el sufrimiento para llevar adelante los planes de Dios. Hasta el presente no se había hablado de esta manera en el AT sobre la cualidad redentora del sufrimiento. El dolor era considerado en su aspecto pedagógico para iluminar el camino de la fe, pero no se le atribuía esta cualidad redentora que ahora se enfatiza. En este sentido la aportación del Dt-Is es decisiva para entender otras páginas y libros del AT, y sirve, como vemos, para enfocar la vida de Cristo.

Frente a la tiranía mostrada por los mecanismos del imperio babilonio en sus conquistas, y la sucesiva aparición de la era persa encabezada por Ciro, aunque adoptó otros modales, menos violentos y más respetuosos con los pueblos que caían en su esfera política, es comprensible esta figura del siervo de Dios, ya que introduce en la historia humana actitudes divinas, que ayudan a comprender la misma y situarse ante ella con otros enfoques éticos para resolver las problemáticas humanas e iluminarlas con otros horizontes.

Cada cántico subraya aspectos específicos dentro de estos rasgos convergentes. El segundo se fija en la misión de reunir al Israel disperso y desterrado, e iluminarlo con su palabra, que se convierte a su vez en luz para todos los pueblos. Al Siervo se le abre una vida intensa y fecunda, puesto que ha sido elegido por Dios y se alegra en El, ya que se identifica con él y es su fuerza. Como conoce el sufrimiento, es capaz de entender y animar a los supervivientes del exilio, que han sido duramente probados por el desánimo y crisis de fe. El desconcierto y la perplejidad habían ahondado en muchos israelitas a causa de su fe.

Perfil cristiano: La fidelidad a Dios en la vivencia de la fe puede acarrearnos dificultades y más de un interrogante sobre si es iluminador mantenerse en esta tesitura de vida. Dichas dificultades pueden tener origen vario, ya sean personales o ambientales, pues pueden crear más de una confusión en nuestro ánimo. El cántico del Siervo de Dios confirma que Dios es sabedor de todas nuestras situaciones, y nos acompaña mientras las vivimos para que nos desmayemos.

 

Sal 39:

Este Salmo es considerado una composición de carácter litúrgico, que aglutina varios motivos. Así, en los v. 2-11 predomina una acción de gracias por el auxilio recibido de Dios, y en los v.12-18 una oración por una angustia sufrida, lo cual crea tensiones que no se pueden unificar fácilmente en una única y misma vivencia del orante. Por tanto, se cree razonable dividir el Sal en diversas y heterogéneas partes, en cuanto que los v.14-18 se conservan también con pequeñas variantes en los Sal 35 y 70. La primera parte se entiende como fundamento de una experiencia de fe tenida en el pasado, y la segunda una nueva angustia que aflige al creyente. La tensión entre poseer y luchar por las certezas en la fe y la vida, presentes a lo largo del salmo, pertenece a la esencia de la fe, y es auténtica señal de la vida piedad de un orante bíblico, que en el sendero de los altos y bajos de la vida de fe camina, apoyado en la fe, hacia la esperanza. Es esta la situación del salmo, desde la cual se puede ser interpretado de manera unitaria y vital.

Aquí el orante confiesa que la esperanza puesta en Dios no queda nunca desatendida. En realidad el Sal ofrece la combinación de una acción de gracias, lamento y confianza, y se halla colocado en una pequeña colección, Sal 30-41, dedicada a la reflexión sobre el pecado, al simbolismo de muerte y abismo, y la misericordia divina, que saca al orante del abismo, y refleja una reinterpretación devota y sufrida en el postexilio. Este Sal se cita en la carta a los Heb 10, donde se ponen en boca de Cristo los v.7-9 para expresar su actitud de disponibilidad ante el Padre.

Enfoque cristiano: El Sal canaliza las reflexiones de un enfermo. La enfermedad produce desolación y en esta situación el orante se dirige a Dios, sabedor de la misericordia divina. El Sal nos recuerda que la oración es el pan cotidiano, una oración confiada a Dios, consolador de esta vida. Si El nos ofrece oraciones terrenas es para conocernos mejor y podamos alabarlo con más certeza y confianza. El Sal nos ayuda a entendernos mejor a los ojos de Dios, lo cual desemboca en “un cántico nuevo”, es decir, la vida optimista, alegre y apoyada en Dios en medio de las dificultades. Sólo esta estabilidad divina puede alentarnos en tantos momentos, cuando nos encontramos en la “fosa” del desánimo.

1Cor 1, 1-3 :

Se trata del inicio esta carta, donde el apóstol se presenta a la misma como elegido para esta misión por “voluntad divina”. Es el saludo inicial, donde considera la comunidad de Corinto como asamblea que invoca al Señor, es decir, creyentes que perseveran en la gracia recibida.

Jn 1, 29-34:

Relata el testimonio de Juan el Bautista sobre el Mesías, identificado ahora con una persona concreta e histórica. Se trata de una profesión solemne de fe cristológica, destinada los creyentes de su tiempo, que podían ser los discípulos del Bautista o al pueblo de Israel en general. En realidad, el Bautista es presentado no sólo como guía para los primeros discípulos, sino de todos los hombres que con su testimonio orientan hacia Cristo. La grandeza del Precursor consiste en esta relación con Jesús. El texto de hoy se puede dividir en dos partes: v.29-31 y 32-34. El doble testimonio del Bautista es introducido por una nota del evangelista. La perícopa está compuesta de forma quiástica: aparece en el centro la contemplación del Espíritu Santo, que desciende sobre Jesús (v.32- D); el v.29 (A) ofrece el título de Jesús como “Cordero de Dios”, el v.34 (A’) como “Hijo de Dios”; los v. 30 y 33b (B y B’) proporcionan una cita de un dicho anterior, y en los v. 31 y 33a (C y C’) el Bautista confiesa una falta de conocimiento pleno de Cristo. Este texto le sirve al ev. de vehículo para una más profunda intuición del misterio de Jesús. El ev. nos sitúa ante un desvelarse del misterio escondido en Cristo, que poco a poco El lo manifestará.

Vertiente cristiana: La persona de Cristo en la palabra evangélica es un itinerario de revelación, que también poco a poco supondrá un discernimiento en el creyente o no, que escucha sus palabras y observa sus gestos e intenciones en la vida. En palabras breves, se alude a la fe para ir descubriendo progresivamente el significado de su persona para nuestra existencia, y de esta manera sea luz para nuestro caminar (primera lectura).

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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