Vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario

Is 45, 1. 4-6:

Este texto pertenece a un oráculo salvífico del Dt-Is, articulado en dos momentos: introducción y objetivo de la intervención de Dios. El oráculo en cuestión tiene puntos comunes con Is 44,24-28. Ambos textos subrayan que Dios ha elegido a Ciro para salvar a Israel en un momento de catástrofe, el exilio. En dichos textos se enfatiza que Dios interviene por medio de su “ungido”, y que sólo El es el único Dios, que se manifiesta en el curso de la naturaleza y de la historia. La insistencia en la singularidad del Dios de Israel se muestra en el reconocimiento de todos los pueblos. Literariamente posee añadiduras, pero el núcleo refleja un mensaje genuino de este profeta, donde por primera vez dentro de la historia de Israel se aplica a una autoridad extranjera el título de “ungido”.

- Esta escena desborda el esquema habitual de la modalidad de la actuación divina. Ciro, un pagano, es considerado un “instrumento de Dios”. Cuando una autoridad política (no importa cuales sean las convicciones religiosas de las personas que representa) se pone al servicio de los pueblos, y favorece la salvación de los más débiles, se convierte en “instrumento de Dios”. Históricamente bajo Ciro los israelitas pudieron retornar de Babilonia y reconstruir Jerusalén, lo cual suponía un mayor ámbito de libertad.

Vertiente religiosa y profana: Constituye una gran luz sobre el sentido de la historia de la humanidad. ¿Está Dios presente o se mantiene al margen? ¿La historia es lugar de la incidencia divina? ¿La escena humana es exclusiva de mecanismos profanos? ¿El lado divino anula el humano, y viceversa? Semejantes interrogantes son tan vigentes entonces, en tiempos de Isaías, como en nuestros días. Existen muchos tentativos de anular una de las vertientes con las correspondientes durezas mentales. La lectura de hoy nos recuerda y alerta ante injerencia divina en la historia, pero al mismo tiempo urge a saber descubrirla en el curso de los acontecimientos históricos, y recordemos Dios crea espacios de libertad profunda; no se limita a parcelas condicionadas por intereses miopes o inmediatos. Dios crea desconciertos a la segura mente humana, y lo hace históricamente.

 

 

 

 

Sal 95:

El salmo responsorial comenta el ánimo del texto profético. El paradigma espacio-temporal encierra el ser que depende del gran rey. De hecho, el cántico nuevo se entona en “toda la tierra”, abarcando a todos los pueblos.

El salmo se desglosa en dos momentos: el primero (v.1-9) coincide con el “cántico nuevo” de los pueblos, y el segundo con el juicio divino sobre la historia (v.10-13). El primer acto está estructurado de la siguiente manera: v.1: solemne invitación, v.4-6: estrofa de alabanza a Dios, donde se razona el motivo de la misma, y, finalmente, otro solemne invitatorio (v.7-9).

El salmo afirma con rotundidad que la tierra pertenece al hombre, y el hombre a Dios. Nada de lo existente debe tener la posibilidad de lesionar los derechos del hombre y de Dios. Son los ídolos quienes empobrecen la dignidad humana, que aparecen de una manera sistemática en el transcurrir histórico.


Perfil cristiano: En este salmo asoma un mundo pacificado y armónico, en el cual la alabanza del cielo y el corazón de todas las criaturas aspiran al amor. La atmósfera es festiva y signo de la dependencia del Dt-Is (Is 40,9; 41,27; 52,7), que considera el retorno a Jerusalén como la “gran noticia”. Esta armonía unifica nuestro pasado y nuestro futuro, que se funden en la actualidad litúrgica, al proclamar la realeza de Dios. Cuanto cuenta es el presente que se abre ante nosotros, que se purifica y supera con la alabanza de Dios en su templo, y nos libra de tantos ídolos inertes que nos esclavizan.

1Tes. 1, 1-5b:

Constituye la introducción y la acción de gracias de la carta, donde el apóstol ofrece unos datos sumarios sobre la comunidad, apoyada sobre el Espíritu, que actúa en ella, suscitando la esperanza para superar los sufrimientos, la caridad activa, y su fe, signos de la presencia de Dios y frutos de la potencia del Espíritu. Es la primera vez en el NT en que aparecen mencionadas las tres virtudes teologales, pues más tarde serán evocadas con una fórmula fija y un orden ligeramente distinto. Dichas virtudes son consecuencia del dinamismo del Espíritu. Exteriorizan el llamamiento que Dios ha hecho a los tesalonicenses, pues tal elección no es obra del esfuerzo humano, sino de la gracia divina, como Dios había mostrado otras veces con el pueblo elegido.

Mt 22, 15-21:

Mt 22 refleja ya la decisión de las autoridades políticas y religiosas de Jerusalén de eliminar a Jesús. Así se explican las preguntas públicas y candentes que se le formulan para comprometerlo ante la gente y las autoridades romanos que ocupan Palestina. El tributo a Roma era considerado por los celotes un hecho de idolatría; los sacerdotes, sin embargo, aceptaban la dominación y colaboraban con los romanos, ofreciendo cada día en el templo un sacrificio en nombre del emperador romano. Jesús, por su parte, toma distancias frente este estado de cosas.

Después del tríptico de las “parábolas de ruptura” siguen cuatro controversias, formando un bloque. Mientras que antes el enfrentamiento había sido con los jefes del pueblo, ahora los interlocutores cambian, ya que se trata de algunos discípulos de los fariseos, y los herodianos, colaboradores éstos de los romanos, para coger a Jesús en alguna trampa. Mc anticipa esta connivencia al inicio del ministerio de Jesús (Mc 3,6). El tributo romano constituía un reconocimiento romano y la renuncia a la esperanza mesiánica. Se trataba de un problema serio de conciencia, dada para fuerte conciencia teocrática de Israel.

El cristiano ciudadano del mundo: El creyente se halla inmerso en una estructura social y económica, por una parte, y también pertenece a una comunidad que surge de la fe: la iglesia. La autoridad pretende aquello que es necesario para la existencia del estado, pero su derecho no va más allá, y no puede reclamar cuanto pertenece a Dios. Para el cristiano antes que el estado y sus derechos existe la elección divina sobre su persona, y determinados ámbitos de la misma no pertenecen a la autoridad civil, sino son iluminados por la acción del Espíritu, y, por consiguiente, caen bajo la dinámica de la conciencia que fortalece el Espíritu. Pero paralelamente es ciudadano de este mundo, y como tal debe asumir sus responsabilidades, de ahí el indispensable discernimiento puntualmente.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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