|
Is
45, 1. 4-6:
Este texto pertenece a
un oráculo salvífico del Dt-Is,
articulado en dos momentos: introducción
y objetivo de la intervención de
Dios. El oráculo en cuestión
tiene puntos comunes con Is 44,24-28. Ambos
textos subrayan que Dios ha elegido a Ciro
para salvar a Israel en un momento de catástrofe,
el exilio. En dichos textos se enfatiza
que Dios interviene por medio de su “ungido”,
y que sólo El es el único
Dios, que se manifiesta en el curso de la
naturaleza y de la historia. La insistencia
en la singularidad del Dios de Israel se
muestra en el reconocimiento de todos los
pueblos. Literariamente posee añadiduras,
pero el núcleo refleja un mensaje
genuino de este profeta, donde por primera
vez dentro de la historia de Israel se aplica
a una autoridad extranjera el título
de “ungido”.
- Esta escena desborda el esquema habitual
de la modalidad de la actuación divina.
Ciro, un pagano, es considerado un “instrumento
de Dios”. Cuando una autoridad política
(no importa cuales sean las convicciones
religiosas de las personas que representa)
se pone al servicio de los pueblos, y favorece
la salvación de los más débiles,
se convierte en “instrumento de Dios”.
Históricamente bajo Ciro los israelitas
pudieron retornar de Babilonia y reconstruir
Jerusalén, lo cual suponía
un mayor ámbito de libertad.
Vertiente
religiosa y profana: Constituye
una gran luz sobre el sentido de la historia
de la humanidad. ¿Está Dios
presente o se mantiene al margen? ¿La
historia es lugar de la incidencia divina?
¿La escena humana es exclusiva de
mecanismos profanos? ¿El lado divino
anula el humano, y viceversa? Semejantes
interrogantes son tan vigentes entonces,
en tiempos de Isaías, como en nuestros
días. Existen muchos tentativos de
anular una de las vertientes con las correspondientes
durezas mentales. La lectura de hoy nos
recuerda y alerta ante injerencia divina
en la historia, pero al mismo tiempo urge
a saber descubrirla en el curso de los acontecimientos
históricos, y recordemos Dios crea
espacios de libertad profunda; no se limita
a parcelas condicionadas por intereses miopes
o inmediatos. Dios crea desconciertos a
la segura mente humana, y lo hace históricamente.
|
Sal 95:
El salmo responsorial comenta el ánimo
del texto profético. El paradigma
espacio-temporal encierra el ser que depende
del gran rey. De hecho, el cántico
nuevo se entona en “toda la tierra”,
abarcando a todos los pueblos.
El salmo se desglosa en dos momentos:
el primero (v.1-9) coincide con el “cántico
nuevo” de los pueblos, y el segundo
con el juicio divino sobre la historia
(v.10-13). El primer acto está
estructurado de la siguiente manera: v.1:
solemne invitación, v.4-6: estrofa
de alabanza a Dios, donde se razona el
motivo de la misma, y, finalmente, otro
solemne invitatorio (v.7-9).
El salmo afirma con rotundidad que la
tierra pertenece al hombre, y el hombre
a Dios. Nada de lo existente debe tener
la posibilidad de lesionar los derechos
del hombre y de Dios. Son los ídolos
quienes empobrecen la dignidad humana,
que aparecen de una manera sistemática
en el transcurrir histórico.
Perfil
cristiano: En este salmo asoma
un mundo pacificado y armónico,
en el cual la alabanza del cielo y el
corazón de todas las criaturas
aspiran al amor. La atmósfera es
festiva y signo de la dependencia del
Dt-Is (Is 40,9; 41,27; 52,7), que considera
el retorno a Jerusalén como la
“gran noticia”. Esta armonía
unifica nuestro pasado y nuestro futuro,
que se funden en la actualidad litúrgica,
al proclamar la realeza de Dios. Cuanto
cuenta es el presente que se abre ante
nosotros, que se purifica y supera con
la alabanza de Dios en su templo, y nos
libra de tantos ídolos inertes
que nos esclavizan.
1Tes. 1,
1-5b:
Constituye la introducción
y la acción de gracias de la carta,
donde el apóstol ofrece unos datos
sumarios sobre la comunidad, apoyada sobre
el Espíritu, que actúa en
ella, suscitando la esperanza para superar
los sufrimientos, la caridad activa, y
su fe, signos de la presencia de Dios
y frutos de la potencia del Espíritu.
Es la primera vez en el NT en que aparecen
mencionadas las tres virtudes teologales,
pues más tarde serán evocadas
con una fórmula fija y un orden
ligeramente distinto. Dichas virtudes
son consecuencia del dinamismo del Espíritu.
Exteriorizan el llamamiento que Dios ha
hecho a los tesalonicenses, pues tal elección
no es obra del esfuerzo humano, sino de
la gracia divina, como Dios había
mostrado otras veces con el pueblo elegido.
Mt 22,
15-21:
Mt 22 refleja ya la decisión
de las autoridades políticas y
religiosas de Jerusalén de eliminar
a Jesús. Así se explican
las preguntas públicas y candentes
que se le formulan para comprometerlo
ante la gente y las autoridades romanos
que ocupan Palestina. El tributo a Roma
era considerado por los celotes un hecho
de idolatría; los sacerdotes, sin
embargo, aceptaban la dominación
y colaboraban con los romanos, ofreciendo
cada día en el templo un sacrificio
en nombre del emperador romano. Jesús,
por su parte, toma distancias frente este
estado de cosas.
Después del tríptico de
las “parábolas de ruptura”
siguen cuatro controversias, formando
un bloque. Mientras que antes el enfrentamiento
había sido con los jefes del pueblo,
ahora los interlocutores cambian, ya que
se trata de algunos discípulos
de los fariseos, y los herodianos, colaboradores
éstos de los romanos, para coger
a Jesús en alguna trampa. Mc anticipa
esta connivencia al inicio del ministerio
de Jesús (Mc 3,6). El tributo romano
constituía un reconocimiento romano
y la renuncia a la esperanza mesiánica.
Se trataba de un problema serio de conciencia,
dada para fuerte conciencia teocrática
de Israel.
El cristiano
ciudadano del mundo: El
creyente se halla inmerso en una estructura
social y económica, por una parte,
y también pertenece a una comunidad
que surge de la fe: la iglesia. La autoridad
pretende aquello que es necesario para
la existencia del estado, pero su derecho
no va más allá, y no puede
reclamar cuanto pertenece a Dios. Para
el cristiano antes que el estado y sus
derechos existe la elección divina
sobre su persona, y determinados ámbitos
de la misma no pertenecen a la autoridad
civil, sino son iluminados por la acción
del Espíritu, y, por consiguiente,
caen bajo la dinámica de la conciencia
que fortalece el Espíritu. Pero
paralelamente es ciudadano de este mundo,
y como tal debe asumir sus responsabilidades,
de ahí el indispensable discernimiento
puntualmente.
|