|
Is
25, 6-10a:
El texto pertenece al llamado
“apocalipsis” de Isaías,
que ha sido insertado secundariamente en
el libro, y, por su parte, la lectura de
hoy ha sido objeto de añadiduras,
y suele ser desglosado en dos partes: v.
6-8, y 9-12. El mensaje insiste en el triunfo
de los humildes; se celebra la victoria
de éstos por la fidelidad a Dios
sobre el orgullo de gentes con poder. Redaccionalmente
el apocalipsis ha sufrido algunas elaboraciones
entre el 500 y 400, reflejando variadas
intencionalidades.
En esta época postexílica
Dios se vuelca en agraciar a Jerusalén,
ciudad de su presencia, pero esta vez para
alejar los signos de duelo, lágrimas,
muerte, congojas, disolver la idolatría,
y dar rienda suelta a la alegría,
simbolizada por la imagen de un festín
con vinos de solera y manjares enjundiosos.
Dios abre un horizonte mesiánico
para todos los pueblos que se abren a su
esfera, es decir, se fían de Dios.
Este texto nos recuerda que la última
palabra sobre la historia humana la pronuncia
Dios, y no pertenece a la arrogancia y autosuficiencia
humana. La medida de los acontecimientos
se encuentra la sabiduría divina.
Ánimo
vital:
A veces se puede pensar que la historia
es una sucesión mecánica de
sucesos sin sentido, o un camino ciego hacia
un progreso puramente material, donde tantas
situaciones triunfa el descarado y descreído,
se amasan riquezas cometiendo injusticias
y pisoteando la dignidad de la persona que
confía en Dios, y ésta lo
tiene como referencia de su vida, aunque
momentáneamente sepa mucho de dolor
y lágrimas. Tal tesitura no cae en
saco roto, y al final Dios sale en su defensa,
rodeándolo de alegría y vinos
generosos, es decir, de amor a medida divina
y ¡no humana! ¡Gran maravilla
toca ver a quien se refugia en Dios!
|
Sal 22,
1-6:
Es un salmo clásico y muy presente
en la oración cristiana. Pertenece
al género de los cánticos
de confianza, que celebra el abandono
sereno y pleno en las manos de Dios. Dicho
con otras palabras, la existencia entera
se confía a Dios. Este salmo ofrece
estructuralmente un díptico, desglosado
en dos escenas paralelas: las pastoril
(v. 1-4) y la doméstica del banquete
(v. 5-6).
El orante hace suya la imagen del buen
pastor, es decir, Dios que guía
y protege a quien se fía de Él.
La sugestiva imagen de “cañadas
oscuras” puede significar el desvanecerse
la esperanza, y el adentrarse en las oscuridades
de la vida, que a veces se puede convertir
en noche oscura. En estos momentos el
creyente se aferra a la confianza en Dios
pera superar las dificultades. La seguridad
y la firmeza están representadas
en el salmo por el bastón y cayado
del pastor.
Lectura
cristiana: La
oscuridad del valle, el desánimo,
la desgana, la desilusión pueden
adueñarse del ánimo del
creyente, y posiblemente no llegue a vislumbrar
la meta. La imagen del buen pastor evoca
escenas del NT, donde Cristo es descrito
como quien nos rodea de certezas de vida,
y es precisamente en los sacramentos,
donde podemos descubrir esa presencia
cercanía divina a cada uno de nosotros;
en definitiva, nos hace comprender que
su “amor y bondad nos acompañan
siempre todos los días de mi vida”.
Es la maravilla de vernos rodeados de
este Dios que enjuga nuestras lágrimas
de nuestros rostros y nos colma de alegría,
aquí y ahora.
Fil 4,
12-14. 19-20:
Este contenido tiene
una autonomía propia, y constituye
una sección (4,10-20) que se separa
del resto, donde Pablo agradece a la comunidad
su ayuda financiera en momentos de tribulación,
repercutiendo también sobre los
filipenses. La acción de gracias
se convierte en una enseñanza,
y las relaciones humanas se adornan con
un sentido cristiano. La terminología
deriva del lenguaje comercial y del ámbito
de los negocios. Pero aquello que sorprende
es el paso hacia el plano de la predicación.
El apóstol sabe moverse en la esfera
profana, pero sin quedar encerrado en
ella, iluminándola con las palabras
de la fe.
Mt 22,
1-14:
La liturgia ofrece una
nueva parábola, es la tercera parábola
de “ruptura”, que con las
dos precedentes constituye una predicción
del castigo de Israel por haber rechazado
la invitación a las bodas mesiánicas,
es decir, no aceptar a Cristo. Frente
a la apertura universal de la primera
lectura se contempla ahora una cerrazón
frente a la persona de Cristo. Lc la coloca
en un ámbito diferente, quizás
más cercano al original. Posiblemente
la pronunció Jesús durante
una comida con los publicanos y pecadores.
A las críticas adversas de los
fariseos respondió con una parábola.
Mt la elabora para adaptarla al contexto
de conflicto entre la sinagoga y la comunidad
cristiana.
Aquí nos encontramos ante un
rey espléndido, que expresa la
gratuidad del reino con sus invitaciones,
primero a los judíos, después
a los apóstoles, y finalmente a
los paganos (v.1-10). La segunda parte
(v.11-14) supone otra composición,
añadida por Mt con finalidad parenética.
Mateo reitera con frecuencia que la comunidad
mixta, judíos y paganos, está
compuesta de buenos y malos, y que el
juicio será al final de los tiempos.
El evangelista exhorta a los cristianos
que no basta sólo pertenecer a
la iglesia para alcanzar el reino de los
cielos, sino que el cristiano debe comprometerse
para entrar en el reino de Dios. Los buenos
frutos se expresan sobre todo en la obras
y en socorrer al prójimo (Mt 25).
El veredicto final evoca el discurso de
la montaña sobre la puerta estrecha
(7,13s). No se trata de una valoración
numérica, sino de una llamada de
atención al vivir tranquilo de
los cristianos en la comunidad. No basta
el traje de fiesta, sino que es necesario
vivir como hijos de Dios con un corazón
nuevo. San Agustín comentando la
parábola escribía que el
hábito nupcial es la caridad, y
San Gregorio Magno lo definía como
un tener la fe con amor.
La liturgia de
hoy describe la actitud de fondo Dios
hacia la humanidad, es decir, un encuentro
con dimensiones de alegría y gozo.
Esta es la actitud originaria de Dios,
como se aprecia en el texto profético
y en el Sal 22, pero el corazón
del hombre no siempre es abierto, sino
que aparece el rechazo, que amarga a Dios,
y surge la incoherencia entre fe y vida.
El hombre, creyente o no, puede optar
por emprender caminos según la
medida humana, produciendo una sociedad
enrarecida, donde los “vestidos”
o “trajes” reflejan un poderío
ajeno a Dios. El traje que verdadera cae
bien es aquel de la caridad, porque produce
sonrisa y magia en las relaciones humanas.
¡Estrenémoslo todos los días!
|