Vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario

Ez 18, 25-28:

Es un texto que marca un hito en el pensamiento del AT, pues se rompe la doctrina de la solidaridad en situaciones de fortuna o desgracia. A partir de ahora se va a considerar la responsabilidad individual, y Dios exigirá esta actitud. No vale ya refugiarse en el anonimato del pueblo elegido, pues cada un será artífice de su propio destino. Ciertamente estamos todavía en el horizonte de una retribución terrena, pero tímidamente el texto abre nuevas perspectivas.

Literariamente Ezequiel 18 constituye una disputa de Dios con su pueblo en tiempos difíciles, donde brotan actitudes de asperezas y desentendimientos frente a los sufrimientos del pueblo de Israel, descorazonamiento y cinismo por falta de esperanza, porque la justicia de Dios no se ve más sobre quien sufre, especialmente ahora en las circunstancias de la deportación a Babilonia. La impresión que predomina es la vivencia de una catástrofe sin sentido. Estas voces y opiniones chocan con esta palabra de Dios, que llama a romper este círculo pernicioso y a responder ante El a partir de hoy y desterrar cualquier tipo de fatalismo. Nos encontramos ante uno de los textos más significativos del libro, donde Dios desde ahora dilucida responsabilidades a nivel individual, un claro progreso en la concepción de la persona frente a Dios y también consigo misma.

El profeta Ez. se halla en Jerusalén antes del asedio de Nabucodonosor y la deportación del pueblo. Los habitantes de la ciudad piensan aprovecharse de la promesa de Dios a sus padres, pero el profeta pone el dedo en la llaga: lo que cuenta es el presente ante Dios, pero del mismo modo la conversión siempre es aún posible, porque Dios está dispuesto a perdonar continuamente.

 

 

 

 

Sal 24, 4-9:

El profeta Ez desvelaba cómo Dios está siempre dispuesto al perdón para que viva el malvado, según su lenguaje. El Sal 24 constituye una oración en este sentido. G. Bernanos escribió sobre este salmo lo siguiente: “Qué dulzura pensar que, ofendiendo a Dios, no cesamos nunca de desear en el profundo de nuestro santuario del alma aquello que Él desea”. Este salmo es una mezcla de lamento personal con aspectos de confianza y perfiles sapienciales.

- El eje en torno al cual gira el salmo es la metáfora del “camino”, signo de una opción existencial que toda persona o creyente emprende (Sal 1). A éste se asocia otra, el “lazo”, que impide al pie avanzar, y conseguir una meta libre, es decir, “librar de la angustia mi corazón”. Esta libertad se puede gozar al amparo de Dios y del templo. La liturgia con los versículos utilizados insiste en el tema del amor y el perdón, que no es sino la eficacia de su fidelidad, pues no abandona nunca al hombre. El salmista se sabe seguro del perdón divino, por eso ora con plena confianza ante Dios. En la proclamación litúrgica de hoy se insiste en la misericordia de Dios, relacionada siempre con el pecado, motivo frecuente en el salterio.

El pecado, lejanía de Dios y de nosotros mismos: Aquí se confiesa la ruptura frente a Dios, fuente de la vida, reconociendo que en Él logramos nuestra identidad. Esta se logra cuando dejamos que su palabra nos ilumine. Nuestra riqueza la descubrimos al amparo del Altísimo, de ahí que Él revele las normas de vida, que el salmo llama “caminos”, “pasos”, “senderos”, “mostrar la vida”. Cuando el creyente da crédito a Dios es consciente de su fragilidad, y no puede sino confiar en el “recuerdo” de Dios, que lo conserva en la vida y lo estabiliza, suscitando en él maravillas. ¡Vivamos el perdón divino aquí y ahora!

Fil 2, 1-11:

La liturgia proporciona el célebre himno cristológico (2,6-11), precedido por una exhortación a la concordia y estima recíproca. Ambos textos denotan una estrecha relación, pues la perícopa anterior prepara el himno a Cristo. La llave de interpretación se halla en la expresión “en Cristo”, en cuanto que nos ofrece una modalidad de comportamiento en el amor, comunión en el Espíritu, afecto y misericordia, en tener un solo pensamiento y alma, no actuar por vanagloria, sino con humildad de sentimientos, estimar superiores a los demás, no mirar nuestros intereses, sino que cada piense en el de los demás. Sólo así puede surge un mismo sentir. Y estas exhortaciones del apóstol no son palabras huecas, sino que están avaladas por la vivencia divina en Cristo, cual sello de que tales ideales pueden ser posibles aquí y ahora.

Definición cristiana: Los textos bíblicos a veces son prolijos en su exposición, pero esta vez diáfana claridad se apodera inmediatamente de nuestra comprensión de la palabra divina, y, además, no existe la más mínima duda de que su alcance sea posible, ya que Cristo la hizo suya plenamente.

Mt 21, 28-32:

El texto paulino invitaba al compromiso cristiano, tema que retorna en el ev. aunque con distintos matices con la parábola de los dos hijos. Es la primera de un tríptico de parábolas, llamada de “ruptura”, porque marcan la confrontación con el judaísmo. En la primera Jesús desenmascara la incredulidad de sus adversarios, en la parábola de los viñadores preanuncia su desalojo de la viña, y en la tercera, las bodas del rey, habla de la condena de los invitados y la inauguración de una nueva comunidad. La parábola de los dos hijos es exclusiva de Mt, que la reelaborado, relacionándola con la actividad del Bautista, prolongando así el tema de la controversia anterior sobre la autoridad de Jesús. El ambiente originario podía constituir una autodefensa de Jesús, que lo acusaban de ser demasiado tolerante con los pecadores. Estos habían creído y se habían convertido, sin embargo los fariseos rechazan a Jesús y se oponen al plan de Dios en Cristo.

Retorno de la maravilla del perdón: Ante decíamos que la definición nos viene desde Dios, sino fácilmente nos reducimos y apocamos nuestros horizontes de vida. ¡Sino hagamos la prueba! La enseñanza de Jesús no consiste en afanarse con misales, ir a misa, pertenecer algún grupo parroquial, ¡realidades indispensables!, sino que es maravilloso además convertirse, alejarse cada día un poquito del egoísmo, el amor al dinero, la sensualidad, crecer cada día ante Dios en el servicio humilde de los otros, la paciencia, el sacrificio, etc. ¡Leamos despacio la exhortación paulina de este domingo, y respiraremos con más serenidad!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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